Straight Porn Side: El espectacular Duncan Saint rebaja las tensiones de una novia desvirgándola con su enorme polla | Brazzers

Wet On Her Wedding Day

Los cojones de ese macho estaban pegados a su frente, su larga minga penetrando dentro de su boca y cada vez que ella alzaba la cabeza para chupársela, se atragantaba y se esnifaba todas las pelotas. Comparada con la de su novio, casi futuro marido, comprendió que aún no estaba preparada para casarse, que todavía necesitaba dedicar un poco más de amor al sexo antes que al amor.

Todo comenzó el día en que a su amiga se le ocurrió pagarle una sesión de masajes para aliviar las tensiones previas a la boda. Entre la lista de invitados, la elección del menú y tantos preparativos, no le vendría mal algo de relax. Cuando vio entrar por la puerta a Duncan Saint ya se le mojaron las bragas, pero todavía estaba contenida, puesto que iba a ser una mujer casada y pensar en cosas guarras no estaba nada bien.

El chaval estaba buenorro. Era apuesto y guapete, con su pelito corto y rapadito. Vestía de sport con la camisa por fuera y a ella le subía algo por el cuerpo cuando él preparaba la camilla y los elementos del masaje, porque de vez en cuando estiraba los brazos y se le veían los abdominales y el ombligo. Si ya sólo mostrándole eso la tenía cachonda, no quería imaginar si enseñaba más.

Nunca antes se había quedado desnuda sobre la mesa de un masajista como aquella vez. Si su novio llegara a verla, le entraría un ataque de celos. En el fondo, Katana deseaba que ese chulazo sucumbiera al encanto de sus preciosas tetas, tan relucientes y sabrosas como estaban ahora con el aceite encima.

Qué manos prodigiosas tenía el gañán. Al final no fueron las tetas sino su culo lo que hizo que viera un atisbo de conquista en ese hombre. Lo comprobó cuando notó que se detenía demasiado tiempo masajeándola los cachetes, sus dedos internándose más de la cuenta en la raja. Ella levantó la pierna y él tan sólo tuvo que desplazar la fina tela de las braguitas un centímetro para descubrir su coño.

No tuvo decencia al tocar los labios con la yema y meterla un dedo dentro, a ella, que pronto iba a ser una mujer casada. Qué engañada le había tenido su amiga, ahora ya no sabía si pensar si cuando hablaba de relajación se refería a un masajista profesional o a un profesional follando. Cualquiera que fuese su propósito, a posta o no, se lo agradecería con creces más tarde.

El chaval la dejó desnudita sobre la camilla y embadurnada en aceite. Sabía cómo manejar a una chica con sus manos. De momento le estaba haciendo una paja espectacular a base de meterle los deditos, aprovechando que resbalaban como la seda.

Seguía tumbada boca abajo cuando escuchó los pasos que se dirigían a ella y el ruido de una cremallera. El muy cerdo se plantó con la cintura enfrente de su cara y dejó que fuera ella quien desabrochara el último botón. Encantada, se lo desabrochó y tiró de las solapas. Tenía el pollón firme y perfecto apuntando hacia la izquierda, apretado en los pantalones. Tiró un poco más hacia abajo y el flipante, larguísimo y gordo rabo salió disparado hacia su jeta.

Menuda minga, deliciosa. Tenía el capuchón puesto. Se sintió una chica afortunada por tener una polla así de grande entre las manos. La relajación estaba empezando a surtir efecto porque se encontraba feliz y contenta como nunca, metiendo esa enorme verga dentro de su boca. Estaba tremenda y a cada mamada se le ponía más robusta y grande al cabronazo, lo que hizo que tuviera que ponerle más empeño mamando y usando una manita para pajearle el grueso cilindro.

Todavía tenía que descubrir muchas cosas de ese hombre perfecto. A medida que le pajeaba, las pelotas se le salían por encima de la bragueta. Colgaban como diosas, de un buen tamaño, cargaditas de semen, se balanceaban al ritmo de la paja de sus manos. Duncan fue desabrochándose la camisa hasta la mitad. Entonces ella se volvió loquita al ver esas líneas inguinales de vicio, su ombligo, sus perfectos abdominales.

Continuó con los últimos botones y se la quitó entera. Katana se sacó el rabo de la boca y le miró en conjunto. Qué cuerpazo para abandonarse al placer, musculoso, fuerte, marcando biceps, unos pectorales perfectos. Y el pollón enorme, tieso, esperando de nuevo su boquita. Katana volvió a la pubertad, cuando con sus amigas se preguntaban qué tipo de chico sería aquel con el que les gustaría perder la virginidad. Ella misma se dio la respuesta, metiéndose el pollón de nuevo dentro de la boca y dejándose todas las babas encima chupándole la mazorca.

Se dio la vuelta sobre la cama y se quedó con la cabeza al borde y la boca abierta, esperando a que Duncan terminase de quitarse los pantalones. Le vio acercarse, su polla meciéndose erecta, sus cojones bamboleándose entre sus piernas. Le plantó los cojones en la frente, la polla sobre la cara y le folló la boca lentamente.

