Tate Ryder se convierte en jugador de rugby con culazo y enorme pollón | Bentley Race

Me puse a mirar camisetas en las rebajas y me gustaban tantas que me llevé un buen manojo de ellas al probador. De entre todas ellas había cogido sin querer una que muy corta, demasiado corta, vamos la que suelen utilizar los gogó en las pistas de baile, porque te dejan al aire el six pack para poner cachondo al personal. Dónde iba yo con eso por la calle si al que le queda de lujo es a tios como a Tate Ryder.

Y joder cómo la rellena el cabrón. Con ese torso, esos pectorales y esos biceps de ensueño, son capaces de meterte una camiseta de estas por los ojos y vendértela aunque no la vayas a usar en tu puta vida, solo por el hecho de creerte que te pueda quedar igual de ajustada que a él, que puedas estar tan bueno como para follarte a todo ser humano que se te cruce por la calle. Dale unos calzones de AussieBum que le dejen el culo, el rabo y los huevos igual de apretados y marcando estilo, unos calcetos largos hasta las pantorrillas, un balón de rugby y babea como un puto enfermo viendo a este chulazo.

Si vestido ya es sobresaliente, desnudo es para darle la matrícula de honor. Mira que me encanta su gordísima y larga pollaza. Como lo de comparar rabos es algo que se nos da de puta madre, he hecho los deberes y me he encargado de mirar cuánto mide un balón de rugby a lo largo, que es entre 28 y 30cm, lo que quiere decir que esa foto en la que su rabo está justo al lado del balón en pie y llega hasta algo más de la mitad, nos da una gran pista de la medida de su polla en estado semierecto, que viene rondando los 16-18 cm. Y esto sin estar dura del todo.

Pero me vais a perdonar, porque a ver quién se resiste a ver ese culazo blanco, tan redondito y grandote, tomando asiento. No me digáis que no es para agarrárselo a dos manos y zumbarle hasta quedarnos a gusto. Menudo jugueteo se trae con la silla. No contento con plantar en ella sus grandes y perfectas posaderas, el respaldo se convierte en un improvisado fleshjack en el que hacerse una paja y es que la tiene tan gorda que el espacio entre los peinazos ya le vale para satisfacerse el nabo. Y ahí es donde nos gustaría estar, al otro lado del respaldo, tragando ese apetitoso y gigantesco rabo hasta que nos preñe la boca con rica leche.

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