Nicholas Ryder llega todo pedo en nochevieja, se folla sin condón el apretado culito del jovencito Jacob King y le mete una preñada | Say Uncle X Family Dick
Start the New Year With a Bang! Wear Red Underwear to Get Pounded By Your Stepdad
Me llamo Jacob King y mi padrastro Nicholas Ryder está buenísimo. Prefiero empezar así mi relato de cómo fue mi primer día del año para que podáis entender por qué pasó lo que pasó esa mañana. Vivir con otro tio en el mismo piso a veces es complicado, pero más si tu madre no está y tu padrastro y tú os habéis quedado solos conviviendo. Sí, mamá se largó con otro a otro país, pero yo decidí quedarme con este cabrón porque necesitaba seguir con mis amigos y con mi vida de siempre.
No os mentiré, la otra razón que me convenció para quedarme es precisamente él, lo semental, facilón y buenorro que está. Convivir con alguien como él no es fácil. Lo deja todo tirado por ahí, se mea en la tapa del váter sin apuntar, se pase en bolas continuamente y no para de traer compañía a casa, cada noche una tia o un tio diferentes para trajinárselo.
No obstante es esto lo que hace que me guste. Cuando digo que deja todo tirado por ahí, me refiero a todo y con todo me refiero también a condones. He llegado a encontrarme en su habitación a la mañana siguiente hasta tres, de un día que se trajo amigos. No, si os preguntáis si los cojo con pinzas para tirarlos a la basura, no. Me pone super cachondo verlos ahí tirados por las sábanas, suelo sentarme en su cama toda revuelta y oliendo a macho, me desnudo y me hago una buena paja olisqueando cada rincón de las sábanas, cogiendo los condoles, paseándolos por mi cuerpo, por mi cara y vierto su contenido sobre mi polla y mi cara, imaginando que yo también estuve esa noche follando con ellos.
Llego con ojeas al insti por su culpa y es que todas las noches, en cuanto escucho el apogeo al otro lado de la pared, los golpes fuertes y los gemidos, me aproximo de puntillas a su habitación y le veo siempre encima, empotrando, con ese culazo de macho que tiene. Otra paja que cae junto al marco de la puerta, aprovechándome de que no se da ni cuenta.
Ni me pregunto acerca de su éxito, que viene dado por esa cara tan atractiva y ese porte de daddy joven que encandila a cualquiera. Me encanta lo desinhibido que es. Por las mañanas se pasea en pelotas y yo siempre ando atento al momento en que sale de su habitación para ir al baño, aumentando mis pulsaciones cuando le veo andando completamente desnudo y con el pijote colgando todo morcillón.
Pero al lío, que me voy del tema. La mañana de año nuevo, el hijo puta llegó pedo. Yo había estado celebrando la nochevieja con unos colegas y estaba todo manga por hombro, me había quedado dormido en el sofá. Por suerte algún coleguita me había echado una manta por encima antes de irse. Nick, como yo le llamo habitualmente, porque llamarle papá pensando esas cosas de él no se me antoja, me despertó con un matasuegras y empezó a hacer gilipolleces.
Se bajó los pantalones y flipe con su paquete. Llevaba puestos unos calzones amarillo chillón que le marcaban todo el frontal sin dejar lugar a la imaginación. Se le dibujaba perfectamente la cola, el cipote, los huevos. En su cabeza todavía era nochevieja y no habían dado las campanadas. Se había bajado los pantalones para explicarme que era tradición ponerse algo rojo y a continuación sacó de su chaqueta unos gayumbos de ese color pidiéndome que me los pusiera.
Me quité la manda de encima, me puse de pie, me bajé los pantalones del pijama, le cogí los gayumbos y me los puse. Era la primera vez que dejaba que me viera mis partes. Noté su mirada atenta en mí, en mi entrepierna y vi cómo asentía con la cabeza al verme el rabo. La primera vez que me veía así y la primera vez que me ponía la mano encima. La alargó para tocarme el paquete. Pensé que lo hacía para ver cómo me quedaba, pero no, el tio empezó a sobarme la verga.
Yo también le hice lo mismo y acabamos los dos sobándonos los paquetes. Me encantó sentir el tacto de su rabo y sus pelotas, aunque fuera por encima de la tela. Miré hacia arriba y me encontré con su cara, mirándome también fijamente. Algo dentro de mí se enamoró perdidamente de él en ese momento y definitivamente pude comprender por qué todos y todas caían en sus redes. Guapo, atractivo, con una mirada irresistible.
Le di lo que quería, lo que quería todas las noches, un culito donde meterla. Solo me hizo falta darle la espalda, ponerme a cuatro en el sofá, y al momento ya estaba bajándome los calzones por detrás, sobándome el culo con sus manos y metiendo los morros en mi raja. Sentí su lengua húmeda acariciando mi agujero, su aliento cálido entrándome por el ojete. Qué puta maravilla.
Se incorporó y me di la vuelta. Él se levantó la camisa y me enseñó su erección. Ya no la llevaba ajustadita en el frontal, qué va, la tenía toda tiesa y casi la mitad de la polla se le escapaba por encima de la goma. Nada de la puntita, la mitad de la polla de lo larga que la tenía. Entre los dos tiramos de la goma hacia abajo y nada más vérsela se la agarré con la mano y me puse a chupársela.
