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Alexis Clark se folla a pelo a su admirador del gym Ken Summers y se corre dentro de su boca | Fucker Mate

El suave melocotón de Ken Summers ya se le adivinaba por debajo de la camiseta. Bastaba con que alzase un poco los brazos, cogiéndose del cuello de su nuevo amigo, para que un prometedor culazo saltase a la vista, con una raja para hundir mil y una pollas dentro. Se arrimó a Alexis Clark y, al notar la fuerza y el tamaño de otra cosa que también se adivinaba a simple vista, se rindió dejándose hacer de todo.

La tela de algodón de aquellos calzoncillos Tommy impregnaban mejor que ninguna otra el olor a huevera y rabo  mañanero que ninguna otra. Si un tio no se cambiaba de calzones en mucho tiempo, era un guarro, aunque había algunos que le daban la vuelta, pero si no te cambiabas en un par de días, tan sólo te convertías en un guarrete y tendrías a la corte de fans tras de ti en el gym sin tú saberlo, a la espera de que te metieses en la ducha para cogerte los gayumbos y esnifárselos justo por la parte en la que reposan los cojones.

La casualidad quiso que Alexis atrapara a uno de esos cerdetes y que ahora lo tuviese esnifando el paquete pero con el rabo dentro. Ken aguantó un poco las ganas y se recreó con el tamaño que se dibujaba desde la entrepierna hasta la cadera, todo rabo largo y enorme. Por fin tiró de la goma y aquello parecía no tener fin. Tiró y tiró y el gran pollón saltó. Duro, gordo, venoso, larguísimo, doblado hacia abajo. Un pollón que imponía respeto.

Ken se comió y se dio un repasito con esa polla por la cara como el buen cerdaco que era. Amaba las pollas de los hombres, todas tan diferentes, pero en especial prefería las gigantes, las que suponían un reto para sus aptitudes como mamador profesional. Esa pija era todo un reto, casi como el de una caja mágica o un cubo de rubik, encontrar la posición perfecta para mamársela y que el gancho que formaba ese enorme cilindro de carne entrase por su garganta de una sola pieza.

Cuando uno lleva tantísimo tiempo deseando a un tiarrón del gym y finalmente se produce el encuentro, sólo pueden pasar cosas maravillosas. Y que un admirador secreto se te declare mamándote la verga, siempre es bien recibido. Muy a su pesar, Ken abandonó la apetitosa butifarra, dejándola descansar sobre el sofá, para poner su culazo a disposición de Alexis.

Le escupió en todo el agujero, le metió los morros en la raja atosigándole la entrada del culo y para recibir esa poderosa pollaza, Ken se puso en la postura perfecta dado su tamaño y su forma, tumbándose en el suelo y elevando el culo hacia arriba. Alexis le agradeció el detalle dándole unos toquecitos en el ojete primero con la chistorra, antes de metérsela sin condón por ese puto agujero del deseo, centímetro a centímetro, arrastrándola toda apretadísima.

Al gym uno no suele llevarse condones, depende del día, si va a estar muy concurrido pues como que no, y ese día ni uno ni el otro llevaban. Para que la polla entrase perfecta, Alexis tiró de la saliva de Ken. De vez en cuando se la sacaba del culo y se la metía por la boca para que la lubricase con sus babas y de ahí regresaba vuelta al culo.

La forma de ese pollón le permitió a Ken hacer virguerías que nunca antes había hecho. Jamás pensó que iba a estar a cuatro patas y a la vez meneando su culazo arriba y a abajo como si estuviera saltando, para enebrar dentro de su ojete tamaño rabo.

Dejó casi para el final el cara a cara. Se tumbó en la cama, se abrió de piernas y Alexis se le abalanzó encima clavándole toda la polla. Se la dejó dentró un rato, el necesario para coger posición de follada y reventarle el ojete a pollazos. Y para el final, dejó lo mejor, la que se había convertido en ese último año en su gran fantasía cada vez que se lo encontraba quitándose los calcetos en los bancos de los vestuarios.

Había soñado con llegar a los vestuarios, que no hubiera nadie o si lo hubiera que estuviera en las duchas. Alexis desnudándose para entrar en ellas. Ken se desnudaría justo a su lado, insinuándose con su precioso culazo justo enfrente de su cara para ponerlo morcillón. Entonces él lo agarraría por detrás a traición, lo sentaría sobre sus piernas y le ensartaría en su rabo para follárselo.

Por fin lo hicieron. Ahora era Alexis el que abría la boca y gemía mientras Ken se le sentaba encima. Tras un par de intentos de dominio por parte de Ken, Alexis volvió a tomar las riendas y le culeó desde abajo, poniendo las manazas en cada uno de sus cachetes y desplegándoselos para que su pollón entrase más hábilmente. Ken se puso tan cachondo que le sobrevino la corrida y se dejó toda la leche en el torso de Alexis.

El cabroncete siguió pegando unos cuantos espasmos tras la corrida, con la polla todavía clavada en el culo. Se la sacó y fue bajando por el cuerpazo de Alexis rechupeteando toda su corrida y usándola como lubricante para la mamada final. Era tan cerdo lo que se le acababa de ocurrir que en cuanto Alexis vio esa boca de leche atrapando su cipote, tuvo que levantarse y pegarse un pajotazo sobre la cara del chaval.

Cuando llegó el momento de la corrida, le volvió a meter el cipote dentro de la boca y se la llenó de rica leche, para que no tuviera que estar después buscándola con la lengua ni esnifándola por ahí, así ya se la llevaba puesta. De la boquita de Ken salían mecos blancos y jugosos. Alexis se atrevió a coger uno con el dedo gordo para saborearlo y después se acerdó a la boca de Ken para beber más. La tenía llena de su lefa. Abrió la boca de par en par y ahí estaba toda la preñada. Le pegó un morreíto captando más lefa y se la volvió a escupir en la boca.

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