Ayun y Edipo regresan al lugar donde se hicieron sus primeras pajas juntos y terminan follandose compartiendo un delicioso flip-fuck sin condones | Latin Leche

More Than I Remember

Dicen algunos, y no sin falta de razón, que no es conveniente regresar al lugar donde uno fue feliz. Pero se olvidan de un pequeño gran detalle, que a veces en ese mismo lugar se pueden fabricar nuevos recuerdos que te hacen más feliz todavía. Y allí estaban Ayun y Edipo cinco años después, encontrándose de nuevo en la habitación donde se conocieron, paseando por el ático donde se subían a fumar a escondidas y a pajearse.

Edipo no había cambiado. Era un salido mental y en cuanto habló del calor que hacía y de que entraban ganas de quitarse toda la ropa, Ayun sabía por dónde iba, pues le conocía como si fuera su hermano. Edipo se quitó la remera. Sus cuerpos habían cambiado, ahora más atléticos y masculinos que nunca. Ayun se acercó a su amigo y le tocó por encima de las bermudas. Se preguntaba si el tamaño de la polla también había pegado un estirón.

Le subió la pernera, metió la mano y la sacó con la cola por fuera. Vaya que sí que había pegado el estirón. Ahora ese rabo era un buen chorizo largo, gordo y encapuchado que daba gusto pajear y sobar. Se la palmeó con los dedos y fue notando y viendo con sus propios ojos cómo se iba poniendo durita y gigante. El cipotón asomó la cabeza y se estiró como un caracol sacando los cuernos al sol.

Le encantó la forma y la textura de ese pollón. Volvió a esconder la picha en las bermudas pero para bajárselas, descubrir lo bien que le colgaba el rabo entre las piernas, agacharse y metérsela dentro de la boca aprovechando que todavía estaba algo blandita. Cinco años atrás tan sólo habñian jugueteado a hacerse pajas, mirarse y de vez en cuando hacérsela el uno al otro, pero nunca habían cruzado esa línea.

Ahora, con mucha más experiencia a sus espaldas, Ayun le reconfortó con una buena mamada, esa que antes ni sabían cómo se hacía. Alucinaba al ver ese inmenso pollón creciendo a cada chupadita, pensando cómo hostias le había crecido tanto la minga a su colega. Iba bien dotado con un trabuco empalador. Se la comió y la disfrutó cogiéndole por los huevos y a pesar de que la tenía gordísima, hizo un poder y s ela insertó hasta el fondo de la garganta, haciendo gemir a Edipo de puto gusto.

Edipo agarró la cabecita de Ayun por la barbilla y le condujo hacia sus labios. Se miraron frente a frente y se besaron, reconociendo que lo suyo siempre había sido algo más que una simple amistad de adolescentes. Desnudó a su amigo, le bajó los vaqueros y le enseñó que en ese tiempo que hacía desde que no se veían, él también había aprendido a comer pollas.

Le devolvió un buen mamadón y s emetió su minga hasta el fondo, hasta aplastar sus pelotas con los labios. Ayun no la tenía tan gruesa como la suya, pero sí igual de larga. Los dos podían estar contentos con la dote que les había regalado la naturaleza. El siguiente paso que querían dar no lo tenían claro ni ellos, pñro surgió de una forma natural. Edipo se sentó sobre el torso de Ayun para seguir dándole de mamar rabo, entonces Edipo pasó una mano hacia atrás, le cogió la polla a Ayun, que la tenía durisima y la condujo hacia el interior de su agujero.

Así, suavecita, apretada, limpiamente y sin condón, el largo rabo de Ayun perforó el ojete de su amigo que empezó a cabalgarle el rabo sentándose en él, clavándoselo y sacándolo enterito. Mientras tanto Ayun no podía gozarlo más, porque aparte de sentir el apretón del amoroso culo de su colega, tenía su generosa y mastodóntica pollaza azotándole los pectorales y rebozándose por todo su torso alegremente. Incluso podía chupársela mientras se lo follaba.

Ese reencuentro tan especial merecía hacer cosas especiales. Ayun se tumbó en la cama bocabajo. Quería regalar su culo a su amigo. Le apetecía sentir esa erección, esa descomunal pollaca en su interior. Tras relamerle la raja del culito blanco, redondo y bonito, Edipo le puso a cuatro patas y poco a poco, con mucho tacto, le fue metiendo la verga por el ano.

Necesitó de una buena cantidad de saliva, pero al final se lo folló y le dejó bien relleno. Tenían que haber probado esas cosas antes, pero nunca era tarde. Darle por culo fue todo un honor, un homenaje a su amistad. Le encantaba su cuerpo, su cara, su culo, necesitaba regalarle todo el amor de su polla y de sus pelotas. Edipo estuvo ahí, con la cara cerca de la polla cuando Ayun se la empezó a menear.

Un lechazo bien fuerte, otro más, pasando fugazmente por el lateral de su cara a una velocidad de vértigo, los últimos brotes menos potentes que se quedaron sobre su boca y su cara. Le chupó el rabo alimentándose con su semen, sacándole hasta la última gota y dejándole la cola limpita. Con los morros bien sucios, Edipo se incorporó y se sentó en la mesilla. Se la cascó delante de su colega y en cuanto le vino el gustillo, se puso de pie, se acercó a Ayun y descargó toda su nutritiva leche sobre su cuerpo, controlando como un pro, soltando unos lefazos super espesos que parecían leche condensada de primera calidad.

Ayun se quedó mirando esa pedazo de polla gigantesca y gorda recién corrida, echó una mano al semen que le había dejado encima y se empezó a frotar con él. Le encantó esa puta guarrada que acababan de hacer, ahora como dos hombretones. Los que decían que no había que regresar al lugar donde uno fue feliz, se olvidaron de comentar este pequeño detalle.

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