Ryan St Michael enseña a su chico Texas Twink cómo se lo pasan en grande los tios con sus rabos sin necesidad de chicas | Family Dick X Say Uncle
You Don't Need a Girlfriend, You Can Have Fun Playing With Your Stepdad's Dick
Cada vez que Texas Twink tenía un mal día, se construía un refugio con las sábanas, mantas y almohadas que tenía por la habitación y los armarios. Ciertamente parecía una tienda de campaña, con la única salvedad de que no estaba al aire libre. ¿Qué había sucedido esta vez? Ryan St Michael se acercó a su hijo y le acompañó en el interior. Resultó que una chica le había dejado tirado y no había sido la primera en estos últimos meses. «¿Quién necesita a las chicas? Yo a tu edad y mis colegas, cuando ellas preferían a otros, nos consolábamos haciéndolo entre nosotros. ¿Quieres que te enseñe cómo lo hacíamos?«, le aconsejó su padre.
Asintiendo con interés a todo lo que le decía su padre, a Texas se le iluminaron los ojos y su cara era de auténtica expectación y emoción cuando vio que su padre se estaba bajando los calzones. No era la primera vez que se la veía, pero sí la primera que se la veía empalmada. No le quitó ojo de encima. La tenía larguísima y delgada, con unos buenos huevos colgando. Texas, acostumbrado a vérselas a sus compañeros en los vestuarios, no estaba habituado a ver la de tios que le superaban en edad. Una sonrisa acudió a sus labios cuando su padre retiró la mano de la polla e invitó a su hijo a tocársela.
Su rostro ahora era de placer. Era la primera vez que tocaba un rabo que no era el suyo y eso le abrió un mundo nuevo de posibilidades. Estaba durísima y caliente. A Texas se le puso morcillona. Su padre enseguida lo notó por el bulto que se destacaba en el frontal de sus pantalones. Se lo sobó. Texas se bajó los pantalones y empezó a masturbarse. Padre e hijo, codo con codo, disfrutando de una buena paja juntos.
Las manos de Ryan acudieron a los muslos de su chaval. Se lo acarició, también los alrededores, Texas sintió el roce de los nudillos de sus dedos rozándole las bolas, hasta que al final, mirándole y lanzándole una sonrisa, Ryan retiró la mano de Texas del pene y se hizo con el mando de la polla de su hijo. Más que pajearla la acariciaba con tacto, lo que hizo que a Texas se le pusiera bien tocha.
Lo siquiente que vio fue a su padre inclinarse, relamerse los labios y meterse la polla en la boca haciéndole una mamada. Texas cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás del auténtico gustazo que sentía con esos labios apretando su verga y sus cojones se llenaron de leche al sentir el aliento de la boca de su padre sobre el rabo, las caricias de sus labios repasándole la polla de arriba a abajo, ensalivándola, dejándola bien empapada.
Con el sabor a rabo en la boca, le besó. Todo era muy cerdo, apasionante y pecaminoso. Se suponía que no debía estar haciendo eso con su propio padre, pero era jodidamente excitante. Un momento imaginaba a su padre como si fuera un colega del insti y enseguida reparaba en que no era un amigo cualquiera. «Hoy no está mamá, vamos a mi habitación«, le sugirió Ryan.
Allí intercambiaron pajas y Ryan se puso a cuatro para chuparle la polla a Texas una vez más. Esta vez lo estaba haciendo ayudado de la mano y la boca, cubriéndole el pene entero de delicias. Texas miraba a su padre ahí de rodillas, chupando rabo, desnudo de cintura para abajo, con el culo en pompa. Le empujó para que se quedara sentado en el colchón a su lado y le devolvió la mamada.
Su padre se abrió ligeramente de piernas y dejó pasar entre ellas la cabeza del chico, que se metió la pirula en la boca y empezó a presionar con los labios, succionándola y sacándola del interior. Ryan puso los ojos bizcos, la chupaba bien el chaval, tenía buena boca. Para ser la primera que se pimplaba, se le estaba dando de putísima madre.
Se quedaron completamente desnudos sobre la cama y Texas no era tonto, lo había visto en las pelis. Cuando su padre se bajó de la cama y fue dando pasos hacia el lado donde estaba él, supo qué debía hacer. Tumbó bocarriba su cuerpo juvenil y atlético, precioso, musculadito, y se abrió de piernas al borde del colchón. Unas piernas blanquecinas, fuertes y peluditas a pesar de su temprana edad.
La polla de su padre ahora estaba toda tiesa apuntando hacia arriba. Ryan le pasó las manos por los muslitos, le rozó las pelotas, le metió un dedo por el ojete para comprobar lo apretadísimo que estaba. Se inclinó hacia su hijo conduciendo la polla dura hacia la entrada, blandiéndole el ojete hasta tenerla dentro sin condón. Acababa de desvirgar a su chaval en un solo movimiento.
La mantuvo dentro de Texas un buen rato, acostumbrándose a lo cerradito que estaba. Cualquier ligero movimiento que hiciera, presentía que le iba a dejar la leche dentro de lo mucho que le gustaba. Respiró hondo y empezó a follárselo poquito a poco. Aquello era demencial. Se echó sobre Texas gimiéndole bajito al oído, echándole el aliento del gustazo de la follada.
Le hizo darse la vuelta y le dio por culo. Dios, qué culito tan precioso, blanco, suave y redondito, el sueño húmedo de todo hombre hecho realidad. Inclinó el torso apoyándolo sobre la espalda de su hijo y le penetró con un gusto exquisito, culeándole por detrás, poseyéndolo. Le tumbó de lado sobre la camita. Texas elevó una pierna dejando al descubierto su trasero. Ryan apreció el pedazo agujero que le había hecho al chaval, un ojete rosáceo, recién desvirgado, con los pelitos de adolescente mojados alrededor.
Le hizo un dedo antes de tumbarse a su lado y hacerle el amor a la cucharita. Volvió a follárselo de pie, con Texas abierto de piernas al borde de la cama. Se la metió duro hasta que Texas se corrió encima. Sus fosas nasales se abrieron a tope, fruncía el ceño de su frente, lo relajaba, la boca abierta exhalando gemiditos de gusto. Su mirada, perdida, se dirigió al rabo al sacarse la leche, mirando cómo salía de su polla y se depositaba toda blanca y espesa sobre sus marcados abdominales y el ombligo.
Con la polla colgando toda tocha como una buena morcilla y ese cuerpecito atlético y de tez blanquecina sudado en leche, Texas hincó las rodillas en el suelo y miró hacia la entrepiernas de su padre, que se acercaba firme y seguro rabo en mano posándole una mano sobre la cabeza, obligándole a mirar hacia arriba. La guapísima e inocente carita de su chaval, fue suficiente para que Ryan arrancara todo el jugo de las pelotas.
El primer lechazo salió volando hacia el lado izquierdo de la cabeza de Texas, dibujándole una parábola de leche en todo el pelo que fue resbalando por encima hasta desaparecer detrás de su oreja. El disparo también había acertado de pleno sobre la mejilla, justo debajo del ojo. Parecían lágrimas de semen. Le dejó el resto de la corrida en la barbilla. «¿Te ha gustado? Los tios siempre estamos preparados para pajas, mamadas y folleteo. ¿Todavía crees que hacen falta chicas para pasárselo bien?«.
Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.











