El jardinero Charles Dera cuida el coñito de la señora de la casa y le riega la boquita con su lefa | Reality Kings

Desiree's Desire

La situación era desesperante. Ese jardinero no se enteraba de nada por mucho que ella regresara guapa a casa, con minifalda ajustada, un pronunciado escote que le apretaba las domingas. Y Charles Dera a lo suyo, cortando esquejes a las plantas. Ni aunque Desiree le pusiera el culo en la cara o alzase el busto para remarcar sus grandes tetas. No había forma.

Siempre terminaba en la cama desnudita, haciéndose unos dedos y magreándose ella solita mientras veía al jardinero por los ventanales, tan atractivo, tan fuertote marcando biceps. Un día aprovechó que estaba limpiando las ventanas para coger uno de sus dildos y ponerlo a la altura de su entrepierna, imaginándose que era su enorme polla. Casi la pilla, por fin.

Si no entendía de insinuaciones, a lo mejor si se ponía a cuatro patas desnuda con el culo preparado para que le metiera el nabo, a lo mejor eso sí lo entendía mejor. Bonachón y encima honrado, cuando la vio así, preguntó si eso era para él. Se quitó la camiseta y Desiree hubiera mojado las bragas si las llevase, pero su entrepierna se humedeció al ver que lo que había debajo de aquella camiseta superaba sus expectativas.

Menudos abdominales marcaba el cabrón en el torno, sus pectorales velludos como los de un macho, unos biceps de escándalo. A ver si sabía cuidar los coñitos de las chicas con tanto tacto como hacía con las plantas. Desiree se sintió la mujer más feliz del mundo al sentir su naricita y su boca rozando su clítoris. Con un dedito, exploró el interior de su coño. Le metía el dedo hundiéndolo por la rajita y después plantaba su santo bigote raspando los labios, algo que la volvía loca.

Ya le había visto de cintura para arriba y estaba segura de que lo que había de cintura para abajo no le iba a defraudar. Como una perra en celo, se puso de rodillas delante de él, le ayudó a tirar de los pantalones y los calzones, todo a la vez y la polla grande y gorda salió disparada, morcillona y rebotando. Qué rica estaba, tenía el mismo grosor que el de su dildo preferido. Le gustaban así de gordas para llenarse la boca y sentirse como una cerda.

Ni se daba cuenta de la cantidad de saliva que le salía por la boca mamando. Ya se le estaba desparramando toda por las tetas, colgando por la barbilla, como una viciosa. Charles, ya con la polla totalmente empalmada hacía rato, subió una pierna al borde de la cama, poniendo la cabecita de la chavala entre sus piernas y le folló la jeta.

La penetró la garganta con la polla y le dio unos buenos hostiazos con sus enormes huevos en la barbilla. Ella disfrutaba como una perra con la boca bien abierta para tragar ese miembro. La puso de espaldas tumbada sobre la cama y la penetró el coñito a pelo con su gran polla. Se folló su sengundo agujerito esa mañana e, igual que hizo con la boca, volvió a subir una pierna al borde de la cama y le asestó unas estocadas definitivas que la jodieron el coño de pleno, con las bolas cargadas impactando en los enormes labios de su chochito.

Desiree miró hacia atrás y se puso cachonda. Por fin el jardinero tomando posesión de su coño. El tio estaba mazao y buenorro. Los músculos se le remarcaban más ahora que estaba entretenido follándola por detrás. Una bestia. El contacto visual le incitó a acercarse a ella. Pudo notar todo su cuerpo musculoso y caliente posándose sobre su espalda, su aliento en la mejilla, un aliento de rabia y gusto por meterla.

La dio la vuelta y se la folló boca arriba. Escupió desde arriba dejando caer el salivazo justo en la intersección en la que su polla se colaba por el coño y lo usó de lubricante para metérsela. Por tercera vez lo hizo. Su técnica para empalar. Volvió a subir la pierna al borde de la cama y se puso a taladrar el coño sin control, esta vez hasta cogiéndola por la cabeza para buscar su punto de apoyo y jodiéndola a pollazos como a una puta.

Cuántas veces le había visto a través de la ventana, con la regadera a la altura de sus caderas regando las plantas. Ahora le tocaba alimentarla a ella con la regadera de su polla. Se dio la vuelta para dejar la cabeza al borde de la cama, justo donde él se estaba pajeando. Podía ver su manita fuerte y robusta pajeando despellejando su rabaco.

Abrió la boca como una cerda, sacó la lengua y un lefazo bien espeso le recorrió desde la barbilla hasta el labio superior. La leche de ese tiarrón caía como la miel, espesita. Un pegote de lefa le brotó por la raja del cipote y justo cuando creía que le iba  ataponar las narices con él, se le doblaron las piernas del gusto y se lo metió directo en la boca. La dejó loss morritos bien llenos de leche mientras ella se dedicaba a relamer los mecos que seguían saliéndole del capullo. Qué buen jardinero que lo sabe regar y cuidar todo.

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