Vince Karter pone a comer rabo a Lovita Fate y se la folla dentro del taxi con su enorme tranca | Fake Hub

Bad driver hits and fucks passenger

Rubito, bien peinado, apuesto, varonil y con una pintaza de empotrador, Vince Karter había recibido muchas propuestas indecentes desde que empezó a hacerse un hombre, pero la última sobrepasó todos los límites. Tras darle algo que lo dejó medio grogui, la conductora del taxi Lovita Fate desvió el coche hasta un descampado, se coló por la puerta trasera de los pasajeros gateando como una lobita y le preguntó, mientras ponía la mano en su entrepierna, si podía comerle toda la polla.

Alucinando, Vince apartó las manos para dejarla hacer y le contestó que por supuesto que sí, aunque viendo cómo le desabrochaba la bragueta de los vaqueros sin darle su previo consentimiento, pensó que no hacía falta. Menuda loba. Él, que era de los que empalmaba enseguida que una tia guapa se moría por sus huesos, se bajó los pantalones. Tenía la polla tan grande, dura y gorda que la parte del cipote había quedado oculta bajo su camiseta blanca.

Siempre las dejaba a todas impresionadas con el tamaño de su verga y nunca se hartaba de que le regalaran los oídos diciéndole lo grande que la tenía. Orgulloso, se quedó mirando cómo la tia le cogía el trabuco, tan enorme que la manita que lo pajeaba se hacía pequeña en comparación. Así empezaban, admirando su monumento, acariciándosela, para después terminar de rodillas como unas perras chupándole el rabo.

Lovita no había probado una así en mucho tiempo. Ya sólo el cipote le llenaba la puta boca y la cabrona no paraba de decir que apenas le cabía de lo grande que era. No sabía que lo único que conseguía con eso es que a Vince se le pusiera mucho más dura al hacerlo sentir más macho. Se sacó los pantalones del todo para poder abrirse de piernas y dejar que esa belleza se metiera en medio, observando cómo se tragaba su gigantesca polla.

La taxista se dio la vuelta y se sentó clavándose su trompa a pelo. Tenía el coño bien apretado, así que Vince estaba seguro de que pocas porras gruesas como la suya habían rellenado tan bien ese agujero. Lovita se dio la vuelta y siguió saltando sobre el pollón, apoyando la espalda en el asiento delantero del conductor. Iba a ser difícil follársela por detrás en un espacio tan estrecho, con la cabeza golpeando el techo del carro, pero no perdía nada por intentarlo.

A punto estuvo de perforarla el culo. De haber querido, habría tenido la spuertas abiertas por estar tan jodidamente buenorro y tener un pito tan grande, pero se conformaba con la suavidad con la que ese coño agarraba su miembro. Lovita volvió a meterse entre sus piernas. Se la agarró firme con la mano y empezó a pajear como una perra. Vince se estaba poniendo fino, viendo cómo esa manita apenas alcanzaba para atraparle su gorda polla. Sustituyó la mano por la suya y apuntó directamente a su boquita para meterle toda la lefa dentro.

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