Sean, Josh y Justin se jalan las vergas y follan sin condones en la cabaña mientras el guaperas Devy se hace una paja mirando | Sean Cody

The Cabin

Se recordaron a sí mismos con diez años menos a sus espaldas, cuando hacían pellas escapándose de las clases y se aventuraban entre las sucias paredes de una fábrica abandonada para matarse a pajas dejándose su joven esperma entre la suciedad. Ahora, sabiendo conducir y con coche, podían llegar más lejos y no conformarse con menos que con las preciosas vistas del paisaje de las montañas nevadas y una cabañita bien apañada donde poder dar rienda suelta a los animales que llevaban dentro.

Con tanto frío, había que darse calor, por eso Sean, Josh y Justin dormían juntos y abrazados en la misma cama. Si estás leyendo esto, sabes de primera mano lo que nos pasa a los tios por las noches y al levantarnos, no hace falta que te lo recuerde. Pues une eso a que el roce hace el cariño y encontrarás a tres tios que se despiertan cachondos, sin haber echado la meada del día y con ganas de descargar los huevos.

Los tres se despertaron tan firmes como cabría esperar. Notaban el roce de sus pijas duras luchando por salir de los calzones, la única prenda con la que dormían para poder así sentir el calor de sus cuerpos. Eran guapos, estaban buenos, todos cachas. Comenzaron a sobarse, a besarse y eso ya no había quien lo parara. Lo que el jovencito guaperas Devy vio cuando llegó a la cabaña para saludar a sus colegas de aventuras le dejó con una sonrisa en la cara.

Vio a Justin bajando la goma de los calzones de Josh hasta la base de sus huevos devorándole la pija y luego a Josh siguiendo sus pasos. Un pollón duro mamado a dos bocas. Lo que más cerdo le puso fue que no eran expertos chupando vergas, así que no sabían cómo darle cariño, se la tragaban a trangullones, atragantándose, metiéndola hasta sus gargantas. Pajeaban y mamaban como auténticos cerdos, pasándose ese duro testigo de uno a otro, mirándose y poniéndose cada vez más cachondos.

Justin tumbó a sus dos colegas en la cama, les agarró las mingas, usó sus dos manos para darles placer a la vez y su boca para chuparles los pollones. El de Sean era considerablemente más largo y gordo y le hizo abrir mucho más la boca. Menudo mástil tenía el cabrón, una auténtica belleza. Justin aprendió que su forma de mamar era diferente según el rabo que tuviera dentro y el de Sean le hacía ir más lento y tomárselo con más calma.

Si Justin quería ser la putita esa mañana, no había más que decir. Se bajó los calzoncillos, se puso a cuatro patas sobre la cama y Josh estuvo encantado de ser el primero en penetrar sin condón su espectacular culazo. Mientras Sean le daba de comer verga, Josh hundía su herramienta y gozaba cada centímetro apretado de ese culito blanco y perfecto agarrando su polla.

Vaya zumbada tenía el hijo de puta. Ver a su colega a cuatro patas, recibiendo su enorme polla, solo hacía que crearle más leche en las bolas. Devy seguía espiando desde las escaleras y tenía ya el paquete bien montado bajo los vaqueros. No dejaba de acariciárselo. Era el nuevo de la pandilla y si eso era lo que le esperaba con esos cabrones, estaba encantado de unirse a ellos. Pero no ahora, no para romper la magia que tenían esos tres follando como animales.

A Sean le gustaba tocar culos. Primero fue a ver si Josh le cedía el turno para meter rabo, pero Josh todavía tenía energía que dar, así que él se quedó abriendo las cachas de Justin para que su amigo pasara mejor por ahí dentro, casi como un mamporrero. Les miró desde todos los ángulos y las vistas eran de lo mejorcito, sobre todo desde atrás, flipando con el culazo de Josh y sus pelotas colgando entre sus piernas. Le besó en una nalga, se las agarró a dos manos e imprimió fuerza con ellas para que se la metiera a Justin más a fondo.

Devy no sabía que sus nuevos colegas tuvieran tanto arte en la cama y lo que vio a continuación le hizo sacarse la polla y masturbarse a placer desde su rinconcito en las escaleras. Josh y Justin hacían un sesenta y nueve. Justin se estaba llenando la boca de rabo cuando Sean le cogió por las piernas y las puso sobre sus hombros en carretilla. Ahora Josh tenía dos rabos para él.

Sean quiso sentir también la potencia folladora de Josh, así que se sentó en sus piernas y se la clavó a pelo. Desde las escaleras, Devy tenía unas vistas privilegiadas de nuevo, porque Sean había dejado su rabo suento al saltar y mientras lo hacía el pedazo trabuco grande y gordo se movía zarandeándose de lado a lado entre sus piernas con un movimiento hipnotizante. A Devy le entró tanto calor que se lo quitó todo, se sentó cómodamente en los escalones y se cascó una paja.

Al final la putita no había sido Justin, sino él. Josh se abrió de piernas tumbado sobre la cama y dejó que Justin le penetrara. Dos tios en una sola mañana entrando por su caverna. Notó la presión en la base de la polla y se dejó ir. Pareció un pintor de brocha gorda salpicando la pared con pintura. Un lefazo salió de su rabo a toda hostia dibujando una estela en el aire, viajando allá lejos hacia las sábanas y el suelo. Con la misma potencía soltó el gemido. No era para menos después de ver cómo se había descargado el tio.

Justin miró a Josh, preguntándose si estarían a la altura. Josh sabía que sí lo estaba. Agarró a su colega Sean por la cabeza, le plantó la mano en la cara tapándole los ojos para no dejarle ciego. Sean abrió la boca y sacó la lengua al notar el cipote rozando sus labios y Josh le cruzó la cara con toda su leche. Justin tenía unos buenos competidores, pero no se quedó atrás, sacó su polla del culo de Sean y se corrió como un aspersor mojándole la raja del culo, los cojones, la polla y la barriga.

Escucharon unos gemidos que venían de las escaleras. Descubrieron al guaperas de Devy desnudo, con los pelos de la polla lefados de la paja que se había hecho mirando. Devy se quedó un poco cortado de que le hubieran pillado así, pero esos tres se encargarían de hacerle entender durante sus vacaciones que aquello no era la casa de sus padres donde tuviera que estar cerrando la puerta de la habitación o el baño para hacerse un cinco contra uno, que en esa cabaña las cosas eran diferentes y que allí todos eran hombres libres.

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