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Ragel se folla sin condón a Octavio, el regente del hotel de Cancún, con su gigantesco pollón después de flirtear con su novio Lucca en el jacuzzi | Latin Leche

Cancun Experience

Querían saber si estaban hechos el uno para el otro antes de contraer matrimonio. Lucca y Ragel habían visto el programa de La Isla de las Tentaciones y querían poner a prueba su amor de la misma forma, en un lugar paradisíaco, en un hotel confortable para ellos y para los invitados que estaban por llegar en las próximas semanas previas a la gran celebración. Allí, con el sol, la playita y la tentación de chicos guapos y buenorros dispuestos a todo, descubrirían la verdad.

Descubrir un jacuzzi privado en la terraza, con las palmeras y la playa de fondo, les puso ya bien cachondos. En el fondo sabían que la prueba iba a ser muy dura y más en ese entorno que invitaba a comportarse como un animal salvaje en plena libertad para follar. Ragel le sacó la verga a su chico. Le gustaba tanto que la tuviera tan larga, poniéndose durita, con el cipote llevando todo el peso de su polla, obligándola a caer hacia abajo colgando entre sus piernas. Se agachó y le comió la pija y los huevos que tenía bien colgando.

Su novio era un tio muy sexual. Cuando se quitaba la camiseta luciendo musculitos, con una gota de sudor resbalando por su cuello, no había quien lo parara. Era demasiado pronto para empezar. Se habían prometido reservarse hasta el matrimonio desde que llegaran a Cancún. Aunque le tenía muchas ganas, Ragel frenó ese momento de lujuria desenfrenada. Era el momento adecuado para buscar a Octavio, el regente del hotel, y preguntarle dónde se encontraban las duchas, para tomar una de agua bien fría que le despejara la mente y le rebajara la polla.

Estando los dos tan calientes, eran presa fácil. Ragel lo notó en la forma en la que ahora percibía al regente. Si ya lo encontró atractivo nada más abrirles las puertas, ahora lo encontraba delicioso, con esa cara de machote, su barbita, grandes labios, un cuerpo que se adivinaba bien musculoso y fornido bajo esa camisa ajustada. Estaba a punto de caer en la tentación.

Preguntó a Octavio si podía bañarse desnudito, si había playa nudista. Luego empezó a tocar los biceps de Octavio por encima de la camisa y le preguntó si también podía propasarse con el regente del hotel. Se miraron, se sonrieron y empezaron a darse el lote en el sofá. Qué buena boca tenía el cabrón y qué buenos besos daba con esos labios y esa lengua. Ragel se sintió embriagado por la masculinidad que desprendía ese hombre.

Lo primero que hizo fue quitarle la camisa para descubrir su torso. Musculado y fuerte como él imaginaba. Octavio se le quedó mirando, esperando ver qué pensaba de lo que estaba viendo. El chaval le parecía monísimo y sería un buen culito para trincarse antes de volver a casa, pero entonces Ragel se bajó los calzones y dejó salir su bicharraco, un jodido e inmenso pollón que Octavio pensó que no era propio de su edad. Mira que Octavio estaba bien dotado, pero ese chaval le superaba. Ahora ya no tenía tan claro quién se la iba a meter a quién.

Menudo roble tenía entre las piernas el hijo de puta. Se sentó, lo enderezó hacia arriba, agarró el cuellecito de Octavio con una mano y le invitó a comérselo. Larga, dura y gordísima, Octavio no recordaba que un tio le hubiera obligado a abrir la boca de aquella forma para tragar rabo. Y mira que tenía una boca grande, pues con la mitad del rabo ya se la llenaba entera y todavía había otra mitad que le iba a costar tragarse.

El niñato la tenía descomunal. Octavio se preguntó de dónde había sacado esa obra de arte. No podía dejar de mamársela, metiéndosela a bocados, amamantando su cipotón como si estuviera sacando leche a un biberón. No le gustaba morder, pero con esa tan gruesa le costaba no hacerlo. Abrió la boca a tope como si se fuera a comer el mundo e intentó colarse su polla por la garganta. Al hacerlo, Ragel empezó a follarle la boquita y le penetró con más trozo de polla.

Hasta ahora ese pequeño desliz se lo habría perdonado su novio, besarse con otro pibe y que le comieran el rabo, pero lo que estaba a punto de hacer, jamás se lo perdonaría. Octavio estaba tan predispuesto, ese cuerpo musculoso a cuatro patas en el sofá, con ese impresionante culazo todo para él. Ragel no se pudo resistir a la tentación. Cogió su polla llena de babas de otro tio con la mano y la condujo hacia el interior de su cuerpo penetrándole el agujero sin condón.

Ya estaba dentro. Ya estaba hecho. Ya se arrepentiría después, porque ahora la tenía tan apretadita y le gustaba tanto que no podía pensar mucho más allá. Octavio se inclinó hacia atrás, alargó un brazo y cogió a ragel por el cuello para besarle y agradecerle que le metiera esa polla tan grande por el culo. Le metió una buena follada, observando cómo sus nalgas se mecían como flanes cada vez que le metía una estocada y las empujaba con las caderas.

El regente del hotel resultó ser un exigente de mucho cuidado. No tardó en acostumbrarse al tamaño del rabo y pedir más, autofollándose a sí mismo, meciendo su trasero hacia adelante y hacia atrás tragándose toda la gigantesca pollaza del chaval. Octavio se sentó sobre sus piernas ensartándose en su descomunal pijote y empezó a hacerle una suculenta paja con ese precioso culazo a la vez que le dejaba colgando toda su dote, sus cojones y su rabo sobre el torso.

Ragel intentó cerrar los ojos, pensar que era sólo sexo, que en realidad sólo sentía amor por su chico, pero en esa postura no podía evitar algún que otro sentimiento por el tio que estaba saltando sobre su verga. Al sacársela, Octavi acudió a mamársela de nuevo y se encontró un pollón todavía más grande y duro, una pedazo polla como la de un caballo. Se quedó casi bizco chupándola, ensimismado con lo grande que era.

De nuevo puso el culo a cuatro para que el chaval le nutriera bien a pollazos. Ragel se sentó para soltar la leche, la primera leche el primer día. Se la pajeó con fuerza y a toda hostia. La boca de Octavio estaba esperando su semen. La lefa empezó a salir como lava de su capullo, brotando blanca y espesa de la raja del cipote, resbalando por la parte de atrás, deslizándose entre sus dedos. Octavio no dejaba de mirarle la polla corrida. Con cara de vicio, le besó el cipote lleno de esperma y volvió a insertárselo por el ojete sentándose encima.

Toda la polla llena de lefa dentro de su culo. La pajeó enterita con su pandero una vez más, una y otra vez. Ragel todavía estaba temblando, soltando leche, descargando las bolas. Cuando Octavio se puso de pie, pudo ver el agujero del culazo lleno de su leche. Se esperó hasta que se le rebajó la erección para volver con su chico al jacuzzi como si no hubiera pasado nada, esperando que la siguiente cita cerca de Puerto Morales rcondujera su amor hacia su chico.

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