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El atractivo y guapísimo Rodri se merienda el pollón de Pablo X de cruising y le saca toda la leche | Latin Leche

A Stranger by the Lagoon

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Como cada día Pablo X salió de caza internándose con el coche por los caminos de tierra que llevaban a la zona de cruising. Avanzando, unos metros más adelante, se fijó en un chico con la remera naranja que iba caminando a pie. Ya sólo con verlo de espaldas le hizo tilín. Pasó por su lado y llamó su atención con la intención de subírselo al siento del copiloto y darle una vuelta. Resultó ser un conocido, Rodri, que además estaba requetebueno y Pablo sabía que ese de santo no tenía un pelo.

Durante sus primeras palabras ninguno confesó para l que realmente estaba allí. Uno fingía que se había perdido y andaba buscando el camino hacia las montañas, el otro habá salido a dar un paseo. Cuando Rodri se subió al coche, empezaron a contar verdades. Cada vez que Pablo se internaba ane la zona caliente, se le ponía tocha y esa no fue una excepción. Rodri alargó la mano y le agarró a su amigo la pija por encima de la tela. La tenía durísima.

Le bajó el bañador y descubrió su largo y tremendo pirulón que apuntaba hacia su cadera izquierda. El aroma a polla encerrada llegó hasta sus napias endulzándole la mente, nublándosela. Se inclinó y le comió la polla dentro del carro. Qué buen viaje le metió. Tenía buena boca. No dejaba de fijarse en los pelazos de su bigote, de su barbita, en su oreja. Quería ensuciárselo todo de leche.

Antes de salir del coche hacia el bosque donde estarían en su salsa, Rodri le merendó el pollón hasta el fondo, lo sostuvo dentro de su boca todo el tiempo que pudo e hizo esos sonidos guturales que a Pablo le hicieron echar la cabeza hacia atrás del puto gustazo. Al sacarla de la boca, las babas unían todavía los labios y la punta mojada de la polla con un fin hilillo de saliva. Se fijó en la cara de Rodri, tan atractivo y guapo como siempre, que salió por la puerta. Lo seguiría hasta el fin del mundo si hiciera falta.

Cerca de una pequeña charca, entre el sonido de las copas de los árboles meciéndose y el viento arrastrando el agua por la superficie, Rodri se puso de rodillas en las rocas y se la mamó. La ropa fue desapareciendo de sus cuerpos poco a poco y la dejaron tirada alrededor. Rodri se desabrochó el botón de los vaqueros y se metió una mano por la huevera atrapando su propia polla para pajeársela mientras chupaba rabo.

Era demasiado, cuando alzaba la mirada con esos ojazos a la vez que se jalaba su polla hasta el fondo de la garganta y la sorbía con ganas. Rodri el conquistador. Se quedaron los dos desnudos, sólo con las zapas puestas. Rodri resultó ser un come pirulas de la hostia. Comía, chupaba, se atragantaba, besaba. Que le gustaba al nene un buen rabo.

El sol ya estaba saliendo, brindando un haz de luz a esa carita y a su entrepierna, haciendo destacar el negro y el castaño de los pelazos de la polla y de su barba respectivamente. Pablo le agarró la cabeza y le hizo tragar. Adoró ver juntarse los pelos de la base de su rabo con los de su bigote. Una puta fantasía que casi le sacó la leche de los huevos antes de tiempo.

Le hizo parar. No había tenido casi tiempo de admirarle. Le dijo que se sentara en la roca y se pajeara. Guapísimo, tenía algo que le mantenía la polla firme, era su atractivo, la mirada en sus ojos, su torso peludo y delgado, sobre todo en la zona superior del pecho, sus brazos largos y viriles, de figura atlética, con mucho vello facial. Le ponía.

Pablo le tenía tantas ganas que incluso las rocas le parecieron una agradable manta cuando se tumbó para recibirle. Rodri se sentó encima de sus piernas y se metió la polla a pelo por el interior del culo. Pablo se fijó en sus pelotas velludas rozando su vientre, en su rabo encapuchado, moreno y gordito retozando por su barriga. Rodri empezó a saltar y a clavársela a fondo.

Joder, qué rico estaba. Rodroi se echó un poquito hacia atrás para que Pablo viera bien cómo se metía el rabo en su hueco, apretadito, calentito, a salvo. Pablo estaba hipnotizado mirando su pecho, su cara, sintiendo sus gemidos y su aliento tan de cerca. Rodri dejó de saltar, se la meneó, soltó unos profundos gemidos y se corrió encima de Pablo dejándole encima una buena ristra de lefazos blancos y espesos.

Que un tiarrón como él se le corriera encima era casi un tributo y más si le daba por darle pollazos sobre la corrida, salpicando todo de leche como un niño con botas nuevas tras un día de lluvia saltando sobre un charco. Rodri se puso en cuclillas e instó a Pablo a acercarse, le cogió la polla y se la pejó encima de su cara. Pablo le retiró la mano, se la peló y se puso cachondo cuando Rodri empezó a pedirle que le diera toda la leche en la cara.

Le plantó los mecos en todos los pelos del bigote y mientras todavía se estaba corriendo, Rodri se metió el pollón en la boca. Se quedó un buen ratito chupándosela, besándosela, disfrutándola, con los morros bien sucios. Pablo no paraba de mirar esos pelillos bañados en el pegamento de su polla, de sentir la dulzura de esos labios recorriendo el contorno de su verga, que tenía los sentimientos a flor de piel.

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