Martin mete un buen folladón a pelo a Alberth Pineda con sus 23 cm de tranca | Tim Tales
Aunque Alberth Pineda había entrado todo cachondo en el local esperando ser al que se la mamaran, era de bien nacido ser agradecido y le habían enseñado que si encontraba a otro tío con la polla más larga y grande, su deber era poner las rodillas. Lo hizo por eso y porque qué coño, Martin estaba buenísimo con esa barbita, ese bigote y un torso marcando abdominales que se realzaban gracias a la iluminación de la habitación.
Apenas dos centímetros de diferencia entre la suya y la de Martin, se diría que Alberth tenía que estar acostumbrado a cosas grandes. Sí, a tocar una sí, pero a metérsela en la boca no. Aparte que al ser de grosor y forma diferentes a la suya, no tenían nada que ver la una con la otra. La de Martin era jodidamente larga, formando una ligera curva hacia abajo y luego hacia arriba culminando en un cipote descomunal que daba gusto metérselo dentro de la boca y en cualquier parte.
Qué forma tan bestia tenía de meterla y sin condón, sacando y metiendo todo el pene entero, dándose placer en cada centímetro de su rabaco. Quizá Alberth debería habérselo puesto algo más difícil antes de dejarle entrar, pero cómo no abrir de par en par las puertas a un tio que va tan decidido y con todo. La palabra follada se quedaba corta, por momento Alberth sintió que Martin le estaba dando un masaje anal con todas sus letras.
Lejos de acostumbrarse al pene de ese tio, Alberth cada vez la sentía más grande y dura, más gorda. Acabó poniendo el trasero, abriéndose, sacando las rodillas hacia afuera para que ese tio le diera bien por el culo. Menuda puta barra tan larga y qué bien la metía. Alberth no sabía cómo hostias podía caberle todo eso dentro. Se dio la vuelta y siguió bien abierto. Martin salió de su culo y fue gateando de rodillas hasta situarse frente a su cara, pajeándose y reventándole toda la leche encima de los morros, con algún meco suelto que decidió salirse del camino y acabó cerca del sobaco de Alberth.









