Blain O’Connor se folla sin condón y en volandas al dotado Jacob King en el porche | Cocky Boys
Tarde de chicos en el porche. Blain O’Connor se puso a hacer poses de culturista con el torso desnudo, dejando a la vista que el cabrón estaba bien cachas. Pero el jovencito Jacob King, que sabía que ni por asomo lograría un cuerpo así por muchas horas que le echara en el gym, no se fijó solo en sus musculos y en sus tatus, su mirada fue directa a los sobacos, a los pelos sudados y mojaditos en sus axilas, lo cuales, de repente, se convirtieron en una obsesión.
Ya podía casi oler su aroma a sudor, a macho, sintiendo las caricias de esos pelos sobre su cara mientras lamía como un cerdaco. Estaba tan sumido en sus sueños húmedos que no reparó en que su rabo, que no era precisamente corto, estaba empezando a crecer y, como no llevaba calzones, se le estaba saliendo por la pernera de las bermudas, dejando a la vista el cipote.
El que sí se dio cuenta fue Blain, que alargó una pierna y comenzó a acariciarle el paquete con el pie por encima de la tela. Una cosa era que te dijeran que había chicos que la tenían bien grande, pero otra cosa distinta era tenerlo justo enfrente. Cuando Jacob se bajó el bañador, Blain se quedó asombrado. Ni en sus mejores sueños habría podido imaginar con un pollón así de largo y grande en un chaval de aquella complexión. Joder, si es que casi le llegaba hasta las rodillas.
Se levantó, le dio de comer rabo y descubrió que Jacob, además de ser bonito por delante, era precioso por detrás. Si por delante el tamaño de la polla le había dejado sin habla, resultó que el chavalín iba bien amueblado por la parte de atrás, con un despampanante culazo blanquito, suave y redondo, que no pudo menos que agenciarse con las manos, desplegando sus nalgas y observando la raja y el agujero que quedaban bien a la vista al separarlas.
Le dio lengüita con mucho tacto y en cuanto dilató un poquito, se puso detrás de él y le hundió la polla entera y a pelo. Qué buen rato pasaron juntitos, con Blain sentado y Jacob dándole la espalda, tumbado sobre su torso en volandas, con los pies apoyados sobre sus muslos. Blain no dejó pasar ese regalito y le propinó una buena enculada a toda hostia. Luego le juntó las piernas, le cogió como si fuera a llevarlo a la cama en su luna de miel, pero siguió follándoselo sin condón, sacándola y metiéndola por su culo.
Uno de los momentos más especiales en el porche sucedió cuando lo cogió en brazos y se lo folló en volandas. El chaval agarrado a su cuello, los dos frente a frente, la larga y jodida pollaza de Jacob acariciándole y rebotando en el entrepecho cada vez que le subía y le bajaba para metérsela. Le llevó en palmitas hasta el sofá, le abrió de piernas y le metió la última propina, las piernas del chico acopladas a sus hombros. Salió de su interior, se cascó una paja delante de él cuando ya no pudo aguantar más y le dio un buen recital de leche.
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