La Familia Polla: Mi padre nos enseña a follar y comernos las pollas a mi colega y a mí | Family Dick

En pleno verano y teniendo que estudiar ya para los putos exámenes de septiembre, vaya tela. Quizá por eso decidí llamar a mi colega al que le habían quedado las mismas asignaturas, pero ni con esas, los dos terminamos muertos de aburrimiento en la mesa del comedor con pocas ganas de aprender nada, porque nuestras cabezas no podían retener otra información que no contuviera la palabra rabo en sus páginas.

Cuando mi madre se fue de compras, vi el cielo abierto. Mi padre era super enrollado. Los que leéis esto no podríais creer cuánto, pero cuando os lo cuente me daréis la razón. Con él se podía contar para todo y cuando digo todo es todo. Le dije a mi colega que llamásemos a mi padre que estaba en el salón viendo una peli y cuando llegó le propuse enseñarnos a los dos una de esas cosas que nos gustaban a los hombres, ya sabes. Le guiñé un ojo y nos pusimos los dos a cada lado, ya hechos unos hombretones sacándole casi una cabeza de altura.

Mi padre nos agarró por la espalda y fue bajando sus manos hasta nuestra cintura y más abajo mientras nos miraba. Yo ya conocía esa mirada, la que ponía de vicio, la de ganas de comer polla. Ese día que estábamos en compañía, hizo las cosas de forma distinta. Se convirtió en un mamporrero encargado de conducirnos al camastro.

Hizo que mi colega y yo nos besásemos, acariciásemos y se encargó de ir quitándonos la ropa y dejarla aparte. Cuando le apetecía, nos sobaba los paquetes sobre los pantalones o nos metía la mano por encima de ellos tocándonos lo más sagrado de nuestra sexualidad. Insistió en que le bajase los pantalones a mi amiguete de estudios y cuando lo hice pude ver que el cabronazo estaba empitonado, con una buena porra tiesa y dura apuntando al frente.

Yo hice lo mismo, la tenía igual de dura, no tan larga como la de él, pero había sacado unos buenos genes de mi padre de los que sentirme orgulloso. Mi padre dejó que nos diésemos cariño allá arriba mientras él se arrodillaba entre los dos para chuparnos las dos jóvenes pollas. Nos enseñó a hacernos un sesenta y nueve. Yo le comí el rabo a mi colega y él se dedicó a acicalarme el ojete. Sentía lengua y dedos y esos dedos eran los de mi padre abriéndome el culo.

Unos dedos que se intercambiaron por una buena polla, la de mi amigo, que animado por mi padre, se aventuró a metérsela a otro hombre por primera vez en su vida. Mi padre quería lo mejor para mí, por eso me protegía, azuzando al chaval a meterla, siempre detrás de él, controlando que me la metiera como había que metérsela a un hombre. Cuando mi amigo se corrió, yo estaba allí para tragarme toda su lefa.

Y ahora a ver cuánto ha aprendido mi chico” dijo mi padre dirigiéndose a mí. Puso su enorme y peludo culo a mi disposición y se la metí hasta el fondo. Me lo follé bajo la atenta mirada de mi colega, al que dejé que probase la descarga de leche de mi progenitor. Yo ya había disfrutado de eso antes y me relamí los labios cuando vi la boca de mi amigo expulsando semen. Con los cojones descargados, a lo mejor ahora nos concentrábamos más en los estudios.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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