Ese día se dio cuenta de que amaba más que nunca las pollas de los hombres. No pudo evitar darse placer comiéndole los dos huevos mientras el pollón resbalaba calentito por su barbilla. Le succionó un cojón, después el otro. Eran grandes, enormes, con el peso perfecto. Intentó meterse los dos en la boca, cuando ya tenía uno dentro, empujando el otro con la manita. Él se inclinaba y entonces el cipote le rozaba el cuello.

Le estaba follando la boca. Se estaba poniendo guapa con todas las babas resbálándole por la cara, de la boca a los ojos, mientras ese maromo le inflaba los mofletes a pollazos y ella se abría de piernas, dejando que el chaval le metiese un manojo de dedos por el potorro. Ahora los cojones le golpeaban firmemente la mejilla. Estaba en la puta gloria.

Sí, antes que su novio, otro hombre entró antes dentro de ella y nunca lo olvidaría. Estaba boca abajo sobre la camilla. El masajista se subió encima, encerrando sus muslos entre las rodillas. La insertó la pollaza enorme dentro del coño. Después se puso sobre ella en posición de flexiones, con las manos apoyadas a cada lado de su cuerpo y la desvirgó a pelo culeándola desde arriba.

No tenía ni pizca de arrepentimiento. Follada por un varón tan guapo y cachas, las piernas que se le abrían de forma natural penetrada por esa maza, los grandes cojones colgantes golpeándole entre las piernas. Se colocó boca arriba para tener mejores vistas. Ese chaval era flipante. Cualquier mujer habría caído en la tentación de su cuerpo. La cogía con firmeza por el muslo mientras le metía el pene y a la vez le chupaba el pie como un auténtico cerdaco.

Era hora de demostrar que ella podía ser igual de perra. Duncan estaba sudando. Le sentó en la camilla. Al impulsarse para hacerlo, la enorme y tiesa polla le rebotó, por mucho que él se mirase su propia verga intentando mantener la inercia de algo que por su tamaño se le escapaba de las manos. Se tumbó a cuerpo de rey dejando que Katana le agarrase la mancuerna, lamiéndosela de abajo a arriba y metiéndosela dentro de la boca para mamársela.

El tamaño de ese pollón nada tenía que ver con el que le penetraba la boca al principio. Había crecido el doble, tanto en longitud como en diámetro, después de frotarse contra las paredes de su vagina. Ella seguía enchochada con sus pelotas. No le había pegado nada más que una caladita al pito cuando se las cogió con la palma de una mano, las subió y se las metió entre los labios.

Se subió otra vez a la camilla con la intención de tomar asiento sobre ese santo varón. Mientras los dos se ponían en la postura más cómoda, el rabo frotaba los labios de su caliente coñito. Katana pasó la manita entre sus piernas, le impulsó el pene hacia arriba hasta que notó el cipote en la entrada de su agujero y Duncan, doblando las rodillas y apoyando los pies en la cama, se la metió bien adentro.

El tio cachas le agarraba por las caderas mientras se la zumbaba de lo lindo. Se ponía cachonda mirando su cuerpazo sudado, sintiendo sus manos arrastrándose por todo su cuerpo, mirando su cara de machote guapo, sus ojos, que en esa postura se le iban directamente a las domingas que rebotaban encima de él.

No dejó que el pene saliera de su enviciado coño. Le dio la espalda y siguió saltando encima de su miembro viril. Duncal la cogió de los pechitos, rodeándole los pezones duros con la yema del dedos. Dejó que la follara por delante y por detrás, disfrutando de ese apetitoso cuerpazo, descubriendo cada músculo que hacía que se pusiera cachonda.

Estaba tumbada y follada casi de medio lado cuando Duncan sacó la polla de su agujero y se subió encima de la camilla, andando con las rodillas a cada lado de su cuerpo hasta ponerse con los muslos a la altura de sus tetas. Se la empezó a pajear con rapidez. De repente hizo un inciso, gimió y le metió un trallazo de lefa en toda la jeta. Ese primer chorrazo le mojó el pelo, el ojo y la boca.

El cabrón se la siguió meneando y le encharcó la boca con su lefa. Se apretó la minga fuertemente con la mano y un chorrete de babas blancas salió de la raja de su cipote cayendo sobre su cuello. Ella, sonriendo con toda esa minga enorme y recién corrida encima de su cara, elevó la cabeza y le mamó la verga mojada de semen. Menudo tiarrón guapo se había gozado la cabrona. Con la cara mojadita con su lefa, todavía tuvo tiempo de echarle una última ojeada. Cuerpazo, musculitos, con una buena minga colgando entre las piernas, satisfecha. Salió de esa sesión más relajada pero también más perra que nunca, dispuesta a jalarle la verga a su novio esa misma noche antes de darle el sí quiero.

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