Carlos Leao mete su larga, gorda y gigantesca polla brasileira en el culazo tragón de Aaron Blue | Fucker Mate

Cada vez que Carlos Leao sale al escenario y hace uno de sus espectáculos de striptease en el local, enfervorece a una masa de seguidores a la par que crea nuevos fans. Ya no le dejan billetes metidos en los gayumbos, sino sus números de teléfono para quedar. Otro los hubiera tirado al llegar al camerino, pero él va confeccionando una lista de espera interminable gracias a la cual consigue follarse un culo diferente cada día.

No hacen falta palabras para decir cuál es la razón de su éxito entre todos los hombres, desde los que recién han cumplido los dieciocho y van acompañados de la mano de sus amigos hasta papi chulos que no se cortan un pelo metiéndose la mano por debajo de los pantalones y paejándose el rabo mientras le admiran. Algunos se han colado en su camerino sin cita previa y algunos han tenido la suerte de que, aún sin cita, han recibido la inyección del doctor amor.

Su cara de macho atractivo, un cuerpazo para vivir en una vida de vicio permanente y la guinda final, el postre, una verga gigantesca, larga y gorda que abre bocas, piernas y provoca desmayos entre los asistentes. No hay ninguno que no empalme con descontrol cuando llega ese esperado momento de la actuación en el que Carlos bambolea su rabo bajo una tela blanca y suave y se adivina toda su poderosa forma. Entonces retira la tela y campanea de un lado a otro su soberana picha, dejando a todos boquiabiertos y con ganas de acercar sus caras al escenario para recibir unos azotes de realidad.

Para Aaron Blue aquello fue demasiado. Recién cumplida la mayoría de edad, ese fue su regalo de cumpleaños, un regalo bastante impactante, pues había pasado prácticamente de unas simples pajillas viendo porno en el móvil a ver a un hombre de verdad en todo su esplendor. Pero su regalo de cumpleaños aún no había hecho más que comenzar. Si los dieciocho implicaban convertirse en todo un hombrecito, él iba a terminar la velada convertido en uno y a conciencia.

Ya le extrañó que sus colegas le alquilaran una habitación en el hotel cuando podían dejarle quedarse en sus casas, pero como eran tan cabrones, sabía que alguna le tenían preparada. Entró en la suite nupcial y sobre la cama se encontró a Carlos como vino al mundo, solo que con la verga morcillona descansando sobre su impresionante y musculado torso.

Aaron se acercó nervioso. Entre tímido y con unas ganas terribles de tocar el cuerpo de ese macho, Carlos le invitó a acostarse con él en la cama. Algo más cómodo, arropado entre sus fuertes brazos y sus besos, los nervios se le fueron pasando y demostró a ese tio de lo que estaba hecha la nueva generación de chavales. Se arrastró hacia su entrepierna, le cogió el rabo, todavía maleable y morcillón y se lo metió dentro de la boca.

Menuda polla. No podía comparar puesto que era la primera que se comía en su vida, pero no concebía que un tio pudiera tener algo tan enorme entre las piernas. La abarcó a mano abierta por el tronco casi una veintena de centímetros, dado que su boca apenas odía tragar los diez primeros. A medida que chupada, se iba poniendo más firme entre su mano y su boca y se aventuró a mamar más de la cuenta metiéndose medio rabo.

Le encantaba el sabor, la forma y la suavidad de ese enorme cipote sobresaliente que inclinaba la polla a su favor. Una barra gigante de chocolate caliente que nacía de unos huevazos de pascua colgantes con mucho flow y muchas sorpresas. Su culo iba a necesitar trabajo para tragarse toda esa mole de placer, así que, sin perder tiempo, se dio la vuelta para hacer un sesenta y nueve.

Ese macho brasileño se puso frente a él con la verga tiesa. Aaron se arrodilló y vivió a escasos centímetros el bailecito de rabo de lado a lado. Le pesaba tanto, que la polla se movía como a cámara lenta. Lo mejor es que ahora podía hacer algo más que mirar, podía cogerla y chuparla a placer. Era toda suya.

Aaron siempre recordaría aquella habitación, aquella cama, a aquel hombre, su primer hombre. Su desvirgamiento se produjo a cuatro patas, las piernas ligeramente abiertas. Carlos se subió a la cama, le arropó el culazo entre sus muslos y le metió la polla sin condón enfilándosela desde arriba. Desde la punta hasta los huevos, clavándose una y otra y otra vez, estampándole los cojones en toda la base, ese bateador le volvió loco.

Nunca podría olvidar el momento en que le dio la vuelta para follárselo boca arriba. Un tio fuerte y de gran envergadura. Su pollón destacaba sobre su cuerpo, brillante, moviéndose lento y poderoso, gigantesco. Las pelotas le rebotaban entre las piernas y le rozaban la parte trasera del muslo izquierdo de lo grandes y colgantes que eran. Aaron sólo veía polla y más polla y se le nubló la vista cuando Carlos se agarró el pene y lo condujo hacia la entrada de su ojal.

Apenas se conocían de hacía algunos minutos, pero teniendo ese cuerpazo tan potente sobre el suyo, Aaron se tomó la licencia de abrazarlo y agarrarse a su cuello.

Desde que su cuerpo empezó a tomar forma de hombre, Aaron destacaba por su precioso culo del que estaba orgulloso. Si ese pollón se había labrado la fama, le iba a demostrar que su culazo estaba a la altura. Se sentó sobre Carlos y entre los dos se ayudaron para que la enorme pija se fuera clavando centímetro a centímetro entre sus nalgas.

Hacía apenas unas horas, había dejado atrás al chavalín pajillero que de vez en cuando se metía un dedo por el culo con la intención de correrse. Desde ese momento no le harían falta dedos porque no le iban a faltar pollas para sustituirlos, pollas grandes y gordas. Aprovechando el gusto que le estaba dando ese macho penetrándole a conciencia, se cascó la polla y se deslechó enterito soltando leche por todas partes.

Carlos le sacó la enorme polla del culo. Aaron echó la vista hacia abajo y pudo ver cómo ese tio se la pajeaba toda dura. Al ratito vio brotar de su cipote la leche calentita que le mojó el muslo y las ingles. El cabrón se siguió corriendo, rozándola contra su muslo recién bañado en lefa y Aaron sintió el semen resbalando por la raja de su culo. El brasileño se dejó caer sobre su cuerpo, todavía dando espasmos y Aaron lo abrazó mientras ahí abajo esa enorme polla seguía rozándose contra sus partes más íntimas.

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