Guillaume Wayne se folla a pelo a los jovencitos Hugo Dupre y Occitan Prince en presencia de su capitán Andolini XXL | Stag Homme X Carnalplus
French connection: The big man
Resultó que el trabajo para el que Hugo Dupre y Occitan Prince habían hecho la entrevista, no era para servir mesas en el barco, sino para entretener a la élite con sus cuerpos desnudos en espectáculos de sexo en vivo cada día. Para ellos fue como un sueño hecho realidad, follar y poder cobrar por ello, la vida padre. Se les iba a hacer raro que otros les mirasen y se tocasen mientras lo hacían, pero no era algo que les quitara el sueño.
El grumete Guillaume Wayne, el hombre alto, atlético y fornido en cuyas manos había caído Occitan el día anterior entregándose a él y a su compañero para conseguir el puesto, fue el encargado de pasarles revista antes de que al día siguiente comenzaran a trabajar. Observó sus cuerpos desnudos, apenas con los calzones puestos. Hugo le parecía un chaval apetitoso a todas luces, con su carita guapa, ese torso escultural marcando unos pectorales cuadrados y andominales. A Occitan ya le había probado él mismo y su culo y la habilidad que tenía para entregarse a los hombres, era cuanto menos poco habitual en chicos de su edad.
Posó sendas manos detrás de sus nucas y les invitó a empezar a ensayar comenzando por un morreo entre los dos. Si a Guillaume se le estaba poniendo dura, era señal de que el espectáculo iba a ser todo un éxito. Se suponía que debía ser solo un ensayo, dejarles que intimaran, pero al verles tan juntos y cómo se le marcaba el culito por debajo de los calzones blancos a Hugo, Guillaume sintió la necesidad de catar a ese otro chaval también, así que interrumpió el beso poniéndose entre los dos, bajándose los pantalones y dejándoles que vieran lo dura que se le había puesto.
Se respiraba sexo por todas partes. Sentía el aliento de los chicos en el cuello, sus miradas posándose en su larga y cilíndrica herramienta, cada uno bien pegado a él por cada flanco, sintiendo sus paquetes voluminosos y calientes sobre los muslos, cerca de las caderas. Comprobó que la apariencia tímida de Hugo era tan solo eso, una apariencia, porque fue le primero en cogerle la polla con la mano y masturbársela, en meter la mano entre las piernas y sobarle los huevos.
Sí, a los chavales jovencitos como ese, solían atraerles los cojones que colgaban, porque no estaban acostumbrados a ver tios a los que les colgaran tanto. La mano de Occitan sustituyó a la de Hugo. Se la estaban pelando por turnos cuando apareció el capitán Andolini XXL y Guillaume se subió los pantalones de forma apresurada, intentando esconder una erección imposible. Justo se estaba subiendo la cremallera de la bragueta, temiendo pillarse el forro de las pelotas, cuando miró hacia atrás y Andolini les hizo un gesto para que continuaran con lo que fuera que estaban haciendo, mientras tomaba asiento para validar el espectáculo y muy seguramente se pensara si incluir a sus grumetes en el escenario.
Se le estaba poniendo bien tocha mirando a esos tres. Guillaume había vuelto a bajarse los pantalones. Desde donde estaba, Andolini le veía el trasero, atlético y musculado. Guillaume miró hacia atrás lanzando una mirada pícara y lasciva que hizo que le ardiera la polla y no pudiera quedarse solo a mirar. Iba a dirigir el cotarro. Hugo se le adelantó poniéndose de rodillas, echando el aliento sobre la verga de Guillaume a punto de chupársela. Andolini posó una mano sobre el hombro izquierdo de Occitan y le invitó a hacer lo mismo.
La erección de Guillaume apuntó al máximo cuando esas dos bocas se posaron sobre su rabo y los chicos empezaron a mirarse a los ojos mientras repasaban con sus labios toda esa barra de carne. Se la fueron comiendo por turnos, comiéndose las babas el uno del otro sin importarles. Guillaume cazó la cabeza de Hugo, se la rodeó con el brazo derecho y plantó sobre su cogote la mano izquierda obligándole a tragar hasta dejarle sin respiración.
Al sacarla de su boca, se cogió el rabo y lo enderezó hacia la de Occitan, que ya sabía lo que tenía que hacer. Cuando escapó de entre sus labios todo empapado, el pollón cilimbreó entre las piernas de Guillaume hasta volver a quedarse todo tieso apuntando hacia arriba. Qué puto vicio. Se la comieron a dos bocas repasándosela con las lenguas, los labios. Guillaume posó sus manos en las cabezas, las atrajo entre sí hasta que las bocas quedaron bien pegadas a cada lado de su polla y empezó a follarse esos labios bien juntitos.
