El chileno Licho se come una polla gorda con mucha leche en las duchas y se deja follar a pelo | Latin Leche

Al cámara siempre le han gustado los vestuarios, pillar a los chicos in fraganti mientras se están quitando la ropa, descubrir lo que se oculta bajo los calzones, esos badajos bien formados colgando entre las piernas o esos cacahuetes que a simple vista pueden provocar gracia, pero que después a menudo deparan una buena sorpresa. Porque si algo ha aprendido el cazador después de tantas cacerías es a no fiarse de las apariencias.

Cuando un equipo entero se mete en las taquillas se pone fino, pero de poder elegir prefiere de uno en uno, percibir esa sensualidad, ese morbo que tiene ver a un tio desvestirse y quedarse en bolas. Licho todavía tiene camino por delante quitándose algunos kilos, esa barriga cervecera y formando su cuerpo, pero ya se le marca un buen culazo, todo parte de su encanto. Su polla es como un gancho y le marca un poderoso bulto en la huevera. O por debajo de la toalla.

No le sorprende al chileno ser grabado con su cuerpo casi al desnudo. Lo toma como algo natural, una cosa entre hombres. Se da la vuelta y oh sorpresa, está riquísimo. Tatuado, con piercing, pelo en pecho y encima con una cara de machote empotrador. Sobre esa barriguita se adivina una tableta exquisita. Un par de entrenamientos y estará listo para convertirse en todo un dandy.

Un poco de conversación y cae de lleno. Nada como pillarles así con poca ropa, para que no se lo piensen mucho. Licho admite que le gusta que graben la evolución de su cuerpo y está dispuesto a hacerse una paja, a meterse en el baño y a chuparse un rabo.

Las duchas vacías y abiertas, como en un sueño húmedo, perfectas para mirar a otros tios, embarazosas para aquellos a los que les gustan las vergas y los tios guapos, obligados a esconder sus erecciones mirando contra la pared. Llega un tio, no se deja grabar la cara, pero por un poco de plata está dispuesto a hacer cositas. De momento ya se está magreando el paquete por debajo de la toalla, mirando el cuerpazo de Licho, que busca el momento idóneo en que el agua salga caliente, viendo cómo se mete bajo el agua y esta empieza a resbalar por su cuerpo, por las curvas de su trasero, por su picha morenota.

El cazador anima a Licho a tocarse para el chaval. En un santiamén lo tiene con el pito erecto y Licho baja a comerle la polla mientras el chico toma una ducha y disfruta de la mamada. El sonido del agua cayendo y el de las chupaditas hace eco en el baño. Un puto morbazo. La de leche que ha corrido por ese suelo. Licho se la come hasta los huevos y la saca de su boca como si nada, y eso que es bastante gruesa. La pela con su mano, marcando bíceps.

Se levanta, se da la vuelta, le coge el rabo y lo conduce hacia su agujero. La quiere a pelete. Acomodado con la pija desnuda dentro de su trasero, el chaval coge a Licho por las caderas y se lo zumba. Cada vez se pone más cachondo mirando sus tatus, cuando Licho gira la cabecita de pelo rapado, tan guapetón. Se nota en sus gemidos. No va a aguantar mucho en esa situación tan morbosa.

Necesita correrse. Licho se pone de nuevo en cuclillas y aprieta fuerte la lengua contra el cipote de esa polla que el chaval no deja de pajearse duro. Un gemidito de gustazo indescriptible y la leche empieza a aflorar. Licho mira a la cámara mientras los lefotes brotan entre sus labios y el semen le cae por la barbilla.

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