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Nico atraviesa el culazo de Antonio Miracle a pelo con su gigantesca y gorda pollaza | Tim Tales

Esperó tumbado cómodamente en la cama, esperando a que Nico se bajase los pantalones. El chaval se hacía de rogar quitándose cada prenda con cuidado. Por lo menos no era una rata de gym de los que se depilan y cultivan los músculos para después mirarse al espejo y decir “joder qué bien lo he hecho“, autocomplaciéndose. No, Nico no dedicaba tanto tiempo a su aspecto físico y había decidido seguir siendo un hombre de pelo en pecho.

Cuando se desprotegió la entrepierna de los calzones y Antonio Miracle vio la tremenda verga empinada, todo un mazo increíble, fue gateando casi por instinto por el colchón hasta la barandilla y se la atrapó con la boca empezando a dar cabezazos comiéndose todo ese pedazo de carne. Fue una sorpresa mayúscula, porque esperaba una polla más fina de un tio delgadito. Algunos hombres no dejaban de sorprenderle.

Se la sacó de la boca respirando un poco de aire y miró con vicio la tranca. Joder qué guapa y qué gorda, super dura, del diámetro de un puto brazo. Le pasó una mano por debajo de las pelotas, se las subió y siguió mamando a su antojo, dejando que la piel de los huevotes le rozase los labios. Jamás había visto algo tan gordo y se estaba poniendo muy pero que muy perro.

Por primera vez sintió miedo de dejar en manos de ese chaval su prodigioso culazo. Si lo hacía, tenía que estar dispuesto a que se lo destrozase, pero una polla así no se ve todos los días y alguien le enseñó lo de que más vale pájaro en mano. Y ese en verdad era un pájaro de los mejores. Pocos chicos le hacían gemir en la cama, pero este le rellenó el ojal de tal forma que no pudo resistirse a sacar por la boca el demonio que llevaba dentro del cuerpo.

Miraba hacia atrás y veía a Nico tan desmelenado, con su barbita tan guapo, tan concentrado en follarle el culo, que instintivamente Antonio necesitaba tragársela entera. Eso significaba más dolor y más gusto. No debió hacerlo, porque cuando Nico fue consciente de que se la estaba metiendo hasta las pelotas, le metió la rebanada a pollazos, haciendo que Antonio se acordase hasta de Dios.

Regresó a la cama para tumbarse boca arriba, con el ojete del culo bien abierto e hizo un hueco para Nico. Miraba el rabo tieso a punto de penetrarle el agujero y flipaba. Después de un buen rato todavía no se había acostumbrado al diámetro de ese mamonazo. Le estaba dando cera de lo lindo y tocando puntos de placer que hasta ahora desconocía que existieran.

Si alguien tenía que reventarle el ojal, que fuera Nico esa noche. Se hizo el valiente y se cabalgó esa polla enorme saltando sobre ella. Tanto dolor le estaba haciendo sufrir y acabó como una bestia, el cuerpo rojo del esfuerzo y sudado, agarrado a la barandilla de la cama para poder sobrellevar lo que fuera que ese pollón le estaba ofreciendo a cambio. Menudo corridón se metió Antonio encima pringándose los pelos que le recubrían los abdominales. Nico sacó su gigantesca y placentera polla y se dejó la leche en la huevera y la entrada del culo de su hombretón antes de volver a metérsela mojadita.

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