Alberto Chimal se deja follar a pelo por su vecino Enrique Mudu y le invita a tomar una buena cantidad de leche | Latin Leche

Peace in the Neighborhood

MALE ACCESS 5 TOP GAY PORN SITES 1 ALL-ACCES PASS

Sólo había llamado a la puerta de su vecino para decirle que a altas horas de la madrugada y en general a todas horas no paraba de escucharse el sonido de los muelles de la cama y el mobiliario al otro lado de la pared, pero Alberto Chimal se llevó por respuesta por parte de su vecino Enrique Mudu más explicaciones de las que quizá deseaba escuchar.

Su vecino le contó con pelos y señales del por qué de aquellos ruidos y aprendió de su vida sexual más de lo que coonocía de él como persona después de todos esos meses viviendo en el mismo edificio. La cantidad de chicos que se llevaba al catre, la forma en la que se movía follando en el sofá culeando desde abajo, lo que le gustaban las pollas bien grandes que hacían del sexo algo más duro y salvaje.

Lo cierto es que a Enrique le interesó el relato, incluso se estaba poniendo cachondo sin dejar de mirar la carita atractiva de su vecin cuando se lo contaba. Eso le hizo abrirse y contarle también lo que a él le gustaba hacer, algo más tradicional, de cama y ducha. Hablaron del tamaño de los rabos, de si les gustaban grandes y Enrique le pidió permiso para ver cómo la tenía.

Cruzaron os brazos y cada uno sobó el paquete del otro. El que lo tuvo más fácil para intuir las medidas del otro fue Enrique, que nada más rozar el pene de Alberto con los nudillos de los dedos por encima de las bermudas que llevaba puestas, adivinó que estaba bien dotado. Luego le dibujó la forma del rabo por encima de la tela. La verdad es que estaría bien, si él quería, que le enseñara el por qué de aquellos ruidos, que no se quedara sólo en un relato con palabras.

Se tocaron estando de pie. Alberto calzó su mano en el paquete de Enrique, notando cómo la pirula le colgaba por la pernera de los vaqueros. Al sacársela, le fliparon su forma y tamaño. Larga, morenita, gruesa y encapuchada. Una polla bien gorda. Alberto se sacó la suya, morcillona, igual de gordita y larga, pero completamente descapullada.

Ese juego de machos les volvía loquitos. Sentir la mano de otro tio tocandote la pija, masturbándotela. Enrique se agarró el rabo, retrajo la piel del cipote enseñando capullo y lo frotó contra el de Alberto. No había nada más placentero que frotar las pollas, sentir su calor y su dureza. El puto morbo asomando por la puerta. Se desnudaron y se quedaron en bolas sobre la cama. Alberto se inclinó el primero y empezó a mamarle la polla a Enrique.

El favor le vino de vuelta antes de lo que esperaba. Enrique se encontró con un caramelito que no esperaba y es que el cipote gordo y enorme de Alberto era una auténtica delicia. Más que chuparle la polla, se entretuvo más de la cuenta con el capullo, porque le recordaba a comerse un helado de cucurucho. Era tan grande que le impedía meterse más trozo de polla por la boca.

Intercalaron mamadas, besos y pajas. Enrique se fijó en el rabo de Alberto, ahora totalmente duro y le encantó. Era un pedazo de pollón y esos pelazos negros de la base, tan dispares, le ponían perraco. Ya vería si daba su brazo a torcer, pero de momento el que se iba a follar a su vecino para que entendiera esos ruidos nocturnos iba a ser él.

De momento Alberto entendió el motivo de los gritos a altas horas de la madrugada cuando Enrique le metió todo el pepino por el culo. Joder, era enorme y le estaba partiendo la raja en dos. Le costó sentarse sobre su miembro no sin algo de dolor, pero nada impedía que hubiera ese resquicio de gusto que le inundaba el ano y le incitaba a frotar ese pene dentro de su orificio saltando sobre él.

Se mordió el puño aguantando el dolor. Joder, qué puto grande la tenía. Enrique le pidió que hiciera lo mismo pero dándose la vuelta, mirándole de frente. La cara de Enrique viendo cómo Alberto hacía la sentadilla, se merendaba su polla con el culo una vez más y el largo pene de Alberto le rozaba el vientre, era de un gusto extremo.

Se lo folló a pelo con la tranca bien tiesa. Alberto cada vez se encontraba más cómodo y saltaba más fuerte. La cama empezó a hacer sus sonidos característicos. Así que mientras él se quejaba de no poder dormir, eso era lo que sucedía al otro lado de la pared, solo que ahora era él el invitado. Enrique parecía confiado, todo un follador nato.

Le hizo la cucharita sobre la cama, pero no controló del todo y paró en seco la follada. Intentó concentrarse, pero no pudo. La llamada de la leche acudía a su polla sin poder frenarla. Sacó la polla dura y gorda y empezó a soltar lefa sobre el pene y las pelotas de Alberto. Le volvió a meter la polla por el culo y se lo folló mientras aún la tuvo dura para que Alberto pudiera acabar también lo suyo.

Se hizo una paja observado por el vecino que se lo acababa de follar. Parecía que iba a acabar así hasta que a Alberto se le ocurrió preguntarle si quería leche. Sí, normalmente el vecino llama a tu puerta para pedirte sal, pero lo que Alberto tenía en ese momento era los huevos llenos. Enrique puso la jeta y se la llevó toda. Un chorrazo salió salpicando a toda hostia hacia arriba y le mojó toda la cara, el siguiente más potente todavía le dejó la gomina en todo el pelo. Joder, qué cantidad de leche. Le había dejado empapado en su semen en un momento y encima sabía bien rica, así que le rechupeteó el cipote corrido y luego le pidió perdón por los inconvenientes por los ruidos. La próxima vez en lugar de cabrearse, podía llamar a su puerta y unirse a la fiesta.

VER LA ESCENA EN LATINLECHE.COM

VER LA ESCENA EN LATINLECHE.COM

Mostrar más
Botón volver arriba