Roald Ekberg se casca un pajote lechero sobre el césped | Bel Ami Online

Sólo lleva las zapas puestas. El resto de su cuerpo está desnudo. Se pone de puntillas, echa los brazos hacia atrás e inclina las caderas hacia adelante, como si fuera un torero enseñando su poderío. Pero Roald Ekberg no lleva estada ni banderillas, sino una hermosa polla bien larga y gorda, con un buen par de cojones que destaca sobremanera en su bronceado y musculoso cuerpo.

Rubio, de ojos azules, muy seguro de sí mismo, se dirige hacia la manta sobre el césped. Parece un picnic, pero si allí se va a comer algo no es otra cosa que su rabo. Planta las dos rodillas en la manta y rodea con su mano la parte alta de la polla, demostrando lo gorda que la tiene, que aún arropándola con el puño, su pulgar a duras penas llega a tocarse con el resto de dedos.

Orgulloso del grosor de su pene, mira a la cámara, como retándola. Se levanta dando la espalda, arquea las piernas a posta, para que el objetivo capte bien los huevos entre ellas, su rabo colgando. Se sienta en una silla de mimbre que hay cerca y se pone la polla firme, en vertical, haciendo desear que cualquiera necesite sentarse encima.

Vuelve a la manta sobre el césped, se pone bocabajo y muestra su sensual culito, separándose los cachetes y enseñando la entrada apretadita. Al darse la vuelta la tiene bien dura y se hace una gayola. Tenía los huevos bien cargados de leche. La lefa sale con potencia dibujando una línea recta y blanca hacia arriba que surca el viento. La sigue con la mirada, perdiendo el control del gusto que le da sacarse la leche. El siguiente chorro viaja más alto, directo a su hombro, a sus biceps. El resto, con menos potencia, caen en sus curtidos abdominales.

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