Scott Nails se folla a su secretaria en la oficina sin condón delante de su compi de trabajo | Brazzers

First Impressions Are Important

Cada lugar de trabajo es un mundo diferente y eso Abigail lo sabía muy bien. En su primer día en la oficina, estuvo pendiente de todo a su alrededor para ver de qué palo iba cada uno y así fue como descubrió quién era su jefe y que en aquel sitio, como en otros tantos, a los tios les encantaba hablar de sexo junto a la máquina del café o la expendedora del agua.

Abi era de las que pensaba que las primeras impresiones contaban mucho y ella tenía claro qué imagen quería dar, la de una chica fácil a la que cualquier tio pudiera tener acceso libre para penetrarle el coñito. Se presentó con sus mejores tacones, minifalda que a poco que se sentara ya se le veían las braguitas y un top de tela muy fina que le resaltaba los duritos pezones.

Muy importantes las expresiones de su cuerpo. En cuanto estuvo enfrente de su jefazo Scott Nails, un tio madurito e interesante con barbita algo cana, alto y con unas manos varoniles que le mojaron el coño por completo al imaginarlas sobre sus pechos, se contoneó delante de él expresándose mientras hablaba, pasándose las manos por las enormes tetazas.

Él y el tio con el que estaba hablando no dejaban de mirarle las peras, pero ella les dio un motivo más para salivar como perros, ofreciéndose a ordenar los archivadores, agachándose para abrir el cajón más bajo y dándoles unas vistas de su precioso culo y las bragas negras, tan finas que eran incapaces de taparle el coño y el ojete del culo por completo. A Abi no le hacía falta mirar hacia atrás para saber qué se estaban diciendo entre ellos ni ver las expresiones de su cara. Tenía claro lo que le gustaba a los hombres y se lo estaba dando.

Aquello sólo era el principio, una forma de descubrir si su jefe era de los mojigatos o de los salidos. Y descubrió que era un salido, cuando estaba agachada y el muy descarado puso la cara a un palmo de su culo para verle bien la rajita y el agujero. Por eso, en cuanto los dos estuvieron en el despacho, le enseñó las peras, se las tocó con lascivia y le hizo una señal con la mano simulando un pajote para que le enseñara el pito.

Scott miró a su compi, que estaba justo detrás y al ver que estaba ocupado con un informe, se sacó el rabo por la bragueta y empezó a masturbarse, echando la silla hacia atrás para que la chavala pudiera ver el enorme tamaño de su verga y lo dura que se la estaba poniendo. Ella se acercó, se puso de rodillas y le metió una relamida de las pelotas hasta el frenillo, a lo largo de sus veinte centímetros de polla, que le volvieron loco.

La cabrona empezó a merendarle el trabuco a trangullones y a Scott ya le importaba tres leches que su compi se hubiera enterado de lo que ocurría a sus espaldas. Es más, se giró, le vio la minga tiesa, que no era la primera vez ya que parece que le pasaba con todas sus secretarias, y a esa tia mamándosela como una leona y se mofó de él porque veía cómo lo estaba disfrutando a punto de correrse, haciendo esfuerzos sobre la silla para no llenarle la boca de leche.

Imposible concentrarse, su colega les dejó solos en el despacho y Abi siguió mamando pija, posando una mano sobre la larga manguera de su jete y metiéndosela en la boca como si ese día tuviera un hambre voraz. La dote de Scott estaba fuera de toda duda. Era con diferencia el tio que más larga la tenía en su trabajo y todos lo sabían porque los baños y los despachos del curro se habían convertido por momentos durante esos meses en el lugar donde habían compartido pajas y coñitos entre ellos.

El momento que esperaba. La tia le dio la espalda inclinándose frente a la mesa. Le levantó la minifalda lentamente, admirando su grandioso culazo y le dio unos buens pollazos en las nalgas comprobando su dureza. Hábilmente le desplazó la parte de la braguita que velaba su raja, escupió en ella, se levantó y le metió todo el pollón a pelito por el coño.

Le dio unos buenos manguerazos a traición que su coleguita de curro se perdió, porque llegó justo en un intermedio para comprobar si ya habían terminado, cuando él estaba agachado relamiendo y lubricando el coñito con la lengua. Volvió a largarse porque allí había follada para rato. Scott se la siguió zumbando de pie y después se sentó en la silla para que ella le montase el rabo.

Abi se sentó sobre sus piernas de espaldas, a sabiendas de lo mucho que había demostrado que le gustaba su culo. le iba a dar el gusto de verlo bamboleándose frente a su jeta, aprisionando su gigantesco pichote. Cuando se la folló sobre la mesa, Abi descubrió todos los encantos de ese daddy. Atractivo, con un cuerpazo escultural y musculado. Si se fijaba sólo en su cuerpo, bien podía sentir que un yogurín de gym se la estaba follando, pero lo que realmente le ponía cachonda, además del pollón, era la cara de ese machote.

Ella estaba super cachonda y sin duda había contagiado a ese hombre ya de por sí salido que a buen recaudo pensaba en tetas y culos la mayor parte del día. Donde antes tenía el culo, puso la cabeza y la dejó caer sobre la mesa. Scott le metió la polla por la boca y empujó con el culete para penetrarle la garganta. El muy cabrón se agarró las bolas en un intento de metérselas también dentro, pero la tenía tan larga que lo único que recibió en los cojones fue el roce de sus labios.

Le montó de nuevo en la silla, esta vez de frente, dejando que disfrutase de sus enormes tetas danzantes. Sabía lo mucho que le gustaba a los tios ver unas peras rebotando. Scott se la llevó en brazos a la mesa y se la zumbó bocarriba. Le vino el gustillo, sacó el rabo e intentó contener la leche en las pelotas sin tocarse la polla, esperando que ella se pudiera de rodillas. En cuanto tuvo su cara a tiro y abrió la boca, se la pajeó y le metió unos buenos lefazos en la jeta, la boca y las tetas.

Se apretó la chorra para soltar esa última gota y Abi se la relamió para después chuparle la verga llena de semen. Esa fue la escenita con la que se encontró su colega al volver, a la tia de rodillas regada con su lefa y Scott completamente desnudo con la pija morcillona y mojada colgando entre las piernas como un buen cimbrel que no tenía desperdicio.

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