El jovencito Rick Dalton se pasea desnudo por el tejado enseñando su descomunal rabaco | Bentley Race

Hace poco que cumplió los dieciocho y, al igual que sus amigas estaban deseando llegar a esa edad para poder ponerse más tetas, lo que Rick Dalton quiere como regalo se esconde en la cámara de fotos de Ben y su estudio. Quiere una sesión, quiere mostrar su cuerpo desnudo, impresionar al mundo con su descomunal polla, que los hombres se relaman al verle y se pregunten cómo es posible que de entre las piernas de un cuerpo tan delgadito y pequeño cuelgue semejante pollaza más grande que la de varios de ellos juntos.

Desea con todas sus ganas convertirse en la fantasía prohibida de esos que se las dan de machitos en el instituto, pero que cuando están a solas o se la pelan en el dormitorio, no dejan de pensar en chupar rabos, en follarse culos de hombres, de meterse unos buenos dedacos por el culo explorando sus puertas traseras gozando del puto gusto.

Se presenta vestido de skater, todo guapete, con el pelo morenito revuelto y de punta, una camiseta de I love Berlin, sus rodilleras, unos pantalones vaqueros cortos y su patinete abrazado a su cuello con los brazos. Se le marca un buen bulto en los calzones, pero antes de enseñar su bastón de mando, prefiere dar la espalda a la cámara y enseñar su culito respingón. Al hacero, sabe que montones de tios que le doblan la edad, con unos buenos pollones, desearán reventárselo. Quiere ser el buen hijo de todo padre y darles lo que desean.

Ahora sí, se sienta a la sombra del tejado, se baja los calzones justo por la parte alta de los muslos y muestra su poderosa tranca. Es jodidamente larga y enorme, gordísima. Le miras la polla, miras su cuerpo delgadito, casi en los huevos, su carita de ángel y enseguida ves que algo no cuadra y que eso es precisamente lo que le hace irresistible y tan agradable a la vista.

Este jovencito se ha desarrollado antes que los demás de su clase y les debe volver a todos locos cuando se desnuda en los vestuarios. Sonríe al ver que a Ben se le pone durísima fotografiándole. Esa carita dulce y a la vez picarona que conserva todavía las marcas de su adolescencia. Sabe cómo jugar con su polla. Se la machaca para mantenerla dura, pone el pulgar en la base por la parte de arriba y la inclina hacia adelante, haciendo que parezca todavía más larga y más grande todavía si cabe. Es un granuja que se merece que le hagan otro regalo de cumpleaños, otro que a la vez abarque el día del padre, que un tio se siente a su lado y le masturbe ese descomunal pijote hasta sacarle la primera leche.

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