Ariel Vanean y Marcel Gassion se comen los rabos y se marcan un flip-flop sin condones | Bel Ami Online

Qué bien le senataba cualquier cosa que se pusiera a Ariel Vanean, incluso si estaba casi en pijama con esos pantalones azul marino de deporte y una camiseta de manga corta ceñida al cuerpo. Marcel Gassion se puso nervioso al ver su cara acercándose a la suya para besarse. Llevaba tanto tiempo desear probar esos morritos, mirar con pasión esa carita tan guapa, atractiva y varonil, que se entregó por completo a la causa cuando le propuso hacer un flip-flop.

Le bajó los pantalones. La tenía enorme, super durfa y bien erecta. Lo primero que hizo fue mirarle a los ojos, sacar la lengua y, sin dejar de apartar la mirada, relamerle desde la base de las pelotas hasta la cima del cipote y más allá, llegando hasta sus marcados abdominales, su cuello y de vuelta s sus dulces morritos. Luego le agarró la polla por la base admirando lo bestia que era, toda venosa y apabullante y se la empezó a chupar notando cómo cada vez se ponía más dura, más hinchada, con el cipote rojizo y reluciente expulsando gotitas de amor que le endulzaron hasta el alma.

Ese pollón se estaba volviendo tan grande que ya apenas le cabía por la boca, pero Ariel buscó un poco más de él, colocó la cabeza de Marcel entre sus piernas y le folló la boquita. El ojete de Marcel para entonces ya estaba abierto de deseo y a Ariel no le costó nada meterle la lengua hasta el fondo y regalarle unos buenos roces de su espesa y descuidada barba en los cachetes. Ariel le devolvió la mamada con creces y a punto estuvo Marcel de correrse en su carita guapa cuando al cabrón se le ocurrió mirarle a los ojos, pero aguantó y obtuvo su recompensa.

Ariel la tenía a punto de caramelo. Aún así tuvo agallas para jugar con Marcel y ponerle cachondo haciéndole creer que iba a ser el primero en meterla. Se puso a cuatro patas, hasta notó la erección de su rabo en la raja, Marcel dándole cachetes en ella con el nardo preparado. Le dijo que le comiera un rato el culito y el rabo entre las piernas y cuando Marcel tuvo de nuevo ese pedazo pollón y los huevos ante su cara no se puso resistir, se dio la vuelta y dejó que Ariel lo penetrara sin condón y a placer.

Joder qué ganas le tenía, le encantaba que le hiciera el amor así por detrás. Le porculeó un rato la polla pajeándola con sus nalgas, sentado sobre sus piernas mientras extendía la espalda y se dejaba caer sobre sus torso caliente y fornido y le pasaba una mano por detrás del cuello y se retorcía de gusto sobre él, sintiéndolo bien adentro.

Satisfecho, cascándose un pajote cargado de leche que Marcel se encargó de hacer desaparecer dentro de su boca, se puso a cuatro patas y cumplió su parte del trato, dejando que Marcel le metiera todo ese enorme rabo que tenía por dote. Otra vez se le empezó a poner durísima y terminó corriéndose a grito pelado sobre los abdominales mientras Marcel le sacaba la polla del culo y le dejaba toda la raja cubierta de crema. Marcel se inclinó para besarle y en el acto sintió cómo su abdómen le aplastaba los huevos y la polla que todavía estaba expulsando leche. Le dio mucho gustito.

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