Como no me cabía entera en la boca, solo la mitad, suplía el resto con buena mano, pajeándosela a tornillo. No podía creer que se la estuviera chupando a mi padrastro, con las ganas que le tenía. Entré en un estado hipnótico en el que la secuencia se repetía una y otra vez, sacando y metiendo su polla por mi boca, mis ojos acercándose y separándose de los pelos de su polla, de su abdómen, su ombligo.
Tuve que hacerlo bien, poque se sentó en el sofá con una sonrisa en la cara y dejó que se la siguiera jalando mientras él estiraba el brazo y me acariciaba el culo y la espalda, agradeciendo la mamada. Así chupándosela de lado, me di cuenta del pedazo de pollón que tenía y me apliqué en la mamada para que cuando se le hubiera pasado la borrachera la recordara.
Puede que mi madre se hubiera extrañado al ver lo que iba a suceder a continuación, o quizá no y ese fuera el motivo de que se hubieran distanciado y es que ese tio era un promiscuo y le daba a todo, porque cuando me incorporé, se inclinó hacia mi y me comió la polla. Con lo que ya supondréis que me gustaba por lo que os he contado, podréis imaginar lo que me costó contener la leche en las pelotas cuando tuve esa atractiva cara en mis bajos, mirándome desde su posición, sacando la lengua, relamiendo mi pene erecto, metiéndosela en la boca y yo aguantando los machos sintiendo el roce de los pelillos de su bigote en todo el rabo.
Me la chupó durante un buen rato y comenzó a hacerse una paja mientras me la mamaba. Siguió mirándome mientras volvía a incorporarse y me pidió que me sentara sobre sus piernas. Cómo iba a negarme con esa cara y esa mirada de vicio, la de un tio que estaba deseando hacérmelo. Si era así como se las gastaba con todos, normal que acabaran gimiendo en alto y gozándolo del puto éxtasis de consumar con un chulazo así.
Le di la espalda, subí mi pierna adolescente y peluda al sofá dejando la otra apoyada en el suelo para abrirme de piernas y empecé a hacer una sentadilla. Sentí el roce de su pene hundiéndose poco a poco en la raja de mi culo y no pude evitar pensar que por fin yo iba a ser una más de sus conquistas, que iba a sentir lo mismo que sintieron mamá y todos los tios y tias a las que se había follado ese cabrón.
El momento en que la polla me penetró el culo sin condón fue especial para los dos. Para mí poque por fin le tenía dentro, dentrísimo y para él sería un culo más, pero no sería uno cualquiera, porque le vi entornar los ojos cuando el rabo entró ajustadísimo dentro de mi virginal ojete. Salté tímidamente porque dolía un poco, la tenía demasiado grande, le miré y se me pasó todo.
Esa mirada que tenía, las sonrisas que lanzaba aportando seguridad, sabiendo lo que hacía, era como ir de prácticas en el coche de la autoescuela. No me soltó ni un momento de la mano. Me miraba a los ojos, luego a la entrepierna para ver cómo brincaba la polla al dar saltitos, acercaba su cara a un costado de mi cuerpo dándome besitos, mordisqueándome, deseándome.
Dejé caer el peso de mi cuerpo pegando mi culo a sus caderas y se volvió loco al notar cómo cada vez entraba más apretada cuanto más adentro se internaba dentro de mí. Yo sabía, por todas las noches que le había visto follando, que el tio tenía un aguante excelente, pero ese día que estaba pedo, no sabía cuándo iba a durar y acabarse mi sueño húmedo, así que me tumbé en el sofá y me abrí de piernas para que me hiciera eso que le hacía a todos y que tanto me gustaba: empotrarme.
Estaba tan jodidamente guapo con la camisa azul desabrochada por arriba y la corbata hacia atrás por encima del hombro. Se levantó la camisa para ver cómo me penetraba y me enamoré de ese tio igual que antes había hecho mi madre. No sé cómo pudo dejarle escapar por muy desordenado, gilipollas y promiscuo que fuera, si ya solo con disfrutar de esa cara, ese cuerpazo y ese rabo de vez en cuando, merecía la pena cualquier infidelidad y cualquier defecto.
Rabo en mano, le eché un repasito de arriba a abajo y me corrí encima. Vi que Nick tampoco iba a durar mucho más. Empezó a ponerse nervioso a estar intranquilo, intentando contener la leche en las pelotas, la cara se le puso algo más roja, la frente arrugada, expresiones propias de un tio que intenta aguantar pero ya no puede más, se inclinaba hacia mí, se separaba y volvía a inclinarse. El cabrón ni siquiera me preguntó, le vi la cara de gusto, la boca abierta exhalando gemidos y me preñó, corriéndose dentro de mi ano.
Desordenado, gilipollas, promiscuo y ahora ladrón de culos. Me hubiera gustado que me preguntara antes de hacerlo, pero que fuera tan decidido y supusiera que me iba a gustar, me encantó de él. Ver cómo sacaba su larga polla de mi agujero, con la punta llena de lefa, sentir el chorro caliente de leche recorriéndome el esfínter, era algo que nadie me había hecho antes. Me hizo prometer que no se lo contase a mi madre, me dio un beso y se dejó caer sobre mí durmiendo la mona. Yo también me quedé dormido un ratito más, acariciando su culo de empotrador, más contento que unas castañuelas, consciente de que ese año había comenzado de mejor forma imposible.
Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.
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