Bairon Hell se folla duro a Danny Boss sin condón y se corre en toda su jeta en el club de cruising Querell en Torremolinos | Young Bastards

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El club para los amantes de la lefa y el rabo Querell estaba abierto las veinticuatro horas del día para que los más viciosos pudieran horadar sus gargantas, sus culazos y todos los agujeros de su cuerpo, para que pudieran llenarse el estómago con proteínas. El atractivo chulazo Bairon Hell, con su cara bonita, la barbita de varios días y su musculado cuerpazo, ya había conquistado a otro guaperas igual que él.

Tenía a Danny Boss de rodillas, abrazado por la cabeza, obligándole a comerse todo el troncazo de su polla sin rechistar. Eso era lo que les gustaba a esos mamones, chupar minga hasta los huevos, notar cómo las pelotas cargadas de semen se posaban calentitas sobre sus barbillas, los pelos negros y firmes de un buen macho metiéndoseles por la nariz.

Le encantaba dar de comer rabo a un tio así de chulazo, con ese aire de malote, con su cadenita al cuello moviéndose al compás que él marcaba follándole la puta boca. Mira que él estaba tremendo, pero al levantar a ese tiarrón para ponerlo de espaldas y metérsela por el culo, se le puso dura como una roca. Le sacaba unos centímetros de altura y estaba buenísimo.

Le bajó los calzones hasta los muslos, lo justo para dejarle libre la raja del culo, ladeó la cabeza para asegurarse que la polla iba recta donde debía y se la encasquetó allí mismo sin condón, los dos de pie, unidos por el rabo y el culo, abandonándose al placer como animales. Danny estaba empalmado. Su gruesa pollaza se mecía de lado a lado, de arriba a abajo sin control. Se la agarró y se la masturbó mientras Bairon no dejaba de penetrar su culo peludo de machote.

Era tanto el gusto que sentía, le estaba dando por donde más le molaba, que cuando se la dejó suelta, una gotita transparente de precum hizo acto de presencia en la punta de su gordo cipote. Bairon, sin ser consciente de los logros de su follada, seguía penetrando por detrás con fuerza, dándole por el culo, sudando como un pollo pero sin bajar el ritmo que exigía petar un culazo tan exigente.

El cerdaco giró la cabeza y se agarró a su arnés. Puto guapo y perro que era. No debería haberle mirado, porque ahora Bairon sí tenía la escopeta bien cargada. Le metió el dedo por la boca simulando que era su polla, para sentir el calorcito y la suavidad de esos labios en torno a él y le dio de hostias por estar tan buenorro. Joder, qué buena puta. Ya había tenido dosis de rabo, ahora a por la lefa. Hora de disfrutar de un buen espectáculo de fuegos artificiales sobre su jeta.

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