Alejandro Torres se folla el culazo de Sergio Jobbel sin condón y le mete un lefazo directo a la jeta | Fucker Mate

Bare Lust

Su chico lo llamaba desde el otro lado de la cocina. Desde luego que el tio sabía cómo rellenar unos calzones. Además de estar buenísimo, esa forma prominente y curva que dibujaba su rabo, tan largo que le daba la vuelta a la huevera y se le metía entre las piernas, le ponía perraco. Sergio Jobbel se levantó de la silla y fue hacia él. Era más alto que Alejandro Torres, pero su colega la tenía dos centíemtros más larga.

Metió la mano sin pudor por debajo de sus calzones blancos, palmeando ese rabo que se estaba poniendo morcillón. Le sacó la picha y empezó a masturbarla suavemente, como un granjero haría con las ubres de una vaca con la intención de sacar la leche. Alejandro ya le había bajado la parte trasera de sus gayumbos y estaba sobándole las nalgas mientras los dos se comían los morros.

Bajó besando ese cuerpo tan delgadito y a la vez yan definido y musculoso como una roca y se metió el rabo dentro de la boca. En cinco caladitas ya lo tenía tieso como una estaca, super gordo y con un cipote grueso y brillante que era una auténtica delicia dejarlo pasar entre sus labios y notar su suavidad, su textura y la ranura de la enorme raja del capullo sobre la lengua.

Mientras cabeceaba tragando rabo, se acordaba de aquellas tardes de colegio en las que quedaba con sus colegas antes de estudiar para coger una regla y medirse los rabos para ver si les iban creciendo. Él casi siempre ganaba de calle y gracias a eso y después a comerse muchas, había aprendido a distinguir a ojos cuándo una polla superaba los estándares de los veinte. Y esa los superaba.

Tragarse una así hasta los huevos costaba esfuerzo y sacrificio. Sergio lo intentaba con empeño y algún día lo conseguiría, estaba en ello. Se metía el palo duro por la boca, hasta notar que el cipote le atravesaba la garganta o lo intentaba. Entonces apretaba bien los labios al tronco del pollón y los arrastraba un poquitín hacia adelante para cazar unos cuantos centímetros más.

Las pelotas de su chico le encantaban. Se dedicaba a ellas cuando tenía ya bien relamido el rabo. No las tenía colgantes ni protegidas con una piel rugosa, pero también le encantaban tan firmes, pegadas a la base del pene, dibujando la forma de los huevos y envueltas con una piel suave en la que apenas interferían los puntitos del nacimiento de los pelos. Los pelos de los huevos. No tenía. Estaba totalmente depilado por sus zonas íntimas, por lo que cuando le mandó las primeras fotos de sus partes antes de conocerse, creyó que era un adolescente pre púber con un enorme pollón.

Sergio siguió comiéndole el rabo, intentando tragárselo entero. Casi lo consigue. Cuanto más profunda se metía la polla, más saliva le salía por la boca. Las babas se iban arrastrando a lo largo de la polla hasta la base, una vez allí, rodaban los cojones justo por la mitad y caían como una hilera pegajosa. Le estaba dejando sus partes bien mojadas.

Se levantó del suelo con el apetito saciado en gran medida. No podía ocultar lo mucho que le había gustado por la tienda de campaña en el interior de sus calzones. Se puso de espaldas apoyándose contra la mesita de la cocina mientras se bajaba los gayumbos, arqueó la espalda y cedió su turno a ese machote. Alejandro sabía cómo comerse un culazo como el suyo, de pura cepa brasileño.

Le agarraba con fuerza los cachetes por la parte exterior y empujaba hacia afuera para dejarle la raja del culo abierta, alargaba la lengua y le metía esos lengüetazos rápidos con la punta que le llevaban al cielo. Podía sentir el bigote raspándole, el calorcito de su aliento dando vida a su ojete. Cuando terminó y le ordenó ir a la sala de estar, Sergio se dio la vuelta y tenía el pito empalmado.

