Devon Lebron y Franklin Acevedo meten un gang bang navideño a Henrik Sommer con sus gigantescas y gordas pollazas | Tim Tales

Hay una noche del año en la que todo niño y hombre debe hacer balance de cómo se ha comportado a lo largo de todo el año anterior y esa noche es la noche de nochebuena, en la que se decidirá si has sido bueno y te traen todos los regalos que has pedido a Santa en la carta o si por el contrario has sido más malo que un dolor de muelas y te vas a encontrar carbón a los pies del árbol.

Que lleve gafas de pasta y tenga el pelo aplastado contra la cabeza como un empollón, no quiere decir que lo sea. Henrik Sommer es más bien un estudioso de la anatomía humana y en lugar de agarrar los libros de la escuela, el cabrón no ha parado de darle a la zambomba en su habitación noche sí y noche también. Ha sido un niño malo que merece un buen castigo, pero como Papá Noel ya sabemos que es de buen corazón, ha querido que sufra pero que a la vez vea cumplidas sus fantasías y para eso nada mejor que regalarle una noche de follaje con dos auténticos sementales de rabos tan descomunales como los de un caballo.

Eso sí, después de ver cómo se lo pasa Henrik con los super mega hiper dotados Devon Lebron y Franklin Acevedo, hasta el propio Santa tendrá que meditar acerda de lo que significa traspasar la línea entre el sufrimiento y el gusto, porque ver cómo Henrik sonríe cuando le han dejado un agujero de varios centímetros en carne abierta en el ojete con una pedazo roseta, es para reconsiderarlo seriamente.

El pollón de Devon le abre el apetito. Se lo agarra por la base y saca la lengua a tope para intentar tragarse un cipote que ya le rellena toda la boca entera. Podría masturbárselo a dos manos, mamar y todavía habría hueco para otra mano masculina y grande. Franklin le acerda su miembro mientras chupa el otro y entonces convierte aquello en un festín de los más cerdos. Henrik no da a basto con dos pollas tan gordas. Las junta cabeza con cabeza y relame esos 48 centímetros de rabo discontínuo bicolor.

Los aliados de Santa no han ido para hacerle el amor y lo sabe, han ido para joderle el culo y rompérselo a pollazos. Ninguno de los dos se anda con tiento. Se ponen el culo entre sus muslos y tiran millas metiéndole las trancas de principio a fin, desde la punta de la polla hasta aplastarle los huevos contra la raja.

Puede que tenga que pasar un año hasta que el diámetro del agujero del culete de Henrik recupere la normalidad, suficiente para pensar en las consecuencias de portarse mal, pero después de que se le corran en toda la cara cubriéndole la boca de semen, hasta e sposible que decida seguir portándose igual. Total, el agujero del culo ya lo tendría más que preparado.

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