Jock the Stripper abre el ojete para que el tiarrón de Tripp Tallon se lo taladre a pelo con su gigantesco pollón junto a la piscina | Say Uncle X All Stars

Everybody Wants to Fuck Pool Boy Jock the Stripper

5 TOP GAY PORN SITES

Pagaba bien y Tripp Tallon era un muy buen jefe, pero para Jock the Stripper era un poco… cómo decirlo… insistente, por no decir que pesado. Limpiar la piscina requería paciencia y si el dueño de la casa estaba mirándote todo el rato mientras trabajabas, las cosas al final no se hacían de la misma manera, porque te veías todo el rato bajo una lupa. Si Jock soportaba esa vigilancia constante era por dinero y, joder, por qué no decirlo, porque su jefe, ahí donde le veías alto y fuerte como un armario empotrado, estaba buenísimo.

Resultaba que ese machote, cuando su mujer se largaba de compras con las amigas o de vacaciones, la dejaba irse sola mientras él se quedaba dueño y señor de la casa haciendo amigos. Sí, Jock se había dado cuenta de que en cuanto ella salía por la puerta él hacía unas llamadas y a los pocos minutos ya tenía en la puerta a un tio al que se llevaba a la habitación de matrimonio para cepillárselo. Y lo sabía porque había entrado en la casa a hurtadillas, había subido las escaleras y había puesto la oreja contra la puerta escuchando los gemidos.

Desde que sabía acerca de esas aventurillas del jefe, no podía dejar de pensar en la pedazo de polla que tendría para hacerles gemir como lo hacían, porque no eran gemiditos de gato, qué va, eran gritos de que directamente te estaban partiendo el culo en dos. Por suerte para Jock, no tardaría mucho en ver la verga a Tripp, porque ese día, en lugar de hacer la llamadita de turno, el jefe decidió pasar la mañana en la piscina con su trabajador favorito.

Ya, Jock ya se había dado cuenta de que el jefe no llevaba calzones. Se paseaba por ahí con la minga danzando entre las piernas, campaneando contra el frontal de los pantalones de lino. Pero por si acaso le quedaba alguna duda, mientras él estaba limpiando la picina con la red, Tripp se puso a escasos metros de él desnudándose por completo hasta quedarse en bolas. Primero la camisa hawaiana, que señor bendito, cómo se le fueron los ojos y se quedó con la boca abierta Jock al ver ese torso del demonio, fuerte donde los haya, musculoso, con todo bien marcado, tanto que no le extrañaba que los chicos gritaran de puro placer.

Los pantalones después, dejando a la vista una polla larga y bonita, sin capucha, bien gordita, rebasando la longitud de sus cojones por mucho. A Jock empezó a latirle el corazón a mil, a sudar, el ojete se le estaba haciendo pepsi cola solo de pensar en que podía ser la próxima víctima de ese vividor. Quería ser la siguiente víctima de ese vividor.

Tomó asiento en la tumbona veraniega de rayas azules y blancas, cogió el bote de protector solar y preguntó a Jock si quería darle cremita por el cuerpo. Temblando como una hoja al viento en una rama, Jock se acercó y comenzó por los hombros para seguir con los pectorales, cosa que ya le puso cachondo, luego siguió por los muslos, introduciendo las manos entre las piernas del jefe y al final lo hizo, no pudo resistirse a la tentación de posar la mano en el rabo.

Al hacerlo, Tripp giró la cabeza y le miró. «¿Qué atrevido eres tú, no?«, le soltó. Pero en ningún momento le retiró la mano de sus partes nobles, al contrario, le lanzó una sonrisa y le dejó seguir, así que Jock le cogió la cola con la mano y empezó a darle un buen masaje. Uhhh qué buena. La tenía calentita y con cada manopla que le daba, más le crecía a lo largo y ancho.

El jefe le pidió desnudarse. Le gustaban los jovencitos, sobre todo Jock, con el que tenía una cuenta pendiente que no el propio interesado sabía y es que Tripp hacía tiempo que había hecho una apuesta con sus colegas y estaba a punto de saber la respuesta. ¿Los pelirrojos tenían los pelos de la polla del mismo color que el de la cabeza y del resto del cuerpo? Jock se bajó los pantalones con la serpiente colgando de una buena mata de pelos rojizos. Ahí tenía la respuesta.

Tras desnudarse por órden de Tripp, Jock se arrodilló ante él, le cogió la polla y se la llevó a la boca, dándose cuenta de que le había crecido tanto y la tenía tan puto gorda que apenas le cabía dentro. Ya solo el cipote se la llenaba enterita, pero la forma del rabaco le daba un placer tan enorme a la vista que no podía parar de chuparla y digerir más trozo, cada vez un poquito más. Alejaba la cabeza del pollón de vez en cuando y se daba cuenta de que hasta podía cogerla a dos manos y meneársela. Era gigantesca, lo que se podía esperar de un tiarrón así de grande.

