Alfonso Osnaya calienta a Enrique Mudu y Alberto Chimal y se deja follar a pelo por los dos | Latin Leche

Sex for Dessert

MALE ACCESS 5 TOP GAY PORN SITES 1 ALL-ACCES PASS

Pasado un tiempo, Enrique Mudu y Alberto Chimal dejaron de ser simples vecinos que se piden la sal o el azúcar para pasar a ser colegas con derecho a roce. Puesto que su relación de amistad se basaba en el sexo y aunque juntos se lo pasaban genial follando en cualquier parte del piso, enseguida necesitaron de nuevas experiencias que alimentaran sus pasiones y encontraron en Alfonso Osnaya a un gran chef.

Joder, si es que no lo podían evitar ni con gente delante. Era mirarse, pensar en culo y rabo y ya tenían las lanzas a punto hinchándose en el frontal de los vaqueros. Mientras Alberto les cocinaba la comida, ellos calentaron otras cosas. Que el pollón morenote y grueso de Enrique estuviera en la mano de Alberto era cuestión de tiempo. Y que el chef se girara y se diera cuenta, también.

Como buen cocinero, Alfonso se acercó a comprobar la calidad de los alimentos que estaban en la mesa. Bajó un poco más los pantalones de Enrique hasta sacarle la minga y dejarle colgando los huevos. Se la cogió, se la masturbó con delicadeza y con un cabeceo rápido dio su aprobado. Alberto también se acercó a ellos un pasito más con la chorra por fuera a ver si le gustaba al cocinero.

Por supuesto que le encantó ver ese rabo ya casi del todo durito y más que eso, le gustó la carita d emalote de su propietario. La textura era cojonuda, ahora faltaba probar los productos. Se agachó y la primera que se llevó a la boca fue la de Alberto. Todo el cipote dentro, descapullado. Ladeó la cabeza y chupó la verga de Enrique, tan diferente, con capucha, parecida a una chistorra.

Las dos estaban buenísimas. Ellos empezaron a besarse, a desnudarse. Se quedaron con los calzones por los muslos y sus pollas siguieron creciendo en longitud y grosor. Si eso que le estaban sirviendo era el postre, algo que le decía que ese era el único plato que estaba deseando probar. La cata había sido todo un éxito. Para acabar les juntó los rabos, se los rozó a posta para ponerles cachondos y con la lengua les dio un buen repaso antes de pasar a la cocina del dormitorio, donde pondrían la guinda al pastel.

El primero en darlo todo fue Alberto, que se recostó en la cama con un brazo apoyado en el colchón, enderezando su pija bien dura, meneándola para hacerle saber a Alfonso lo mucho que le gustaría metérsela. Menos mal que Alfonso era cocinero y estaba allí para pararle los pies, porque sabía que las cosas no se hacían así, que la tarta no se hacía de repente por mucho que a Alberto así le hubiera gustado que sucediera.

Hizo ponerse a Enrique al lado de Alberto, los dos en la camita dándose arrumacos mientras él se metía entre las piernas y se buscaba la vida comiendo pollas. No fue el único en catar rabo. Enrique se animó a comerle el pollón a su colega y luego Alberto le devolvió el favor no sin sufrir, porque su amigo la tenía tan gorda y larga que apenas le cabía en la boca.

La sartén empezaba a ponerse al rojo vivo. Alfonso estaba super cachondo. Quería rozarse y mucho con esos dos tios, que pasaran cosas. Se tiró encima de Enrique. Juntos se frotaron los cuerpos y los rabos mientras Alberto andaba por ahí atrás abriéndole el culete. Sí, él iba  aser el primero en hacerlo. Se levantó y se la clavó a pelo por el culo, toda entera, hasta estamparle los pelazos de la base de la polla en los cachetes.

Miró a Enrique que estaba justo frente a él. Hasta ahora siempre lo habían hecho juntos y ahora se le hacía extraño tenerle tan lejos. Lo que no cabía duda era que los dos formaban un tándem perfecto para dar rabo a otro tio, llenándole todos los agujeros. Alfonso se giró colocándose al borde de la cama. Miró hacia arriba y vio a esos dos excitados dándole todo su amor, el rabo duro de Alberto penetrándole el ano con suavidad, sus cojones chocándose contra la raja del culo. No quería enamorarse, pero era difícil no hacerlo.

Se montaron los tres en la camita y Enrique aprovechó su turno haciéndole la cucharita. No la tenía tan jodidamente dura como su amigo, pero tenía una forma de follar y de meterla que enamoraba. Además no paraban de provocarle colmándole de besos en la boca, en el cuerpo, lo que le hacía entrar en un estado de borrachera de sexo que no era ni medio normal.

Él y Alberto se quedaron pajeándose en la cama mientras Enrique se ponía en modo destroyer follándose el culo de Alfonso. Luego salió de su ano y los tres se quedaron mirándose, machacándose los rabos a toda hostia a ver quién disparaba primero. «Chicos, que voy«, dijo en un gemido susurrado Alfonso, al que se le hinchó bien la polla y empezó a brotar lefa de ella como un manantial, blanca y espesa.

El puño y los bajos bien repletos de leche. Albetto era el siguiente. Al pronunciarse, Alfonso acercó la boca a su rabo, que explotó con un júbilo de alegría soltando un lefazo bien cargado que sobrevoló su cara. Los morritos bien sucios. Enrique se acercó a esa carita dando pasitos con las rodillas sobre el colchón, soltando lefa como si fuera una vaca lechera con la ubre bien exprimida. Alfonso abrió la boca, sacó la lengua, se lo comió y se lo relamió todo, descubriendo que a esos dos lo que se les daba bien era decorar la tarta.Al levantarse, todos vieron hasta dónde había llegado la corrida de Alberto. Una mancha en la almohada era testigo del gran lanzamiento.

VER LA ESCENA EN LATINLECHE.COM

VER LA ESCENA EN LATINLECHE.COM

Mostrar más
Botón volver arriba