Valen Di Giorgio paga al pizzero buenorro Bastian Moreyra en carne mamándole el pollón y dejándose follar a pelo | Latin Leche X Say Uncle
I Can’t Find My Wallet, Can I Pay You With My Ass?
Mira que Bastian Moreyra estaba acostumbrado a todo en su trabajo como repartidor de pizzas. Con la pinta de buenorro que tenía, le habían hecho montones de propuestas indecentes y en bastantes ocasiones le habían recibido en la puerta con la toalla a la cintura recién salidos de la ducha, pero nunca se había encontrado con un tio tan descarado como Valen Di Giorgio.
El cabroncete salió a recibirle en pelota picada, ahí con todo colgando. Bastian se quedó sin palabras, no porque no hubiera visto a otro desnudo, sino porque no se lo esperaba. Para colmo, al abrirle se le había olvidado la billetera y le hizo pasar dentro. Bastian tomó asiento en el sofá y al rato llegó el chaval sobándole el muslo, pidiéndole perdón porque no encontraba dinero para pagarle.
Charlatán era un rato y sobón más todavía. Por mucho que Bastian le decía que sólo podía pagarle en efectivo, él erre que erre insistiendo en hacerle una transferencia y subiendo las manos cada vez más arriba, tanto que con el dorso de la mano ya le estaba tocando al pizzero toda la minga, además metiéndolas por debajo del pantalón. Al final la metió entera hasta el fondo y le sobó toda la polla. «¿No quieres que te pague así?«, le decía. Bastian le contestó que tendría que pagársela igualmente, pero no iba a rechazar una mano amiga, así que permitió que le tocara la polla.
Se le puso dura enseguida, el chaval se la sacó por un lateral de los pantalones cortos de algodón, la pajeó suavemente unas cuantas veces, admirando lo larga y gordita que era y se la llevó a la boca. Menuda pintaca tenía Bastian ahí sentado, tan jodidamente guapo, con su gorrita roja, la camiseta de tirantes negra dibujando su musculada silueta y esa pollaza tan tocha y gruesa. Valen le pegó un morreo con lengua al cipotón y se lo rechupeteó como si fuera un puto helado antes de tragársela hasta los huevos.
Una y otra vez los labios de Valen se posaban en la huevera de Bastian, que estaba encantado con la mamada que le estaba haciendo, agarrando la cabeza del chico a dos manos animándole a seguir haciéndoselo así de bien. Cómo tragaba el cabrón, incrementando el ritmo, forzando la entrada de la pirula por su garganta. El hambre se convirtió en gula, las babas se le escapaban ya por la comisura y sus labios acudían una y otra vez a esa majestuosa pollaza grande y venosa.
Por si no tenía suficiente hambre, Bastian hizo un gestito que le volvió loco, subirle se la camiseta hasta el cuello, dejando a la vista su espectacular torso, marcando abdomen y pectorales, tan atlético y definido. Una fantasía que Valen aprovechó de la mejor forma posible, mamando del pollón de ese pibe hasta saciarse. Sentó a Bastian en el sofá, se puso a su lado, se inclinó y siguió mamándole la polla. Bastian elevaba el culete y le follaba la boquita metiendo bien de rabo.
Vio al chaval con los morros encharcados en su propia saliva, la mirada perdida, completamente enganchado a su polla. Le levantó la carita, le preguntó si le gustaba su rabo y cuando obtuvo la respuesta que esperaba, le comió la boca con un buen morreo y le relamió esos labios tan gruesos y dulces, llenándolos de su saliva para que siguiera dulcificándole la verga.
Así estuvieron un buen rato, cuando a Valen se le acababa el lubricante, subía a probar los besos de Bastian y se recargaba las pilas para seguir chupándosela. Bastian le agarraba por los pelos y se encargaba de subirle y bajarle bien la cabeza para que se tragara toda la polla. Puesto que ese chico estaba decidido a pagarle con todo, Bastian se aprovechó de la situación y pidió follarle el culo.
Valen no se negó ni por asomo, es más, aunque no hubiera tenido que pagarle en carne, habría puesto el pandero a ese chulazo sin pensárselo dos veces, porque el cachorro estaba buenísimo. Valen era delgadito, estaba casi en los huesos, pero tenía un culiro respingón, blanquito y precioso. Bastian le puso a cuatro en el sofá mirando hacia uno de los reposabrazos, se colocó detrás de él y le enchufó a pelo su gruesa polla bronceada.
Entraba perfecta. Haciendo oídos sordos a los gemiditos de dolor de Valen, se lo folló como un pro metiendo tranca hasta el fondo y dando ritmo al porculeo, subiendo con la mano sus caderas cuando se bajaba demasiado y palmeándole ese culete con unas buenas cachetadas para darle caña.
Completamente desnudo, Bastian tomó asiento en el sofá. La polla dura descansando sobre sus abdominales. Valen no pudo resistirse a la tentación. Bastian apartó los brazos hacia los lados, dejándose hacer cuando Valen tomó asiento sobre sus piernas, pasó una mano por detrás para agarrarle la pija y conducirla hacia el agujero de su culo para cabalgarle.
A pequeños saltitos se la fue tragando entera, super ajustadita, pajeando con el culete el tremendo pollón del pizzero. Bastian se lo folló de lado y luego bocarriba, abriéndole bien de piernas. Volvió a darle por culo una vez más. Valen le hizo la última paja. Sentó a Bastian en el sofá y se encargó de masturbarle. Nada le daba más placer que meneársela a un tiarrón así de potente, con esa cara y ese cuerpazo.
Le dio cañita al rabo apretando con todas sus fuerzas, los cojones meneándose arriba y abajo. Le encantó cuando Bastian se puso tierno al sentir que se le salía todo, agarrándole la carita, comiéndole la boca y diciéndole que siguiera pajeándole. Los dos permanecieron atentos mirando hacia la polla, esperando el gran momento. Bastian se retorció de gusto, empezó a gemir más fuerte, se aferró con una mano al sofá, la otra la colocó en el hombro de Valen y empezó a disparar leche a mansalva.
Un primer lechazo salió directo hacia su hombro, el segundo perdió algo de fuerza decorándole el pectoral, el siguiente le dejó un buen lefote en el ombligo y siguió corriéndose empapando el lefa la mano del chaval, el semen colgando y cayendo sobre los pelos de la base de la polla. Valen se animaba con cada lefazo que veía salir volando. Cómo gozaba masturbando a los tios y sacándoles toda la leche.
Paseó ese pollón duro y recién corrido por encima del vientre de Bastian, desplazando la lefa hacia sus caderas y luego se lo metió en la boca para probarlo. Ahora que ya había tenido lo que quería, sacó la pasta y se la entregó al pizzero. Al final sí que tenía efectivo para pagar, siempre lo había tenido, pero cuando llegaba un chulazo así a llamar a la puerta, no podía contenerse.









