Mario Galeno empala el culazo redondito de Patrick Dei sin condón con su fornida polla | Fucker Mate

Nada más despertarse por la mañana, Mario Galeno y Patrick Dei habían coincidido en el baño. Patrick esperaba su turno en la puerta para mear mientras veía a Mario de espaldas, su culete empotrador y echando la cabeza hacia atrás, suspirando de gusto cuando desalojaba la vejiga. Se metió en la ducha después de hacerlo. Patrick siguió sus pasos.

El jabón estaba justo al lado contrario por el que Patrick se había metido en la bañera. Mario muy juguetón le dijo que si quería gel de ducha, que lo alcanzase él. Eso significaba agacharse un poco, rozar el cuerpo de Mario y tener su rabo demasiado cerca durante unos breves segundos. Y fueron precisamente esos segundos los que marcaron la diferencia esa mañana. La diferencia entre que cada uno se marchase después a su habitación a masturbarse o la de follar entre ellos.

Cuando Patrick se levantó, su rabo, ahora morcillón, chocó con el de Mario. Con la trempera que llevaban los dos, aquello acabó en la ducha con besos y tocamiento de rabos. Se llevaron la acción a la sala de estar. Mario se sentó en el sofá con su tercera pierna enorme de capullo brillante mirando hacia lo alto y Patrick se arrodilló frente a ella para comérsela a bocados.

Menudo pepinaco, se lo tragó muy adentro hasta ahogarse, varias veces. Después ocupó el lugar de Mario poniéndose de espaldas y enseñándole su poderoso culazo. El que estaba de rodillas ahora era Mario, dándose un festín metiendo los morros en la rajeta, separando los cachetes con las manos y dando cera al agujero que en breve se dilataría más al paso de su polla caliente y guerrera.

En ese piso ya no había condones, se los habían terminado hace días y tal y com estaban empalmados y calientes tampoco había posibilidad de bajar a comprarlos, así que tocaba lubricar de otra forma. Patrick volvió a comerle el trabuco gordo y duro hasta llenarse la boca como un pavo y cuando se lo dejó brillante con su saliva encima, gateó hasta ponerse sentado encima de sus piernas.

Sintió la pollaza calentita rozándole la raja del culo, después la mano de Mario pasando por debajo, cogiéndose su propia polla, encaminándola hacia el agujero y el cipote y los primeros centímetros de rabo se le metieron dentro a pelo. Era tan gorda y estaba tan dura como una estaca, que le salió un gemido incontrolable.

Una vez se acostumbró al diámetro de ese pepino, comenzó a saltar al trote haciéndole una buen pajote con el culo. Se dio cuenta de que podía saltar alto, por eso lo disfrutó tanto. Y no era sólo el gusto que le daba por detrás, sino lo que sucedía por delante, su polla y sus cojones aprisionados entre su cuerpo y los abdominales de Mario proporcionándole una inesperada y agradecida paja cuerpo a cuerpo.

Mario ejerció de macho empotrador como esperaba de él. Se lo llevó a la cama, se colocó detrás de Patrick y se la enchufó con rabia. La tenía tan dura que no le hacían falta manos para conducirla en esa posición hacia el interior del ojete. Allí donde hacía falta el lubricante del condón, lo suplía sacando la polla y escupiendo dentro de ese culo que ya tenía una abertura impresionante.

Volvió a sentarse en sus piernas, clavándose toda la pija, solo que esta vez fue Mario el que llevó la voz cantante empujando hacia arriba. Le daba tan duro, que Patrick se dejó caer sobre el cuerpazo de su follador y acalló sus gemidos metiéndolos en la boca de Mario con un profundo beso.

Hicieron el vaivén. Ni siquiera se desengancharon para que ahora Patrick quedase de espaldas al otro lado de la cama bien follado. Con esa pollaza metiéndose y saliendo dentro de su ser, Patrick se brindó una corrida encima desalojándose bien los huevos y dejándose la lechecita alrededor del ombligo.

Mario mantuvo la polla dentro de su culo mientras el chaval se recuperaba del pajote, cortesía entre hombres que se llama. Después de eso, salió disparado, andando de rodillas sobre la cama hasta tener la escopeta cargada sobre la cara de Patrick. La leche blanquita comenzó a salir de su polla y caer sobre la cara dejándole una hilera de semen desde la frente hasta la barbilla, en tal cantidad que Patrick se vio obligado a escupir tanta leche que se le había metido ya por la boca.

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