La Familia Polla: Me como la polla de mi padre y su lefa en un glory hole y no se entera que fui yo | Family Dick

Aunque desde bien pequeñito siempre se había duchado con su padre, cuando la chorra de su papi le quedaba justo a la altura de la cara y él la miraba alucinado creyendo que era la polla más grande del mundo porque todavía no había visto otras, Dante Colle con el tiempo había aprendido a olvidarla.

El niño dejó paso al adolescente y después al hombre, dejaron de tomar duchas juntos y cada uno preservaba mejor su intimidad. Cuando Dante empezó a crecer y se le desarrollaron sus partes nobles, le daba vergüenza que sus padres le vieran desnudo, se hacía pajillas en el baño con el pestillo cerrado y se tapaba con las manos cuando se abría la puerta de forma inoportuna, lo normal.

Pero desde un tiempo a esta parte a Dante volvió a despertársele la curiosidad por el rabo de su padre, quizá porque lo recordaba como algo enorme y majestuoso, siempre cilimbreándose delante de su cara cuando era apenas un enano. Sabía que, después de separarse de su madre poque le molaban los tios, su padre frecuentaba sex shops, locales de shows en vivo y de encuentros gay para saciar su apetito sexual de cada noche. No le juzgaba por ello, es más, estaba empezando a despertar en él el mismo gusanillo.

Una noche que estaba cachondo, se le ocurrió seguirle en el coche y esperó verle entrar en un local de esos a una hora muy temprana en la que apenas había movimiento de hombres por aquella zona. Se le ocurrió una barbaridad, pero no podía quitársela de la cabeza. ¿Y si entraba detrás de él intentando que no le viese, se metía en la cabina por la que iba a colar el rabo y se la comía hasta deslechársela en la jeta sin que él se enterase de nada? Era una forma bestial de comerte la polla de tu padre sin que tenga ni puta idea de que se ha dejado la lefa encima de la carita de su hijo.

Me latía a doscientos por hora el corazón al verlo entrar, pero me decidí y fui corriendo tras él. Por un momento le perdí dentro dle local que estaba casi en penumbra, pero enseguida reconocí sus vaqueros y sus zapatos, me metí en la cabina contigua, me arrodillé como un pecador y de nuevo me reecontré con esa polla enorme de mis recuerdos, que seguía siendo enorme a pesar del tiempo.

Carne de mi carne, cuando la agarré y comencé a chuparla, sentí casi como estar comiéndome mi propio rabo. Escuchar el gemido de mi padre tras la pared me hizo sentir extraño. Al cabrón le creció el doble, el pollón se hinchaba más y más y me obligaba a abrir la boca hasta los topes para poder chupársela. Algunos me llamarán puto loco, pero mientras mi padre gemía a punto de correrse, decidí mantener el ritmo de mamada sin sacarme la polla fuera y dejé que se me corriera dentro de la boca.

La semana que viene os contaré más, porque se enteró de todo… y lo que sucedió después.

Nota: Las imágenes, el vídeo y el texto reflejan una obra de ficción. Los actores no tienen ninguna relación de parentesco real.

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