Damon Dice empotra a Alexis Fawx a pelo contra la mampara de la ducha y le mete unos buenos lechazos en toda la cara | Brazzers

The Shower Voyeur

Sus amigos le llamaban el huele bragas. Damon Dice era como un perrillo en celo las veinticuatro horas al día y lo que más cachondo le ponía eran los baños y oler braguitas y sujetadores. Se le ponía durísima esnifando ropas íntimas. Sus colegas le habían pillado a menudo en los baños de sus casas meneándosela con las bragas de sus hermanas que había sacado del cesto de ropa sucia. Lo dicho, era como un animal buscando un agujero donde meterla.

Damon encontró su trabajo ideal en una inmobiliaria. Disfrutaba enseñando casas grandes a chicas guapas con buenos melones y las convencía para que probasen los amplios baños con sus majestuosas duchas. Cuando las tenía en el bote, colocaba el móvil granado mirando hacia la mampara y aprovechaba esos vídeos para seguir cascándosela y para hacer un favor a sus amigos. De hecho estaba tan enfrascado en grabar y pajearse que se le había olvidado cómo follar a pesar de lo buenorro que estaba.

Alexis Fawx se encargó de recordarle cómo se metía en un coño. La tia no tenía un pelo de tonta y, aunque sabía que estaba siendo grabada y se contoneó lascivamente enseñando tetas y culo, se hizo la interesante y la ofendida haciendo ver que le había pillado. Cuando tuvo a Damon a solas en el baño, se quitó la toalla y le enseñó todo lo que tenía para ofrecerle. Cuando Alexis bajó a sacarle la polla por la bragueta, el campeón ya la tenía bien dura.

Ahora era ella la que iba a grabar un video para que Damon fuera la envidia de su grupo, para que vieran cómo se la mamaban. Menudo pollón tenía, con un cipote de martillo que las hacía babear. Damon tenía tan olvidado el roce suave de una boca chupando su polla que sin querer se corrió en ella. También se le había olvidado cómo pedir perdón a una tia por haberte corrido antes de tiempo, sobre todo viéndola con su leche rezumando por la boca. Pensó que la mejor disculpa era mantener la polla erecta y que ella siguiera chupando. No le costó viendo las tetas que se gastaba la chorva.

Se metieron en la ducha, se sentaron en el suelo y los dos muy acarameladitos empezaron a pajearse sus partes íntimas, ella gimiendo como una zorrita desatada, agarrada con una mano a su pirula mientras Damon le hacía unos dedetes que la volvían loca. La cogió, la sentó sobre sus piernas y le hincó el miembro a pelo sin dejar de dedearle el chochete.

La empotró contra la mampara y se inclinó todo lo que pudo, susurrándole guarradas en el oído, viendo cómo se bamboleaban sus pechos con cada pollazo que él le metía. El trabajo en el gym le había convertido en un tio forzudo que podía poner en práctica cosas como coger a una tia en volandas y trallársela. Era tan fácil como abrazarla por las caderas, sentarla en su ardiente polla, elevarla y hacerla caer para meterle un buen meneo.

Salieron de la ducha pero siguieron dentro del baño. A Damon nunca le habían comido el ojete, pero esa tia le descubrió unos cuantos placeres de la vida. Le hizo sentarse en su cara y ella se encargó de darle placer al agujerito de la puerta de atrás, a sus pelotas y a la polla que la tía no paraba de pajear. La dio duro contra el lavabo, primero empotrándola por detrás y después de frente. Le estaban sudando hasta los pelos del sobaco y el baño ya tenía ese aroma que tanto le recordaba a las braguitas húmedas.

Sus últimas culeadas fueron de auténtico vicio. Profundas, cargaditas de amor, dejándose hasta el último aliento. No pudo más. La invitó a agacharse y la tia se sorprendió de que se la pajeara tan lejos de su cara. Pronto comprendió el motivo, cuando se vio obligada a cerrar los ojos y la leche salió disparada hacia su cara dejándosela bien sucia. Le hizo salir del baño para tomar una última ducha. Ya tendría tiempo de decirle que no se la compraba. Ella también tenía sus trucos para seducir a un hombre y comerse las mejores pijas de la ciudad.

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