Guido Plaza se casca un buen pajote en el jacuzzi | MASQULIN

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Es un lugar nuevo en la ciudad, un lugar reservado sólo para hombres. He entrado sin saber qué me iba a encontrar. Mi única pista es que la inauguración prometía elevar la temperatura y sacarme la leche. Cómo, dónde o con quién era un misterio. He entrado por un pasillo oscuro. Más chicos por delante y por detrás, pero después cada uno entrando en una sala por separado. Todo oscuro. De repente se hace la luz, se corren unas cortinas negras y todos los chicos, por lo menos una docena, nos vemos los unos a otros tras unas cristaleras grandes, alrededor de una sauna iluminada de color azul. En medio un reservado con sofá y cojines blancos y un gran jacuzzi.

Vemos entrar a Guido Plaza, un tio guapísimo y musculado, con barbita, como a mí me gustan. Lleva pantalones vaqueros y una camiseta roja sin mangas. Mientras anda me fijo en su culazo. Dios, pero qué bien lo marca. Coge asiento en el reservado, se soba el paquete, se mete la mano por debajo de los pantalones, nos mira a todos uno por uno. Me mira. Cuando me quiero dar cuenta tengo el pito duro. Miro a los otros que están tan calientes como yo. Quien más quien menos se ha bajado ya los pantalones y se la está cascando. Sigo el juego.

Esto ya es cosa entre hombres. Guido juega a tocarse, a ponernos cachondos. Fuerza las costuras de su camiseta, se coge los tirantes y los aparta para dejarnos ver sus pectorales musculosos y peludos. Se levanta la camiseta y se la agarra con los dientes. Se desabrocha el botón de los vaqueros y enseña sus gayumbos ajustados y azules. Los colores de un super hombre. Todos jaleamos porque el tio lo merece. Menudo torso. Se saca la polla y se la pela delante de todos. Escuchamos unos gemidos tras una de las cristaleras. Un tio se está dejando la leche y la vida en el cristal. Al verlo, le sigue otro y otro más. Alguien tiene que frenar esta puta cadena.

Ya somos menos de media docena los que aguantamos como campeones. Los otros siguen mirando pero con las pijas flácidas y goteando. Cierro los ojos, respiro hondo y evito mirar las corridas resbalando por las ventanas que quedan dentro de mi campo de visión. Guido se desnuda al completo. Siento que es el hombre de mis sueños. Le esperaré a la salida y le pediré matrimonio, porque quiero despertarme y dormir cada noche a su lado.

Va hacia el jacuzzi y se pone a remojo. Sale mojado y se sienta en el borde para seguir cascándosela. La tiene de buen calibre. Para que veamos y salivemos con su tamaño, se la agarra con fuerza por la base y la sacude, luego se pone en pie, la suelta y se da una palmada desde arriba en el rabo para hacerlo rebotar. Me muerdo el labio, la tiene tan larga y gruesa que no puedo desearla más de lo que ya lo hago.

Se vuelve a meter en el jacuzzi y eleva el culete para que le veamos todo el periscopio. Se enjabona el cuerpo, también la polla para pajeársela con mayor suavidad. No sé los demás, no quiero ni mirarlos, pero yo me espero al final para correrme a la vez que él. Ya estamos a punto. Se la está machacando fuerte, al borde del jacuzzi. Me fijo en todo a la vez en apenas unos segundos. En su cara guapa, en sus abdominales marcados, en los pelos que surcan el valle entre sus pectorales, en los mojaditos de sus muslos, en los de sus sobacos. Suelta un gemido y frunce el ceño. Ha llegado mi momento, el momento de bañar el cristal con el jarabe de mis pelotas. Va por tí, Guido.

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