El guaperas fibradito Vincent Grey se folla a su peluquero Taylor Sinn sin condón | Chaos Men

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Un buen amigo iba a mandar a su hijo Vincent Grey a la peluquería de Taylor Sinn. Con lo que no contaba Taylor era con que el chaval fuera tan jodida y rematadamente guapo. Joder, costaba apartar la mirada de ese rostro tan masculino y perfecto, con esos labios, esa sonrisa y su tez morenita. Pero el chaval no había ido a la pelu para cortarse el pelo, sino porque sabía que Taylor era gay y él estaba en proceso de entender qué le gustaba.

Pidió al peluquero un beso y Taylor no pudo negarse. Parecía que le gustaba. Taylor aprovechó y le quitó la camiseta. Vaya cuerpazo, musculadito, igual de perfecto que su cara, marcando abdominales, buenos pectorales, con los pezones duritos. Menudo canón de tio. Sus besos sabían rico. Por temor a espantarle, fue con cuidado, necesitaba ir con cuidado. Entendía perfectamente lo que era conocer otras emociones en el terreno sexual.

Le rozó las tetillas con los pulgares y poco a poco fue bajando hasta ellas con la boca, introduciéndolas entre sus labios, dándoles lengua, humedeciéndolas. Al chaval pareció gustarle eso también, pero Taylor se moría de ganas por ver cómo la tenía. Ya no fue con tanto cuidado cuando Vincent le rodeó el cuello con un brazo y lo atrajo hacia él. Le desabrochó el botón, le corrió la cremallera y le bajó los pantalones por debajo del culete.

Qué culo tan maravilloso, de deportista, redondo y blanquito. Metió la mano por el frontal y sostuvo la polla del chico sobre su mano. La tenía larga, gorda y bonita. Le ayudó a desnudarse por completo y le sentó en el sillón para hacerle el corte de pelo, metiéndose entre sus piernas y comiéndole toda la polla. A eso había ido, a saber si le gustaba que un tio se la comiera.

Estaba tenso, aferrándose con las manos a los reposabrazos de la silla, encontrando sensaciones, viendo cómo un tio le jalaba la polla y comprendiendo que le gustaba más que cuando lo hacía una tia. Taylor estaba encantado, su mejor amigo no podía haberle hecho mejor regalo recomendándole su peluquería. La polla de Vincent le flipaba y cuanto más se la chupaba, más se estiraba la muy puta y más gruesa y dura se ponía.

Teniéndola tan cerca y disfruitándola, no se dio cuenta del pedazo de pijote que se estaba llevando entre pecho y espalda hasta que Vincent le pidió que le hiciera cosas en el culete. Entonces, antes de darse la vuelta, pudo verle el miembro duro cilimbreando entre las piernas, largo, precioso. No tuvo tiempo casi de reaccionar cuando ya tenía delante el pandero, un precioso culo de futbolista, redondito, blanco. Cuántas veces había deseado tener uno así delante de su cara, poder tocarlo. Le plantó las manos encima, lo sobó y coló los morros dentro, localizando el agujerito con la lengua para darle placer.

Se dio la vuelta. Taylor no entendió bien qué movimiento quería hacer ahora, cuando le hizo sentarse. ¿Quería abrirle de piernas y follarle, quería que hiciera eso? Pero se fijó en que Vincent le miraba fijamente la polla tiesa. Oh, no, oh, no. Taylor apenas tuvo unos segundos para digerir tanta información, pensar en si aguantaría la carita guapa de ese chaval, sus labios posándose en su miembro, acariciándolo. Y así ocurrió.

Le miró de lado. Qué perfil tan guapo, qué bien se la estaba chupando, con cariño, apretando bien, no conformándose con jalar cipote y arriesgándose a tragar un poco más de la cuenta. No podía creer que la suya fuera la primera polla que se comía a juzgar por la forma en que lo estaba haciendo. Eso o que ese chico había nacido para ello. La sacaba de su boca, escupía encima y se la volvía a meter dentro.

«¿Quieres mi culo, guapo?«, dijo Taylor en un susurro, agarrando a Vincent por la barbilla, mirándole fijamente, completamente excitado por la idea de ser follado por ese joven guaperas. Vincent asintió, así que Taylor se puso de rodillas en la silla mirando hacia el respaldo. El chaval le comió el culete, luego se puso de pie y llegó el ansiado momento en que su polla morenota, larga y erecta hizo ventosa en la entrada de su agujero.

La primera reacción de Taylor fue retirar el culo, pero al relajarse y echarlo hacia atrás, Vincent seguía esperándolo, empalmado, la polla penetrándolo poco a poco sin condón y luego follándoselo. Echó la vista atrás. Se puso tibio mirando la cara del chico, su cuerpazo, la forma en que le embestía por detrás. Ojalá haber tenido un espejo grande como tenían en otras peluquerías y haber podido ver cómo empujaba con ese culazo.

Como el chaval la tenía bien larga y confiaba firmente en sus posibilidades, había que ver la forma en la que culeaba, sacando y metiendo su miembro por completo, poniendo distancia entre ese culo y sus caderas para arremeter con fuerza y clavarla hasta el fondo. Taylor pidió a Vincent que se sentara en la silla. Tiró de la palanca para dejarla en la posición que solía usar para lavar la cabeza a sus clientes, no totalmente en horizontar pero casi. Lo cabalgó, saltó sobre la polla del chaval con ganas, tragando y sacando su enorme polla por el ojete del culo, deleitándose con su cara y su cuerpazo mientras lo hacía.

Intercambiaron posiciones. Taylor se tumbó en la silla y se abrió de piernas. Iba a ser maravilloso ver a ese chaval darlo todo follándoselo. Mirara donde mirara la cautivaba por completo. Su carita, sus ojazos, sus labios, su torso, su forma de embestir, lo cachondo que estaba, y no podía negarlo, por las orejitas rojas del vicio que tenía encima.

Le complacía que ese chaval le hubiera escogido para entender qué le gustaba y esperaba estar haciéndolo bien para que saliera de dudas. Vincent empezó a gemir más profundamente, salió de su interior y acudió rápido pajeándose a un lado de la silla. Taylor le vio tocarse el muslo, temblar. No retiró la vista de su polla. Estaba deseando ver cómo se corría encima de él.

Le cruzó el pecho con un buen chorrazo, dejándole los mecos colgando de los pelos. Taylor se miró los pectorales. Toda la leche del chaval encima de ellos. Recogió un poco con la mano y la usó de lubricante para su propia paja. Vincent se quedó a su lado, con su larga polla todavía dando espasmos, toda mojada y corrida. Qué fácil fue correrse viendo esa postal. La polla de Taylor se puso dura como una roca y empezó a manar leche de su cipote, dando gracias al padre que lo crió y a sus recomendaciones.

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