El guapísimo chulazo Quinton James lleva a dar una vuelta a Cassidy en su buga y se la folla entre las montañas | Reality Kings

Offroad Road Head

Nena, ponte traje y cuero que te voy a llevar al Paris Dakar. No debió entenderle muy bien, porque Cassidy se presentó como a ella le gustaba, provocativa, enseñando escote, repartiendo alegría por las calles, haciendo que los hombres empalmaran al verla pasar. Ella lo consideraba una obra de caridad, por sus novias. Al verla, Quinton James le advirtió que esa no era la indumentaria más adecuada, pero bueno, ella sabría.

Pisó el acelerador del buga y recorrieron las dunas del desierto a velocidad de vértigo. Los baches iban haciendo que a Cassidy le rebotaran los enormes pechos y se le salieran por fuera. A Quinton se le estaba acumulando la sangre en la entrepierna, abandonando su cabeza. No podía concentrarse así en el camino y decidió parar. Con esa velocidad, habían descargado pura adrenalina.

A Cassidy le había entrado calor y sed. Le prestó una botellita de agua y en lugar de beber se la echó por encima. El agua se coló entre sus grandísimas tetas, resbaló por sus muslos. Se agarró un lateral del bikini y se sacó un pecho, gimiendo como si le hubiera entrado un golpe de calor. Quinton se metió instintivamente una mano en el bolsillo para ocultar la empalmada que estaba teniendo.

Ella se puso de espaldas apoyándose contra el capó del coche y le dio la botella para que se la echara por el culito. Según vertía el agua, se puso cachondísimo mirando cómo la fina tela de las braguitas, que se hundía en la raja de su trasero, se humedecía por completo. Le animó a tocarla y lo primero que hizo fue masajear su culazo con las palmas de las manos abiertas.

Lo mismo hizo cuando ella se dio la vuelta. Le sacó las dos tetorras, se las palpó con gusto y se agachó para meter la cabeza entre medias, dando ligeros toquecitos a cada pecho para que le golpearan las mejillas, chupando sus precioso pezoncitos. Joder, se sentía libre, perdidos en mitad de la nada, entre las montañas, con una tia que quería darle todo. Volvió a hundir la cabeza entre las tetas y se sintió el hombre más rico del mundo.

Puso a la chica del calendario de espaldas, apoyada contra la enorme rueda del buga. La abrió ligeramente de piernas, retiró la fina goma de la parte baja del bikini que se le estaba colando por la raja y hundió los morros para comerle todo el coño. Después fue él el que terminó sentado en la rueda. La tia lo empujó encima, con muchas ganas de chuparle la pija.

Todavía la tenía morcillona. Se levantó un poco la camiseta. Cerró los ojos del gusto cuando Cassidy ladeó la cabeza y le comió todas las bolas. Se estaba poniendo malito viendo sus domingas rebotando al fondo mientras se la mamaba. Ella se dio cuenta. Le cogió la polla, ahora completamente dura y la cobijó entre sus pechos. Le echó unos salivazos para lubricarla bien y se la masturbó entre las tetas.

Ahora, con el pito duro, no se la podía tragar tan fácil. La retiró el pelo para ver mejor los esfuerzos que hacía la piba para metérsela por la garganta. Quinton se la llevó al asiento del conductor y la dejó sentada, abierta de piernas. Se bajó los vaqueros hasta los tobillos y se arrodilló en la arena para hacerle un buen trabajito en el potorro a base de lengua y unos dedos.

Tuvo la delicadeza de ponerle una toalla en la rueda que ya estaba ardiendo, tanto como su polla. Se la folló por detrás, encajando su durísima polla dentro de coñito sudado. Le separó un poco el cachete del culo con la mano y ladeó la cabeza para ver cómo su pollón entraba a pelo. Aquello era una puta salvajada. El rabo encajaba entre sus labios como un gancho, perfecto. Los gemidos de la piba, el cielo despejado con algunas nubes blancas, un culazo tragándose su polla, las tetas rebotando. No se le escapó la leche de milagro.

Quinton intentó pensar en otras cosas y se fue volviendo cada vez más imaginativo. Le recogió el pelito mientras seguía empotrándola contra la rueda y le puso el casco. Follándose a su copiloto favorita. Pero qué a gusto estaba dentro de ese coño, como un marqués. Le dio la vuelta sentándola sobre la rueda y, antes de metérsela, bajó a chuparle el chochete para que entrase mejor.

Cara a cara, sintiendo sus gemidos de cerca, eso le ponía. Tranquila, amiga polla, que te voy a echar una mano. Por si no tenía suficiente con el tamaño de su tiesa verga, le metió unos deditos por el coño para hacerla disfrutar más. Quinton se sentó en el buga y ella sobre sus piernas, saltando, clavada en su polla, cogiendo la botella y volviendo a echarse agua por las tetas. El agua fresquita le llegó a Quinton hasta los huevos, arrugándoselos.

Follaron así hasta secarse y continuaron haciendo lo mismo en la rueda. Quinton tenía ya las bolas bien cargadas. Terminaron follando casi de pie, frente a frente. Quinton estaba poniéndose malito, con las domingas rebotando contra sus musculosos pectorales. Le susurró a la carita que estaba a punto de correrse y quería hacerlo encima de su cara.

Cassidy, obediente, se agachó frente a la polla que Quinton se masturbaba efusivamente. Un primer chorrazo largo fertilizó el suelo y pasó de su cara. Era jodido para un hombre mantener la mente fría y el control sobre dónde acababa o la forma en la que salía la lefa de la polla. Quinton se limitó a correrse y vio como el resto de chorretes de semen le mojaban los pechos, los labios, espesitos y blancos.

Retiró la mano de su polla y la dejó ahí corrida, sobre su jeta, todavía dando algún espasmo que anunciaba que en breve caería alguna que otra gota de lefa. La tenía larguísima, un poco roja de tanto meter y sacar, venosa, enorme. Cassidy recogía los mecos calentitos con los dedos y se los comía, los saboreaba. A partir de ahora sería una forofa del Paris Dakar y de los deportes de aventura.

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