Se puso de rodillas en una silla, mirando hacia le respaldo. Era de las que tenía reposabrazos a ambos lados, por lo que la estrechez hizo que su culo permaneciera muy abierto, al caberle apenas las dos piernas muy juntas. Alejandro se agarró la minga, le plantó el cipote dentro del agujero y de una culeada le atravesó sin condón con ese enorme y gigantesco miembro.

No podía abrirse más de piernas de lo que ya lo estaba, pero sí le entró una debilidad insana, flojeando y echando el culete hacia atrás, lo que le dejó más abierto el culo si cabe. Alejandro aprovechó ese movimiento inesperado para clavársela hasta los huevos. Le dio bien por el culo con su barra larga y dura, sacándola y metiéndola por completo, enorgullecido por los rebotes que pegaba el chaval hacia adelante y atrás insertado en su rabo y los movimientos bruscos del pelazo de su melena cada vez que le metía un pollazo.

Pollas tan grandes merecía mucho la pena masturbarlas con el culo. El placer que daban era infinito y las vistas que proporcionaban desde atrás eran arne de cañón para cualquier voyeur. Alejandro la tenía tan dura y gorda que el cuerpo cavernoso medio de su rabo se le marcaba sobremanera, algo exclusivo y relegado a las pollas más gordas del planeta.

Sergio se clavó el rabo por el culo y empezó a saltar sobre él dejándose llevar. Resbalaba como la seda dirigiéndose hacia sus entrañas. A veces saltaba tan alto por el gran tamaño que tenía que calzarse, que sin querer el rabo se salía de su agujero. Él lo cogía echando una mano por detrás y volvía a conducirlo hacia su ojete.

Por si para Alejandro no era suficiente sentir tanto gusto en la polla, con un culo pajeándosela todo para él, se entretenía con las vistas que tenía a tiro. El rabo gordo, largo y enorme de Sergio y sus pelotas, resbalando, aplastadas y dando calorcito a sus abdominales. Menudo masajito le dio con el rabo en el torso. El tio dejaba el nombre de Brasil bien alto en el pabellón, con un culazo y una polla dignos de leyenda.

Le dio la espalda y volvió a calzarse la polla dentro del culo, esta vez impulsándose con más fuerza, subiendo los pies al sofá y abrazándose a Alejandro de lado para poder mirarlo. Habían pasado demasiado tiempo sin contacto visual, por miedo a correrse antes de tiempo, pero llegó un momento en que no pudieron evitarlo más. Sergio se tumbó en el sofá, elevó las piernas y Alejandro se puso encima de él follándoselo.

Ahora Sergio no le quitaba la vista de encima, con la mirada fija en sus ojos, en su cara, con el fondo difuminado de un macho dedicado en cuerpo y alma a empotrarle el trasero. Alimento del bueno para sus cargados cojones.

Se corrieron casi a la vez. Cuando Sergio miraba cómo una hilera larga de lefa salía de su rabo depositándose encima de su cuerpo, Alejandro le sacó la polla del culo y le pilló a traición, metiéndole un lefazo desde el quinto pino que fue a parar directo a su jeta y parte del fuerte chorrazo metiéndosele por la puta boca. Sergio se quedó en shock, alucinando por la paliza de leche que acababa de meterle, mientras miraba cómo no paraba de salir semen por esa polla, que le estaba dejando el cuerpo bañado en su esperma, mezclándose con el suyo.

Durante un rato se quedaron mirando la guarrada que habían hecho. Sergio se relamía parte del lefazo que había viajado directo a su mejilla, la parte inferior de su torso llena de chorrazos de semen bien blanquito y espeso. Alejandro sonreía de gusto mirando, cómo había dejado al chaval llenito de leche. Tenía razones para ello. Su potencia de saque había pillado a su rival desprevenido y todavía le tenía noqueado, rememorando una y otra vez en su cabeza el momento de la corrida. Alejandro le despertó de ese sueño dándole un cachetazo en la mejilla sana y con algo de sarcasmo y riéndose le dijo: “ale, ahora a por el zumito, que la leche ya la llevas puesta“.

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