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El musculoso y atractivo dependiente Duncan Saint se folla a una clienta en la caja del supermercado | Reality Kings

Tits In Aisle Two

Katana se ponía super cachonda yendo a compar al supermercado, sobre todo cuando se acercaba a la sección de frutas y verduras frescas. No podía resistirse a coger un buen pepinaco gordo y grande resbalando sus manos sobre él, acariciándolo entre sus tetas, pensando en el último pollón que se comió. O esos cocos que cogía de par en par y que los magreaba como si fueran sus propias tetas.

Así pasaba, que al llegar a la caja estaba más cachonda que un arao y si encima el dependiente estaba buenorro, terminaba quitándose la ropita, quedándose semidesnuda en lencería, que para el caso es como si no llevara nada, porque se le transparentaba todo, los pezones y unas braguitas con una tira tan estrecha entre las piernas que a poco que se agachase se le veía todo el coño y marcándose un  bailecito sensual.

La mujer que estaba delante de ella en la caja estaba horrorizada, pero el dependiente Duncan Saint se puso bien contento, inclinándose y poniéndose de puntillas para ver a esa tia cachonda. Tras marcarse sola el bailecito, cogió al dependiente de la pechera, le quitó le delantal y le rebozó las nalgas por toda la cebolleta. Katana, como buena experta en penes, supo cuándo estaba al punto para quitarle los pantalones.

Lo hizo al estilo striptease, despojándole de ellos como por arte de magia de un tirón. La mujer que estaba en la caja alucinando, se quedó todavía más alucinada al ver el miembro enorme de Duncan, un pito largo y gordo, encapuchado, mirando hacia el frente todo tieso, con sus generosas pelotas colgando, a veinte centímetros del coño de la chavala, lo que le medía.

El dependiente agarró cada tetaza de la chica con una mano y se puso las botas mamando. Katana le devolvió otra mamada ahí abajo en el pito, chupando y masturbando a la vez con su mano el rabo con un movimiento de destornillador. Ahí estaba Duncan, con las zapas puestas, apoyando las manos en la caja, apretando el culete para entregarle a esa chavala toda su polla dura y ella comiendo rabo, intentando tragar algo que sería imposible porque era demasiado larga y gruesa.

Ella estaba encantada, despellejando el rabaco, desplazando su piel de arriba a abajo, admirando cómo las bolas de ese cabrón se mecían entre sus piernas. Terminó metiéndoselas dentro de la boca, sintiendo el peso de los cojones encima de su lengua, cargaditos de esperma. Le dio la espalda y levantó una pierna sobre la caja. Ya era hora de recibir ese pepino.

Duncan le separó las braguitas para tener libre la raja del coño. Mientras lo hacía, al tener le rabo tan largo frotó con él sus labios y ella casi se corre del gusto al notar el cipote caliente. El dependiente se agachó y le comió el coñito lo justo para humedecerle la entrada del chochete. Se puso de nuevo en pie, dirigió su polla al agujero y se la enfundó a pelo.

Tú dame por detrás, que yo voy escaneando la compra“, le dijo. Y ni corta ni perezosa, se puso a pasar los alimentos por la pistola, mientras el chaval se la follaba como un campeón, con el pollón bien encajado y sus huevos rozándole el interior de los muslos. Katana se dio la vuelta y por primera vez se fijó en el cuerpazo del dependiente. El tio estaba buenorro, con su torso musculado, sus fuertes biceps, agarrándole las piernas, marcando six-pack en el abdómen cuando se esforzaba por meterla hasta adentro.

No tenían a mano una manta para echar en el suelo, pero sí un cartón grande de fruta. Lo desplegaron y ella se sentó encima de él metiéndose su polla dentro. De espaldas fue ella quien llevó la batuta saltando sobre su verga, pero al darse la vuelta, fue Duncan el que sobló las rodillas y se la ventiló machacándola a pollazos desde abajo.

A ver que revise. Te llevas, fruta, verduras… y te falta algo fundamental para una alimentación equilibrada“. Y Duncan, como buen dependiente de supermercado, la puso de rodillas, se pajeó sobre su cara y le metió un trallazo de lefa encima. Duncan volvió bien contento a la caja para terminar de cobrarle. Katana, relamiéndose la leche de ese machote, le observó de arriba a abajo. Menudo chorvo se había trajinado en un rato. Atractivo, fuerte, con una buena minga colgando entre las piernas, recién corrida.

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