A Jock le trajo recuerdos de cuando no hacía mucho se ganaba el sueldo montándose en los asientos de copiloto de los camioneros. Ahí es cuando se dio cuenta de que esos tios de barriga cervecera se gastaban las pollas más gordas quehabía visto nunca. Pero la de su jefe actual era descomunal, no había visto cosa igual. Lo mejor es que cuanto más chupaba, más dura y gorda se volvía, lo cual ya era demasiado para Jock, que acabó abriendo la boca como nunca.

Mamada, pajote y comida de bolas arrugás. Qué buena dote tenía Tripp entre las piernas. A Jock ya se le había puesto dura también hacía un buen rato, solo que la suya, también bastante larga, ahora estaba toda empinada hacia arriba. Bastó con que Tripp le sugiriera por primera vez que quería follárselo para que Jock le diera la espalda y se inclinara sobre la tumbona con las piernas ligeramente abiertas, entregando su formidable, redondo, suave y blanquito culo a ese hombre.

Por fin Jock iba a saber lo que sentían esos tios a los que Tripp se llevaba a la habitación cuando no estaba la mamma. Menudo cabrón, ni siquiera se agachó para preparar el culito, se puso detrás de Jock y confió en que tuviera el ojete lo suficientemente abierto como para que cupiera dentro toda esa monstruosidad de polla, monstruosa en el buen sentido, de grande y jodidamente gorda.

A la primera no entró. Nada más sentir todo ese cipote enrome en el agujero, Jock se cerró a cal y canto, como si su culo dijera «hostia, que esto es demasiado grande y me va a destrozar«. Pero Jock convenció a su culito de que abriera la mente, de que al principio iba a doler un poco pero que no podía dejar pasar la ocasión de tener una polla como esa dentro. El ojete se abrió  de par en par, Tripp pasó con todo y rellenó el culito del chico con su flipante pollón, regalándole el meneo de bolas entre las piernas, que chocaban contra sus cojones y le rozaban la parte interna de los muslos cada vez que se la metía.

Ahora era Jock el que gemía en alto, no dentro de una habitación a escondidas, sino fuera en el jardín, junto a la piscina. Ahora se daba cuenta de cómo embestía ese cabrón, metiendo su enorme rabo en culitos que no estaban preparados para tal envergadura pero que, sin embargo, se abrían por completo para dejarle pasar y disfrutar de todos esos pollazos.

Si la mujercita de Tripp supiera lo mucho que este se encariñaba con los culitos de los chavales jóvenes. Tras cepillárselo en la tumbona, hizo ponerse a Jock bocarriba y con las piernas abiertas. Esta vez sí le dedicó un rato a trabar el culo. Jock jamás olvidaría la cara de satisfacción y auténtico placer de Tripp al verle el trasero blanquito y redondo con la raja completamente abierta y el pedazo agujero que acababa de hacerle, cuando llevó su mano grande y viril al pandero y con la yema de uno de sus grandes dedacos empezó a sobarle la entrada del ojete, carnosa y latiente.

Le metió un dedo que Jock sintió como una pollita. Se le escapó un gemidito de gusto. Luego dos dedos y Tripp le palmeó el ojete con la mano como si fuera un practicante a punto de ponerle una inyección. Le escupió en el hueco y volvió a la carga, primero un dedo, luego otra vez dos, luego se puso de pie frente a él, hizo una sentadilla hasta tener la polla a la altura de ese culazo y se lo folló a pelo.

Qué sensación tan buena tener encima a ese tiarrón dándolo todo, sentir el golpeteo de sus bolas en el culo, su enorme polla atravesándole. Todo era un regalo para la vista, su cara de empotrador, su barbita, sus hombros redondeados, sus biceps descomunales y musculosos, con las venas bien marcadas. Estaba sudando y cada vez metía una marcha más.

No iba a ser Jock el que frenase toda esa pasión y Tripp tampoco estaba por la labor de sacarle el rabo. Tripp comenzó a darle duro. Su cara ya reflejaba que estaba a punto de caramelo. Gritó de júbilo mientras seguía trincándose al chaval y le preñaba por dentro. Nada más sacar la polla, Jock se dio cuenta de que su ojete empezaba a cerrarse y expandirse, latiendo en deseos de tener dentro esa polla. Se había acostumbrado tanto a ella que ahora la echaba de menos. Y al expandirse, ahora un poso blanco le dibujaba todo el contorno.

Puede que la mamma no estuviera mientras ocurría todo aquello, pero el que ahora estaba mirando por el ventanal dentro de casa, sin dar crédito a lo que acababa de ver con sus propios ojos, era el guaperas de ojos azules de su hijo. Sí, acababa de ver a su padre desnudo, culeando al piscinero. Ahora tenía dos opciones, o correr a chivarse o mantener el secreto. Chico listo si elegía la segunda opción, por la de pajas que podía meterse viendo a su padre zumbándose a otros tios podía ser apoteósica y porque, quién sabe, quizá algún día le chantajeara para ser él quien recibiera en su culito juvenil esa pedazo de mastodóntica pollaza que acababa de ver. Sería tan fácil como olvidar que eran padre e hijo.

VER LA ESCENA COMPLETA EN SAYUNCLE.COM

VER LA ESCENA COMPLETA EN SAYUNCLE.COM

Mostrar más
Botón volver arriba