Camp Chaos Upstate: Matthew Camp va quitando la timidez al guapísimo Enzo y se lo termina follando a pelo y corriéndose de pie sobre su cuerpo | MEN

Intenta llevar un orden de hacer las cosas según se levanta, aunque su vida personal sea un auténtico caos. Matthew Camp practica nudismo por la casa. Le encanta sentirse como en su hábitat natural, rodeado de plantas, a sabiendas de que mientras se pasea regando las plantas, mucos vecinos indiscretos le miran a través de las persianas y cortinas, tocándose, admirando su escultural cuerpazo, sus nalgas y esa preciosa caída de su rabo flácido, tan largo, gordo y descapullado, rebotando sobre la bolsa de sus cojones.

Le gusta tumbarse cerca de la ventana. Disfrutar de las vistas de su propio cuerpo bañado por la luz del sol de la mañana. Se le hincha el rabo. Se toca, agarrándose de los huevos, sintiendo el calorcito de la polla rígida aplastada contra su antebrazo. Usa un pulgar para empujarla hacia el frente y darse cuenta de lo extremadamente grande y gorda que la tiene. La empuña en su mano y la masturba, cerrando los ojos, llevándose un brazo por detrás de la cabeza y esnifando su propio olor a sobaco sudado de macho.

La paja se convierte en una lucha interna consigo mismo, una lucha por castigársela sin correrse, por permanecer el mayor tiempo posible en el campo de batalla. De vez en cuando agacha la cabeza y se la mira. La tiene guapa. Se abre de piernas. Le mola sentir la poca brisa que recorre la casa colándose entre sus piernas.

Siente que ya tiene la guerra perdida. Afloja la marcha, pero ahora cualquier movimiento es ferozmente cruel. Cuando intenta parar, ya es tarde. El jodido mecanismo reproductor oculto en su cabeza se ha puesto en marcha. Todavía tiene empuñada el arma entre sus manos, sintiendo que como haga el más leve movimiento todo se irá a tomar por culo.

Algo le impulsa a mandar todo a tomar por culo. Hace ese movimiento y su polla empieza a disparar leche sobre su cuerpo, mientras un gustazo le recorre entero. Durante unos cuantos segundos, los últimos grandes o no tan grandes momentos de su vida pasan por su cabeza, también los más absurdos. Cierra fuerte los ojos y un pez le mira desde su pecera.

Antes de salir de casa, mira el perfil de sus redes. Tiene una infinita cola de espera, de chavales que le dejan su número de teléfono deseando follar con él. Algunos están realmente deliciosos. Tocará pensar a cuál se tira hoy mientras se machaca en el gym, que ese cuerpo no se hace solo, aunque ya nació con buenos genes.

La mayoría de tios le quieren para petar culitos. Tener la pinta de empotrador que tiene él, es lo que tiene. Pues hoy no va a elegir él, hoy lo van a elegir a él. Al llegar, sin pasar por la ducha, caliente y completamente sudado, se hace una cam sin enseñar el pito, sólo el culazo, preciosos, sugerentes y cercanos primeros planos de su culazo.

De todos los tios que le han escrito, tan sólo uno parece entender su rollito. Se llama Enzo y es guapísimo. Lo invita a casa. Desde que abre la puerta sabe que ha escogido bien. Es tímido. Le encanta ir descubriendo las capas que ocultan esos chicos tan tímidos, que no entran a saco por la puerta poniéndose de rodillas y comiendo verga.

El chaval es especial. Le ha invitado a tomar esa ducha que aún no se ha dado, compartiéndola juntos, aunque sea para ahorrar agua. Los dos desnudos en el baño. El tio no para de hablar mientras se duchan, contándole cosas. Matthew le escucha atento, pero también anda atento a cada uno de sus gestos. Es de los que miran a los ojos con verdad y tiene una sonrisa que le encanta. Y durante todo el rato, incluso secándose con las toallas, ni una sola vez, que él sepa, le ha mirado el rabo. Tímido hasta sus últimas consecuencias.

Va  a tener que dejárselo mucho más claro. Lo lleva al colchón de esa habitación tan especial con luces estroboscópicas, como en una disco en cuyo centro el mundo se para mientras dos follan, imaginando que una multitd hace un círculo en torno a ellos, mirando y disfrutando del espectáculo. Se tumba y le invita a besarle.

Enzo se arrodilla detrás de su cabeza y le come la boca. Primera capa de timidez resuelta. Ahora a por la segunda. El chaval gatea por el cuerpo de Matthew hasta ponerse en posición de sesenta y nueve. Levanta la camiseta a Matthew y le besa los abdominales, le baja los gayumbos descubriendo su miembro viril y se lo mete dentro de la boca.

Matthew tiene la entrepierna del chaval en la cara. Tira de sus pantalones. Tiene una buena pelambrera ahí abajo y el pito duro. Se quedan los dos sobre el colchón adorándose las pijas. Bocas llenas. Los rabos van cogiendo forma y tamaño a medida que los labios los descapullan una y otra vez. Los movimientos de la cabeza de amplifican.

El chaval se levanta y se pone a cuatro patas ofreciéndole su culo. Todavía llevan los dos la sudadera puesta. Matthew se pone detrás de él y le inserta la polla sin condón. Ya le ha quitado otra capa, pero sigue gimiendo con control, tímidamente, como conteniendo todo el gusto que se le está metiendo por el culo. Matthew mete otra marcha y le empala con el rabo, metiéndolo todo lo largo que es de principio a fin cada vez que le enfila el ojal.

Los gemidos se intensifican. Enzo cae rendido besando el colchón y ahora sí se deja llevar gozando de ese magnífico rabo penetrando en sus entrañas. Se quita por fin la sudadera, dejando a la vista su delgado y musculado cuerpo, se tumba boca arriba y Matthew se agacha dejando que vea cómo le come la polla, antes de separarle las piernas y volver a follárselo.

Ve una mirada diferente en el chico. Sigue siendo el mismo chaval tímido, pero ahora sí le mira el cuerpo, recreándose en sus músculos, en sus biceps, en el movimiento de su pelvis y sus duro abdómen mientras le trabaja el agujero, en su guapísima y masculina cara con barba y bigote que lo tiene atrapado en un mundo de sueños.

Matthew se echa hacia atrás, todavía con el rabo dentro de su culo. Enzo arquea la espalda y coge impulso desplazando el cuerpo de atrás hacia adelante para auto penetrarse con la polla. Vuelve a darle duro, hincándole la pija hasta los huevos. Enzo se pajea cada vez más rápido. Se corre. Una abundante y nutritiva fuente de esperma resbala por su puño, despojándose de su última capa.

Se tumba relajadito. Matthew le saca el rabo y se pone de pie, cada pierna a un lado de su cuerpo. Se corre y deja caer los chorrazos de semen sobre su cara y su boca, como pintando un cuadro que tiene sentido entre esas luces de colores que les iluminan. Un día más, un día menos. Buscando algo especial dentro de ese mundo de caos que lo envuelve, algo que no le haga sentir que es una simple polla, un simple mortal en el mundo.

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