Scott Nails se folla a pelo con su gigantesca polla a la mujer de su amigo Abella Danger en el campo y le baña los morros en lefa | Brazzers

The Trip: Part 1

Sin internet, sin noche de pijamas entre chicas, sin poder llevar tacones ni ropa sexy, sin un montón de hombres a los que seducir con sus encantos, a Abella Danger le estaban empezando a entrar los siete males en el asiento del copiloto del coche, con el sol dándole de lleno en la cabeza y viendo que la carretera cada vez estaba más rodeada de espacios abiertos e inhóspitos. Menuda putada ese viaje de chicos que habían planeado su marido y el amigo de su amigo Scott Nails.

Su marido confiaba en él plenamente, pero no debería haberlo hecho tanto, porque ella cuando se ponía en plan zorra, era una de las mejores. Mira que tenía a un maromo que cualquier chica hubiera soñado tener enla cama, un negrazo con una polla impresionante que le llenaba el coño plenamente cada día. Scott era simpático, un poco mayor para ella, pero el tio estaba buenísimo y se notaba que estaba cachas, que se cuidaba y le gustaba hacer deporte. Así de bien se conservaba acercándose a los cuarenta tacos.

De siempre a Abella le había gustado zorrear con los profes. A alguno se la había llegado a comer debajo de la mesa con tal de conseguir un aprobado. Cuando su marido se quedó en la casita rural desempolvando trastos, Scott y ella se fueron a buscar leña. Se sentía como en la época del instituto, esos campamentos de verano donde si no se la follaban treinta tios, no se la follaba ninguno. Era tan zorra y lo seguía siendo.

Notó las miraditas de Scott en sus senos y en cuanto estuvieron los suficientemente lejos, se levantó la camiseta ceñida, bajo la cual no llevaba sujetador y le enseñó las jóvenes tetazas al amigo de su marido, que se quedó con la boca abierta. Acto seguido, ella le agarró del paquete, segura de lo que iba a encontrar. Y lo encontró. Una polla enorme, larga y dura. La erección como consecuencia de su atrevimiento o quizá de todo ese tiempo que el pervertido había estado mirando cómo se le marcaban los pezones por debajo de la camiseta.

Menudo palo tenía el cabrón entre las piernas. Mira que ella estaba acostumbrada a ver buenos rabacos, pero ese pollón gigante la dejó flipando y orgullosa de tener tan buen tino con los tios. La tranca salió disparada y rebotando arriba y abajo delante de su jeta. Se la cogió por la base y se la empezó a comer toda dura metiéndosela por la boca, sabiendo que por mucho que tragara, nunca iba a llegar a tragársela entera.

Entre esa naturaleza salvaje y las rocas empinadas, había poco espacio para tumbarse cómodamente y que se la follara, pero como una buena chica con recursos, se apoyó en una roca gigante, alzó una pierna y dejó que ese tiarrón tan bien dotado le enchufara la polla por el coño sin condón y se la follara como un animalillo buscando hembra en el bosque.

Después del largo viaje, se ve que el tio tenía las bolas bien cargadas. No duró mucho. Abella se agachó para recibir su esperma. Una rociada de semen abundante y espeso la dibujó el labio y se deslizó hacia el interior de su boca mientras Scott seguía esparciendo su leche por toda su jeta. No volvieron a hablar de esa escapada furtiva, aunque de vez en cuanto intercambiaban miradas que lo decían todo, ella pensando en su enorme polla y él en la carita bañada en su semen.

En serio que no lo hizo a posta. Pretendía ducharse cuando encontró a Scott en el baño. Y de nuevo consiguió dejarla con la boca abierta. Ese tio no tenía nada que envidiar al cuerpazo de cualquier chaval de estos musculaditos que se pasan varias horas en el gym. Además era la primera vez que le veía la polla flácida y se puso cachonda al ver que la tenía casi tan larga como cuando se le ponía dura, una auténtica obra de arte meneándose entre sus piernas mientras el agua resbalaba por su cuerpazo.

Intentó que no la viera y se hizo unos deditos mirando cómo se duchaba. Su cuerpo, la porte que tenía el muy cabrón, su rabo colgando, su culazo… estaba caliente y muy cachonda y así se pasó toda la velada durante la cena. No podía pegar ojo en el dormitorio. Se quitó toda la ropita y salió desnuda en su busca, con la intención de meterse en su cama. No le hizo falta bajar las escaleras, porque él ya estaba subiendo con la misma intención.

Fue un tórrido encuentro que saldaron fuera de la habitación, en el piso de arriba, intentando no gemir demasiado alto para no despertar a su marido. Abella descubrió que Scott no era sólo un buen follador, sino que la experiencia era un grado y el tio tenía un arte especial comiendo coños. Lo que la hizo disfrutar con la experta lengua recorriendo los labios de sus sexo la llevó a la locura.

Ella sabía que él ya la tenía que tener durísima y esta vez, consciente de lo que le esperaba, dejó la cabeza muy cerca de su entrepierna y le fue bajando los boxer lentamente. Ahí estaba rebotando, enorme, una voluminosa y larguísima polla hecha para seducir a las hembras y para dar envidia a varones. Chupó como una perra y esta vez intentó tragársela entera. Casi lo consiguió y fue un placer tener algo tan grande dentro de ella.

Se sentó sobre sus piernas, hundió esa pedazo manguera dentro del cálido agujero de su dilatado coño y empezó a mover el culo pajeándosela de arriba a abajo, lentamente, creándole lechita en los huevos, llevándole al límite, haciéndole desear dejarla bien preñada. Abella era una chica arriesgada a la que le encantaba explorar el aguante de los tios con los que se acostaba.

Le dio la espalda y se achuchó en el sofá, agachando cabeza y espalda y elevando su precioso culo. Ningún hombre podía resistirse a querer meterla dentro. Scott le metió la vara. La tia tenía un coño de pan y moja, suave como la seda y con unos labios bien grandes. No le costaba meter su gruesa polla dentro, aunque teniendo clara la naturaleza de su amigo negrazo, que le ganaba en grosor, no le extrañaba que ese chochito estuviera tan dilatado. Anda que no tenía que gozar con la chavala a todas horas.

Tuvo que ponerle una mano en la boca varias veces que para que no gritara tan alto. Entendía perfectamente que gimiera con ganas con esa gigantesca verga metiéndose dentro de ella, le pasaba con todas las chicas, pero ni de coña quería que su amigo se enterara, sopena de no poder follar más con ella teniendo tantos días por delante en esos páramos desiertos.

Abella decidió sacarse la polla del coño y volvió a ponerse de rodillas. Se veía que su semen le había encantado y la guarra volvía a por más. Pajeó y pajeó y la polla de la leche salió. Un bigotito de lefa bien grumoso por allí, pasta lechosa para los dientes por allá. Abella miró hacia arriba y le hizo pucheros con los morros llenos de leche. Esa zorrita le iba a dejar los huevos secos.

A la mañana siguiente… un chulazo atractivo y empotrador llamado Charles Dera, viajaba con su moto por la carretera abandonada entre las montañas.

CONTINUARÁ…

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