A Occitan ya le había catado y sabía por dónde tirar, la incógnita era Hugo, cuya carita guapa cada vez le gustaba más hasta el punto de dejarle completamente enamorado. Pocos chicos eran capaces de sacarle la leche antes de tiempo y Hugo tenía todas las papeletas para ser uno de ellos. Que el chico le comiera los huevos antes de ponerse de pie y mostrar el monstruoso paquetón que se le había empalmado en el frontal de los calzones, no hizo sino alimentar los sueños más húmedos de Guillaume, que posó su mano en el culito bien marcado del chaval, todavía con los calzones puestos y se lo sobó sintiendo cómo una oleada de leche le invadía los cojones.
El capitán Andolini estaba justo enfrente y estaba viendo lo que estaba pasando. Sin duda ya solo con esa parte, casi todos los pasajeros se habrían corrido y apenas quedarían los más curiosos y duros para asistir a la culminación del acto. Guillaume le pidió permiso, porque estaba a punto de follárselos. Andolini se lo dio y se largó a su camarote esperando que el grumete diera buena cuenta de ellos y le contara luego qué tal había ido todo.
Los chicos se bajaron los calzones. Occitan seguía teniendo esa lindísima polla larga y colgando que había grabado con el móvil en su momento. Guillaume prestó por lo tanto más atención a la de Hugo, ya que le daba curiosidad cómo la tendría para marcar semejante paquetón. Menuda colaza se gastaba el chaval, casi como la suya, toda descapullada, larguísima y bien gruesa. Y eso que todavía la tenía morcillona y le colgaba dejando caer todo el peso.
Sin pedírselo, Hugo se recostó sobre el respado del sofá que tenían delante y levantó la pierna derecha mirando a Guillaume, dándole permiso para entrar. La cara de gusto que puso Guillaume al penetrarle sin condón. No solo le encantaba ese culete, sino que estaba super apretadito. Se abrazó a su pierna que estaba sobre el torso de Guillaume y se lo empezó a trincar a pelo.
Ver el cuerpazo musculado y juvenil de Hugo a sus pies le hizo sentir poderoso, la cara guapa del chaval soltando gemiditos. No quería que Occitan se sintiera desplazado, es más, de repente se le apeteció su culazo grandote, redondo y blanco y fue a por él metiéndosela por detrás. Madre mía, qué pedazo de culo, era como entrar en una pastelería y llevarse la mejor tarta. Se lo bombeó con fuerza admirando su redondez y textura.
Dos pasitos a la derecha y volvió con Hugo para darle placer. La idea de tener a esos dos chicos desnudos y entregados para él solo le pareció maravillosa. Tomó asiento entre los dos en el sofá y Occitan fue el primero en cabalgarle de espaldas. Hugo le siguió y Guillaume negó con la cabeza al ver el culete del chaval a punto de sentarse sobre su verga. Lo tenía tan precioso que se le hizo la boca agua. Sí, ya se lo había follado, pero era la primera vez que podía verlo al completo y desnudido con sus propios ojos, recordando cómo se lo marcaban los calzones.
A ver que Guillaume se entretenía de más follándose a su colega, Occitan se inclinó para comerle el rabo a Hugo y luego se subió encima de los dos metiéndose la polla de Hugo por el culo, formando un trenecito en vertical. Una pila de culos penetrados y pollas haciendo su trabajo que ya tenían que tener agallas los asistentes para no correrse encima si aguantaban para verlo.
Desarmaron el tren por piezas y Guillaume se dejó chupar la polla de nuevo a dos bocas antes de pajeársela sobre sus caras. Joder, nunca había tenido tanta necesidad de entregar su semen, pero fue ver la carita de Hugo y enternecerse, giró la polla hacia su cara y fue al primero al que le entregó su esperma llenándosela de leche, toda colgando por su barbilla. Con lo que le quedaba todavía en las pelotas, giró hacia el otro lado y le dio mascarilla blanca a Occitan.
Entonces Hugo se acercó al rabo con la boca abierta, pidiendo más el muy cerdo. Cuánto deseó Guillaume darle lo que pedía, pero ya se le habían agotado las reservas. Se estrujó la polla para darle hasta la última gota que tuviera dentro y los dos acercaron de nuevos sus bocas apresándole el rabo con los labios, chupándoselo esta vez con toda la corrida encima, deslizándolos suavemente por los laterales.
Recuperado de esa sesión de ensayo de la hostia, Guillaume acudió al camarote del capitán para contarle cómo le había ido. Habló maravillas de los dos chicos, entre ellas una que a Andolini, amante de los culazos, no pudo pasar por alto, cuando Guillaume le habló de lo redondito, blanco y flipante que era el de Occitan. Llegó a pensar en que quizá este año el espectáculo no tendría por qué ser como siempre, que si la tripulación e incluso él participaban, podrían sentar un precedente. De momento, la imagen del culazo de Occitan que le había pintado Guillaume, no se le iba de la cabeza.
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