La instructora tetona del campamento pone firme a Jordi El Niño Polla devorándole el gigantesco rabo | Brazzers

Disciplined Dicking

Vosotros mejor que nadie me comprenderéis, chavales. Estoy en una edad en la que casi el cien por cien del día me lo paso pensando en guarradas y aprovecho cualquier momento a solas para sacarme el rabo y cascarme una paja. No paro ni cuando me voy de verano al campamento. El resto de los compis de mi cabaña ha salido a hacer algo de deporte nada más levantarse, pero yo me he hecho el dormido, he esperado a que se fueran y he sacado de mi mochila una revista que a simple vista parece de tecnología, pero no, ocultas entre sus hojas hay tias desnudas y chorvos con enormes pollas jodiéndolas.

Parezco un puto mono pajillero, lo sé, ahí mordiéndome el labio, cascándomela rápido y con ganas, pero joder, es que no tengo ni puta idea de cuándo van a volver los chavales y no quiero que me pillen con el pito al aire masturbándome, que ya bastante tengo con aguantar las gracietas que se traen cuando ven mi rabo largo colgando entre las piernas, cuanto más duro en todo su esplendor. No quiero que pasen de llamarme trípode a algo más insano y cruel, aunque ya me llaman Jordi El Niño Polla, porque es lo que, con diferencia, más destaca en mi cuerpo.

Hostia, escucho los pasos de la instructora del campamento. Me da tiempo a levantarme de la cama, guardar las pruebas del delito en el baúl y ponerme firme, pero ya está cruzando la puerta cuando me doy cuenta de que tengo el rabo por fuera colgando todo amorcillado. Y más duro que se me está poniendo con esa pava rubia, que se le marcan los muslos, el culazo y unas pedazo tetas impresionantes.

Aprovecho para metérmela en los calzones cuando se pone a inspeccionar la cama. Tengo la suerte de que es enorme y me cuelga por su propio peso cuando está morcillona, así no tengo que dar explicaciones sobre tiendas de campaña sospechosas ni nada parecido. La tia ha descubierto el móvil. No nos dejan tener móviles en el campamento. Me obliga a retirarme de delante del baúl, sabe que escondo algo.

Descubre la revista guarrilla camuflada. Aguanto el rapapolvo. La sargenta se acerca a mí y me empieza a magrear la polla por encima de los boxer. La escucho soltar unos gemidos apagados cerca de mi cara, al sentir entre sus manos lo grande y larga que la tengo. Se saca los pechotes del sujetador, enormes y ahora sí armo la tienda de campaña, porque se me pone dura como una estaca. Me tira sobre la cama y empieza a comerme todo el miembro.

Es una tiarrona enorme, con unos labios gruesos y una gran boca, pero más grande es mi pedazo de polla, capaz de saciar todo el apetito de esa mujerona. No tiene ni puta consideración con este primerizo al que va a hacer que deje de ser virgen. Veo sus enormes tetas de fondo colgando mientras da buena cuenta de mi rabo y siento cómo casi la leche brota de mis cojones cuando me levanta el pito y me come los huevos.

Me tumbo y miro hacia abajo, disfrutando de esa preciosa escena que está sucediendo ante mis ojos. Me pone los pechos en las caderas, con una mano me levanta la polla poniéndola en vertical, sumergiéndola entre sus senos y me hace una paja cubana que está riquísima. No sé cómo un chico de mi edad puede soportar esto, pero respiro hondo y aguanto como un campeón.

Se levanta, me da la espalda y deja que vea cómo se rasga las medias por la raja del culo. Quiere que me la folle. Se sienta sobre mis piernas y con las manos se despliega las nalgas, esperando que se la meta. Me entran ganas de coger el móvil e inmortalizar ese momento en que por fin voy a convertirme en un hombre, pero en lugar del móvil me cojo el rabo y sin saber muy bien dónde apunto, la meto entre sus cachetes, veo cómo se menea y siento cómo mi rabaco entra por un agujero estrecho que me hace sentir gustillo y escalofríos.

Mi barra de carne entra y sale de su culo. Se da la vuelta. No debería haberlo hecho porque estoy llegando al límite de mis fuerzas. Ver cómo se clava mi polla y esas tetazas meneándose delante de mi jeta es demasiado. Se las agarro. Estoy como en un sueño. La zorra se pone cachonda y empieza a saltar con energía. Me quedo bizco de gusto y noto cómo un chorrete de lefa debería estar saliendo en esos momentos por la punta de mi rabo. Me veo abandonando el campamento dejando de ser virgen y con hijos.

Después de esa corrida que he intentado controlar, sigo con el pito duro pero ya no tan vulnerable, como cuando me casco la segunda paja en un día, que voy sobrado. Encorva la espalda delante de mí frente a la cama y me gozo su culazo. A su lado soy un canijo delgado que está en los huesos, pero mi pollón está a la altura.

Es tan alta que me subo encima de su culo penetrándoselo entero. Se da la vuelta y se agacha enseguida reclamando lefa. Mientras se pajea con esa tia hambrienta a un palmo de distancia de su verga, piensa que nunca podrá mirarla a la cara de la misma forma cuando haya hecho aquello. Le pone un señor bigote de leche sobre los labios, con el semen pegajoso metiéndose por su boca. Otro tiro largo que la deja ciega con la lefa en las pestañas, más y más leche cayendo dentro de su boquita. Me chupa la polla y me la limpia hasta que se me queda morcillona como la encontró al principio.

VER LA ESCENA EN BRAZZERS.COM

VER LA ESCENA EN BRAZZERS.COM

Mostrar más
Botón volver arriba
Cerrar