La trifulca previa al juicio entre el presunto delincuente Seth Peterson y el abogado defensor estaba llegando a unos términos inaceptables. El guarda de seguridad Mark Lax se vio obligado a intervenir, separándolos y mandando fuera al abogado, mientras este se encargaba de quitar el mono de prisión naranja y las esposas al reo para dar entrada al juez de la causa.
Por complexión, por ser alto, cachas y un armario empotrado, Mark no debería haberse sorprendido con ciertas cosas, pero estando agachado y liberando a Seth de las cadenas, no pudo no fijarse en el pedazo de bulto que marcaba en el frontal de los pantalones ese hijo de puta. No sabía lo que le habían dado de comer, pero lo que tenía entre las piernas debía ser descomunal. Demasiado tarde para intentar fingir que no le importaba lo más mínimo, porque Seth ya se había dado cuenta de que al segurata le iban los rabos.
Y lo sabía bien porque de presunción de inocencia no tenía nada. Un video mostrado a puerta cerrada bastó para condenarlo por sus delitos, acusado de exhibicionismo. Recorría espacios públicos en pelotas, vestido sólo con una gabardina, se acercaba a la gente y la destapaba, meneando delante de ellos su largo y precioso miembro. Mark se tiró sudando todo lo que duró aquella sesión en la que vídeo tras vídeo aparecía ese joven apuesto provocando a los demás con su minga.
El juez no necesitó más pruebas cuando paró un vídeo en el que Seth se había hecho una paja sobre una tarta y los invitados estaban a punto de comérsela. Culpable, culpable y culpable, una y mil veces. El comportamiento entre abogado y reo llegó de nuevo a mayores y e juez pidió a seguridad que se encargara del asunto. Y sí, Mark estaba deseando que le pidieran que se encargara de ese asunto, en concreto de uno que ese joven tenía entre las piernas.
¿Sería posible que un chico al que le sacaba más de una cabeza de altura y dos cuerpos y medio de puro músculo, la tuviera más grande que él? Ya a solas en la sala, se puso delante del chaval y le obligó a enseñársela. Puede que no tuviera la polla más grande del mundo, pero vaya si era larga y bonita, además de proporcionalmente grande para la altura y complexión del chico.
Con esa edad, esa cara y esa dote, entendía perfectamente que quisiera enseñársela al mundo y alardear. Mark se puso de rodillas frente a él y se la llevó a la boca. Qué ganas tenía de comerse una así. Intentó tragar hasta las bolas, pero siempre se quedaba a un labio de distancia de besarle la base del pene. La tenía durísima y, cuando el cipote comenzaba a penetrarle la garganta, le entraba miedo y no seguía.
Al final tenía tantas ganas de chuparle la pija a ese chico y sabía tan bien que lo hizo, se la comió hasta los huevos, rebozando bien la nariz por los pocos pelos que tenía el chico en la base de la polla. La cara roja del guarda, la vena del cuello hinchada, el sonido gutural de un rabo penetrando garganta. En qué momento el chaval había perdido toda la ropa y se quedó desnudo Mark no lo supo bien, pero tenía que reconocer que Seth estaba buenísimo.
Su cuerpecito tonificado le animó a seguir chupándosela antes de que Seth se subiera a la mesa y dejara caer la cabeza por el borde de esta hacia atrás con intención de que el guarda le diera rabo. Mark se desabrochó la bragueta, se sacó su polla gorda, que al menos en eso le ganaba y los dos se abandonaron a una comida de rabos haciendo el sesenta y nueve.
Delante de la mesa del juez, Mark se abrió ligeramente de piernas y puso su pedazo de culo de macho al servicio de la ley. Sin ningún tipo de complejos, Seth se la enchufó a pelo y comenzó a follarse un culo tres veces el tamaño del suyo, sin lugar a dudas el culazo más grandote que se había follado en su puta vida. Madre mía con el guarda, que quería cabalgar sobre el chaval y Seth no supo a quién rezar para no correrse mientras Mark fue haciendo la sentadilla y deslizando el pene del chico por el interior de su ano, completamente a pelo.
Los ojos de Seth iban a la cara de ese tiarrón, a esa musculatura inmensa y desproporcionada respecto a la suya, a la verga y los huevos del guarda saltando sobre su vientre, calentándoselo a pollazos, el nabo descapullado retregándose por encima de su barriga, apuntando hacia su ombligo. No podría aguantar mucho aquella postura, así que se llevó al segurata a la mesa del abogado para darlo allí por culo, donde aguantaría mucho más sin duda.
Pero entonces la visión de ese culo se le hizo enorme, le vino el chorro, sacó la pija y se corrió encima de la espalda y las nalgas de ese rufián. Mark se la devolvió en toda la cara, asegurándole que tenía sus contactos y que lo único que tendría que hacer era estarse quietecito y calladito. Unos minutos más tarde se retomó el juicio del que Seth salió libre de todos los cargos, pero con servicio a la comunidad, unos servicios que tanto seguridad como abogacía se tomarían por su cuenta, deseando los servicios de ese guaperas.









