Maxwell Miller seduce con su gran culazo y su descomunal tranca machacándosela con un fleshjack | Bentley Race

Nada más conocerle, pienso que es un tio serio pero agradable de ver. Maxwell Miller tiene algo que me encandila. Entonces despliega una sonrisa, se le ilumina la cara y sus ojazos azul claro cobran un brillo especial. Te juro que me en ese mismo instante me hubiera tirado a sus brazos y me lo hubiera comido a besos, porque sin enseñarme todavía todo lo que me tiene que enseñar, me acaba de volver loquito.

Se supone que cuando unos nos presentamos a otros, ya sea por la calle o en cualquier otro lugar, intentamos dar una primera impresión mostrando lo mejor de nosotros mismos. Lo que hace Max es ponerse de rodillas en mi sofá de cuerpo, darme la espalda y bajarse los pantalones grises del chándal enseñándome su descomunal y pretencioso trasero, blanco, blanquísimo como se podía esperar de un tio británico, con una raja tan preciosa que apetece agarrarle de las dos nalgas y abrírsela de par en par.

Se da la vuelta y comieza a desaparecer la ropa. Primero la chaqueta deportiva. Debajo lleva una camiseta azul muy ajustada que remarca con gusto sus fuertes biceps. Se la termina quitando, enseñándome un torso muy varonil, de pelo en pecho, que sin necesidad de pasar por el gym, tiene una apariencia natural que engancha.

Se quita los calzones y se da la vuelta, esta vez sobre la cama. Se apoya en el cabecero y separa las piernas. Las ganas que me entran de meter la cabeza entre ellas y comerle todo no son ni medio normales. Trata de esconder su rabo bajo la parte baja de la camiseta, pero veo la forma, la figura que se forma debajo de ella. Me la enseña y me quedo relamiéndome los labios viendo su pirulón largo, gordo, venoso, con un cipote que pide guerra.

Comenzó pareciéndome un tio serio, después simpático y ahora, casi completamente desnudo delante de mí, agarrando la camiseta y pasándosela por detrás del cuello como el que sale de tomar una ducha de los vestuarios, mirándome con esos ojazos que han pasado de azul claro a azul intenso, me derrito pensando que estoy ante un conquistador, ante un follador nato.

Vuelve a ponerse la camiseta y se tumba en la cama masajeando su enorme polla. Me permite ver cómo se hace una paja. Tiene buena mano y mejor miembro. Corro a por un fleshjack de la cómoda y se lo presto. Tengo una necesidad imperiosa de ver cómo penetra un agujero estrecho con toda esa dote. Me seduce el soniquete de su rabo penetrando a presión el orificio, incesante. Sé que al menos esta vez no podré tenerlo en mi boca o mejor aún, dentro de mí, ni siquiera podré tocarlo, pero el morbo me da de comer de la forma en la que ahora mismo lo necesito. Prometo que volveré a intentar jugar con Max de nuevo y que esta vez será mi mano quien apriete y desleche su precioso y alucinante miembro viril.

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