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Straight Porn Side: Juan el Caballo Loco saca a pasear su larga picha y se folla a madre e hija por Navidad | Reality Kings

Muchas madres no confían en el criterio de sus hijas a la hora de elegir chico como pareja. Cuando Kali le presentó a su madre a su novio Juan (obvió que tenía un mote para que no le hiciese preguntas incómodas), Cory no pudo entender cómo su hija, una belleza despampanante, rubia, tetona, podía perder el tiempo con un crio que apenas aparentaba haber cumplido ni la mayoría de edad, delgaducho y poca cosa a simple vista. Siempre se la imaginó a lomos de un buen semental y podía dormir feliz soñando que llenaban su tierno coñito de rabo y nata como ella se merecía.

Seguro que ese chavalín estaba deseando hincarle el rabo a su niña, todos eran iguales. Poco podía imaginar que la más perraca era precisamente Kali, que la muy cerda andaba todo el día en busca del rabo de Juan, la última vez justo en casa por la tarde, a espaldas de su padre que estaba entretenido viendo el Sálvame, mientras preparaban el arbol con adornos de Navidad.

Extrañada porque los chicos no iban a la cocina a por los aperitivos antes de la cena, se acercó a espiar a la habitación y pilló a su niña haciendo unos movimientos amplios con la cabeza de arriba a abajo entre las piernas de su novio. Los dos se percataron de su presencia y Kali se dio la vuelta para mirarla. Tenía los morros mojados de tanto chupar, con el pintalabios haciendo se su boca una acuarela diluída y entre sus manos agarraba la polla más grande que Cory había visto en su puta vida.

Mamá, no te lo dije antes, pero a mi novio le llaman Juan el Caballo Loco“. Iba a decir más cosas, pero su madre se puso un dedo en los labios para callarla. No hacía falta que dijese más, estaba claro el por qué lo de “caballo” y sintió que se le mojaba el coño de deseo intentando dilucidar el por qué de la otra parte del mote, lo de “loco“.

Se acercó a su hija, la miró fijamente a los ojos y le dijo: “¿Te acuerdas cuando eras pequeñita que mamá soplaba las patatas recién hechas y les pegaba un mordisco para que tú no te quemases la lengua?“. Kali asintió sin saber por dónde iba su madre, entonces Cory cogió la enorme polla de Juan y se la empezó a mamar como una puta sedienta de rabo.

Mientras deslizaba los labios por esa enorme e interminable trompa de carne, pensaba en cuán diferentes eran unos hombres de otros, todos una caja de sorpresas. Jamás se había comido una de esas y todos los dolores de cabeza que experimentaba cuando su marido le proponía chuparle el cacahuete que tenía por pene, se le pasaron en un plis plas con ese gigantesco mango llenándole la boca enterita.

Se puso tan perra comiendo rabo que casi les pillan, pero a la vez tenía tanta rabia porque su marido no le diese lo que necesitaba que se tomó la venganza por su mano, se llevó a su hija y al novio junto al árbol de espaldas a su consorte y junto con la hija se agachó para comerle entre las dos la verga y los huevos al chavalín.

Ella se dedicó a succionarle los huevos y le susurró a su hija: “Pensé que no sabías elegir a un hombre, pero me arrepiento, ya veo que eres una experta”. Kali asintió mientras seguía metiéndose la pija por la boca sin descanso. Ese pollón estaba más rico que cualquier otro dulce.

Otra vez el cabrón del Matamoros“, gritó el padre en el sofá. Apagó la tele y tiró el mando sobre la mesa. Los tres se sobresaltaron, Cory le dijo a su marido que no mirase, que estaba poniendo su regalo de Navidad y los tres tuvieron vía libre para follar como conejos. Sentaron a Juan en el sofá y Cory ejerció de mamporrera para su hija, conduciendo ese pollón de caballo loco y ensartándolo a pelo dentro de su joven chochámen.

Que envidia que ella no pudiera tener un coñito así de deseable como lo tuvo en sus tiempos mozos. Casi ninguna madre tenía una relación tan estrecha y abierta con su hija como para ver en directo cómo su novio le penetraba el coño y la hacía mujer. Después de follársela durante un buen rato, las dos pusieron las cabezas una a cada lado de la polla y se la pajearon hasta que salió toda la leche por el cipote. El padre las pilló con la leche en la boca sonriendo como unas pícaras zorras y ante sus amenazas la mujer le respondió: “Aprende, que esto es un hombre“. Su hija, toda orgullosa porque defendiese a su chico, se relamió los labios cubiertos de semen. Que el padre más tarde se comió un trozo de chocolate que había en uno de los cojines con un poco de esperma, es un hecho.

 

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