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El guapísimo y atractivo venezolano Agni Guido debuta follándose a pelo el culazo de Andy Star y corriéndose encima de su cara | Fucker Mate

Hard Pounding Debut

Para Andy Star era una suerte llegar del trabajo y encontrarse a su novio Agni Guido así de sexi, sentado en la cama, con los calzones y los calcetines puestos, ver su carita guapa con barbita y su sensual y arrebatadora sonrisa. Todavía había tiempo más que de sobra para echar un casquete antes de comer y volver al curro bien relajadito.

Deseaba besar su boca, sentir de cerca el ardor venezolano que le salía por todos sus poros, esnifar su paquetón con el rabo encerrado en unos ajustados slip blancos que lo hacían un manjar irresistible y bajar la goma poco a poco descubriendo ese pollón largo y gordo que tanto le gustaba, cayendo blandito como un plátano apoyado en los cojones.

Le levantó la minga y le comió los huevos. Nada le gustaba más que chuparlos, olerlos, después de haber estado encerrados varias horas. Era un olor a macho que le ponía cachondo. No dejó que la polla cayera, la recogió con la boca y comenzó a mamársela apretando fuerte con los labios, estirándola, descapullándola, sintiendo cómo crecía a lo largo y a lo ancho entre sus labios.

Seguía siendo ese pollón que caía hacia abajo como un plátano, solo que ahora ya no se apoyaba en las pelotas, se mantenía firme hacia el frente y había crecido casi tres veces su tamaño original. Volvió a levantársela para comerle los huevos y ahora la dejó caer sobre su cara, sintiendo el calor de un palo bien duro y caliente rebozándose por sus mejillas, por su nariz, por sus párpados y su frente.

Apoyó la cabeza en el borde de la cama para que su chico le metiera un gag the fag en toda regla, para que le penetrara la garganta a placer. Las pequeñas arcadas eran apenas una reacción lógica al paso de ese enorme miembro por su garganta, pero con mirar la entrepierna de su novio, con ese culito, sus pelotas y su pollón, se le pasaba todo y volvía a abrir la boca para que se la follara.

Sacaba la lengüita y jadeaba convertido en un cerdete, deseando rabo. Agni hacía rebotar su polla, remojando la punta del rabo en la saliva de su lengua y se la metía dentro. De vez en cuando le dejaba descansar poniéndole las bolas encima de los labios para que se los comiera otra vez.

Ver a Andy a cuatro patas sobre la cama, tan guapo, musculoso y con un culazo atrapa pollas redondito, suave y pomposo se la ponía bien dura. Agni se colocó de rodillas detrás de él y se la metió enterita, sintiendo cómo las paredes de ese mullidito ano acogían su enorme pollón y le daban placer. Andy se levantó y le pidió que antes jugara un poco con su culito.

Y jugó. Jugó a comérselo a bocados. Perdió la cabeza dentro de su raja, notando el roce de los glúteos en sus mejillas, metiendo la lengua y la nariz en ese orificio que desprendía un calor infinito. Le dio la vuelta dejándolo bocarriba en la cama y, antes de metérsela, contempló cómo el ojete le latía y parecía tener voz propia, porque estaba pidiendo a gritos que le metieran un rabo de los grandes.

Perfecta la postura para la forma curvadita como un plátano hacia abajo de su polla, la hundió dentro y se folló ese agujero tan delicioso que parecía no tener fin. Donde antes tenía la cabeza, al borde de la cama, le puso el culo, con Andy descansando su espalda sobre el suelo. Lo taladró de arriba a abajo, conteniendo la leche en los huevos, porque estaba viendo a su chico en todo su esplendor, con esos ojazos, su cuerpazo y su gran rabo rebotando con sus embestidas.

El instinto llamó a Andy. Había una cosa que le encantaba. Su novio con los calcetines largos, tumbado sobre la cama con la verga tiesa. Era como sacar a un futbolista de los más guapos del vestuario. A Andy siempre le ponía cachondo la idea y con su novio, que parecía uno de ellos, completaba esa fantasía una y otra vez. Hizo una sentadilla y se empaló en su miembro.

Entre que Andy no paraba de pajear el pollón con su trasero y que Agni no podía resistirse a culear desde abajo, el cabrón se cascó bien los huevos. Andy le dio la espalda y siguió saltando, dejando que su macho se recreara con su culazo blanquito y potente tragándose toda su mazorca, escupiéndola y volviéndosela a tragar.

Volvió a la postura inicial, a cuatro patas, cuando pretendía follárselo sin preliminares y él lo frenó. Viendo cómo le daba por culo, a plena potencia, culeando hacia adetrás y hacia adelante con gran amplitud, metiéndole y sacándole entera toda la berenjena, Andy se arrepintió de no haber dejado que se lo follase así desde el principio.

Hasta ahora sentía que había tenido el control, pero con Agni parcheando su culo, comenzó a perderlo. De tan duro que le daba, la polla que tenía bien dura le rebotaba entre las piernas, se despeinó y terminó gimiendo al sentir cómo esa rabo tan largo le azuzaba la próstata. Intentó mantenerse firme, haciendo fuerza para anclarse a la cama, resistiendo con su musculoso culazo, escuchándo el plas plas de las caderas de ese jovencito  empotrador chocando con sus nalgas.

Se dio la vuelta para que siguiera follándoselo a ese endiablado ritmo y poder ver su carita guapa. La tenía sonrojada y le encataba ver que tenía la mirada perdida, siguiendo los biorritmos de un animal al que le ha llegado la hora de follar, concentrado sólo en esa tarea, dando gusto a su enorme polla dentro de un agujero apretado y caliente.

Le encantaba ver a su chico así, como una bestia. Andy se agarró la verga y se masturbó hasta correrse encima, decorándose el six-pack con un montón de leche. Ahora el de la mirada perdida era él, pero tuvo que fijarla enseguida cuando su noviete le sacó la tranca del agujero y fue caminando lentamente de rodillas pajeándose encima de su cara.

Tener el pollón encima de la jeta, a punto de escupir leche, le dio un gusto extra que le provocó una segunda corrida inesperada. Andy inclinó la cabeza y vio cómo un buen disparo de lefa le salía por la polla cayendo a lo largo de todo su torso. Se había sacado tanta leche que tenía la empuñadura de la mano blanca. Ahora sí giró la cabeza y sacó la lengua para recibir.

Agni puso cara de gusto, cerró los ojos, echó hacia atrás la cabeza y la volvió a bajar justo a tiempo para ver como metía unos buenos trallazos de lefa a su chaval. La mayoría de perdigones acabaron desperdigados por la cama por la potencia con la que salían, completamente descontrolados, pero el gustazo de ver los chorrazos desfilando por encima de esa carita tan guapa le hicieron soltar más. Así le dejó los morritos, llenos de leche, para que le jalara una vez más la verga. Los dos corridos y relajados, dispuestos para volver a la faena.

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