El alien cazador Johnny Hill peta sin condón el culazo de Adrian Hart con su larguísima polla en Halloween | Next Door

Demons From Hell

Se metió como siempre en la cama, con los pantalones del pijama puestos, sin calzoncillos para que su pija retozara libre, se empalmara y se quedara flácida cuantas veces quisiera en la noche sin sufrir apretada en unos ajustados calzones, con el torso desnudo. Al despertarse, o quizá sumido todavía en una pesadilla digna de Halloween, Adrian Hart estaba encerrado en una oscura habitación de cuatro paredes en la que no había salida.

Una mesilla de noche llena de telarañas y un colchón apoyado en una de las paredes donde se leía “chico cerdo“. ¿Era él el chico cerdo? Puede que todo esto le estuviera sucediendo por ser tan malote esa noche, por beber hasta las tantas para celebrar la fiesta de los muertos vivientes, por calzarse en los baños del pub más de una polla, por meterse en el retrete a dos tios que se lo follaron a pachas, por ser tan cerdo.

Dos figuras negras con cara de alien y de enormes ojos rojos como salidas del averno salieron del colchón. ¿Podían ser de alguna forma la simbología de aquellos dos chicos del baño que volvían de la ultratumba para reclamar de nuevo su culo? De momento lo que reclamaron fue su boca. Le hicieron arrodillarse y una de las criaturas se sacó la picha, una bien larga.

Adrian estaba asustado, pero una buena polla en la boca siempre le calmaba, aunque fuera la de un alien. Siempre se había preguntado si los seres del espacio exterior, tal y como los representaban en los comics y películas, tendrían todo igual de largo que sus cuerpos, brazos, manos y dedos. Y sí, vaya que si lo tenían todo largo.

La segunda criatura ayudaba a la primera a que la mamada transcurriera como debía. Luego desapareció y se quedó a solas con el cazador, que le puso de espaldas contra la pared y le penetró el culo sin condón con su formidable polla alienígena. En un momento Adrian ya estaba siendo follado en volandas Apoyado con el pecho y los brazos en la pared, la criatura le tenía las piernas cogidas en carretilla a cada lado de las suyas.

El alien dejó de follar, le hizo comerle la polla una vez más y después se despojó de su fina piel negra moteada de líneas blancas. Y debajo de esa piel había carne de hombre. Y debajo de esa piel… joder, estaba su colega Johnny Hill y todo había sido una broma. El cabrón le había metido algo en la bebida y llevado a aquel lugar para meterle el mayor susto de su vida.

No supo cómo reaccionar. Por un lado quería partirle la cara, por otro estaba dando gracias porque aquella pesadilla no fuera real. Bueno, ya que estaban allí los dos intimando tanto, ya que se la había metido y se la había chupado, pues a seguir follando. Adrian se puso a cuatro patas sobre el colchón de chico cerdo y Johnny le comió todo el ojete, empezando todo de nuevo, esta vez conscientes de quién era cada uno.

Amigos desde la infancia, Adrian no sabía que su colega calzaba tan bien. Se la había visto muchas veces meando en los baños, empapada y colgando en las duchas, pero nunca empalmada. Larga, durísima y gorda. Qué bien conjuntaba con su culazo morenito y qué ajustada entraba por el agujero. Johnny le culeó con mucho gusto. El tio estaba bien sexy, con el torso bronceado pero después más blanquito desde la cadera hasta abajo. A Adrian le ponía mucho que le bomberan tios con un culazo tan bien definido y blanquito.

Se pasó la mayor tiempo a cuatro patas dejándose dar por culo a pelo. Luego se dio la vuelta y se dejó amar por su colega. Los dos más juntos que nunca, su torso encima, caliente, enérgico, tatuadito, empotrador. Adrian se vino arriba y dejó escapar la leche encima de su vientre. Johnny siguió dándole caña un buen rato hasta que sacó la pija y se la meneó bañándole las nalgas de leche.

La lefa se quedó pegada a una de ellas como una telaraña gorda. Johnny le puso de nuevo a cuatro patas y con el dedo índice se la fue recogiendo y metiendo por el ojete. Ese mismo dedo bien mojado lo condujo hacia su boca. Qué exquisito placer ver esos morretes gruesos y suaves apresando su dedo, saboreando su propia leche. Menuda celebración de Halloween. Tres tios en apenas dos horas y un buen susto.

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