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Alex Kof empala sin condón el precioso culazo de su chico Gage Palmer | Family Dick

A Cum-Filled Send-Off

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La semillita de Alex Kof había germinado que daba gusto y ahí estaba ahora Gage Palmer, convertido en todo un hombrecito, preparándose para regresar de vuelta al servicio militar tras unos días de permiso, metiendo su ropa de calle en la mochila. Sin duda había criado a un chaval bien guapo del que todas y todos se enamorarían. Los pantalones caquis de camuflaje me marcaban el culito y esa camiseta blanca ajustada conseguía marcarle la musculatura, dejando a al vista unas buenas venas en los biceps.

Estaba fuerte el cabrón, hasta a él se le estaba poniendo dura viéndole así. Le preguntó qué era lo que más echaba de menos en un sitio así y confesó que el sexo. Todos los tios de su regimiento eran heteros y, aunque con alguno había intentado buscar la curiosidad innata en todos los hombres, no siempre tenía éxito. Alex, que le daba por igual a todos los palos, decidió que su hijo no podría irse por otros cuatro meses sin saciar el apetito que lo invadía por dentro.

Ninguno de los dos supo bien qué hostias pasó, pero en cuanto Alex tuvo a su chaval cerca, enamorado de esa carita guapa, le robó un beso. Lo mejor es que fue correspondido y se dieron el lote sobre la cama, Gage alargó un brazo y empezó a sobarle todo el paquete. La idea de que su chico se la tocara bien dura le ponía cachondo, no podía evitarlo, le importaba dos cojones si estaba bien o no que lo hiciera.

Tampoco le importó el qué dirán cuando Gage le pidió comerle la polla. Hasta ahora se la habían llevado a la boca su madre, otras chicas y otros hombres, pero que se la mamara su chico era algo que no entraba en sus planes. Lo que no iba a hacer es negársela. Entre los dos bajaron los pantaloncitos de ciclista ajustados que llevaba puestos y Gage le agarró enseguida la minga como si nada y eso que Alex la tenía enorme y bien gorda.

Cabía al menos otra mano en el rabo, se la tenía aprisionada por la parte baja y ya se la estaba chupando. Alex no pudo contener un gemido de placer al sentir por primera vez los labios de su zagal en sus partes íntimas. Su primer instinto fue alargar el brazo y magrearle el culo con la mano por encima de los pantalones militares. Miró de nuevo cómo se la estaba mamando, la cabecita de Gage subiendo y bajando, el rabo que se le estaba poniendo todavía más duro y enorme y apenas le cabía en la boca. Qué cerdo y qué íntimo era todo.

Su chaval le había salido todo un devorador de rabos. Se la comía de lujo, intentando tragar a fondo. Alex le animó a ello plantándole una mano sobre le cogote, presionando con fuerza hacia abajo mientras con la otra mano se cogía el pene y lo introducía a la fuerza por su boca, obligándole a comerla, sacándole unas cuantas arcadas.

La situación era cuanto menos extraña. Durante todos estos años, Alex apenas había mostrado su cuerpo desnudo a su hijo. Sí se habían cruzado en el baño cuando uno de los dos estaba meando o duchándose, como mucho se la habrían visto morcillona de buena mañana, pero nunca así, tiesa para el acto. Por cómo se la chupaba y el rato que se tiró haciéndolo, supuso que le gustaban el tamaño y la forma, pero ahora le tocaba a él descubrir si su chaval había salido tan bien dotado.

En cuanto Gage le desnudó y se quedó enfrente de rodillas, aprovechó para bajarle los pantalones. No iba a negar que estaba nervioso por descubrir las partes íntimas de su chico. Por un momento sintió que estaba haciendo algo prohibido, pero se le pasó enseguida en cuanto recapacitó en que aquello era consentido entre los dos. Justo estaba a punto de descubrírsela cuando Gage se dio la vuelta y le puso el culo a placer.

Dios, qué cosa más bonita. Alex se la tocó y se la pajeó como un mono al ver aquello. Negó con la cabeza, resistiéndose a pensar que ese culo era el más bonito que había visto en su vida, se tomó su tiempo para recrearse en esas formas redondeadas, en la raja, en el flipante ojete rosáceo hecho para amar, en las pelots que le colgaban entre los muslos.

Abrazó ese culo dejándolo cerca de su sobaco, metió los morros en la rajeta y ya no pudo parar. Qué vicio, qué preciosidad más absoluta. Le abrió las nalgas. Se sorprendió al ver el agujero, en carne viva, como si más hombres se lo hubieran follado antes con pollas bien grandes. Le entraron ganas de preguntárselo, qué clase de animales había en ese regimiento para dejar a su chico con ese ojete tan dilatado de forma permanente.

Mientras besaba y lamía los alrededores de la entrada del culo, cuanto más pensaba en que otros hombres podían haber estado ahí dentro, penetrándolo, corriéndose donde él ahora estaba chupando a conciencia, más fino se ponía. No tardaría en descubrir que todo eran imaginaciones suyas, que ese ojete era así de natural y qué él era el primer hombre que iba a desvirgarlo.

Lo supo cuando le metió la puntita sin condón y el chico retrocedió resistiéndose a ser penetrado por ese enorme pollón. Ya no había vuelta atrás. Lo cogió por las piernas arrastrándolo hacia él por encima de la cama, se puso encima de él en posición de flexiones y lo penetró a pelo metiéndole toda la polla hasta que sus caderas quedaron pegadas a ese pedazo de culo y sus muslos tocaron la parte posterior de los muslos de su hijo.

Qué apretadita y qué suave entraba. La leche se le acumulaba en las pelotas si se ponía a mirar cómo entraba su rabo entre esas nalgas. Se subió encima de la cama y lo hizo suyo dejando el culo entre sus piernas y perforándolo desde arriba una y otra vez, metiendo sin condón esa polla imposible dentro del agujero de un culito que también parecía incapaz de tragarse semejante verga pero que lo estaba haciendo.

Papá se tumbó sobre la cama, agarrándose la polla manteniéndola hacia arriba, esperando a que Gage se sentara encima y se empalara. Por primera vez Alex le vio la picha. No la tenía dura todavía, pero tenía buen tamaño. Sí le impresionaron las pelotas, bien colgantes. En cuanto el chico se sentó encima, le sostuvo las nalgas agarrándoselas con las manos y lo penetró desde abajo.

Menudo vicio. Estaba a puntito de correrse. Aquello superaba todas sus expectativas. Sentir el roce del rabo y los cojones de su chaval sobre el vientre no se lo puso nada fácil. Poco a poco Gage fue dejándose vencer, cayendo sobre le torso de su padre, regalándole los oídos con sus gemidos. La polla cada vez entraba mejor, más cómoda. A esas alturas, Alex ya podía asegurar que ese era el culo más bonito que se había trincado nunca, mullidito y perfecto para el tamaño de su gran pene.

Hora de encarar la situación. Puso a Gage bocarriba sobre la cama, le abrió de piernas y se lo folló cara a cara inclinándose sobre él. Padre e hijo mirándose fijamente mientras follaban. Alex no podía dejar de maravillarse con su chaval, con su carita, su cuerpo musculadito y atlético, esa cadenita con las chapas militares sobre su pecho, le entraron ganas de reventarlo a pollazos.

Ahí estaba. Por primera vez Alex tuvo el honor de ver a su chico empalmado y pajeándose. Podía haberle pillado in fraganti en muchas ocasiones si hubiera abierto la puerta de su habitación o del baño al escuchar sus gemidos apagados al pasar por delante, pero no se había dado el caso. Gage la tenía larga y gorda, había salido a su viejo. Se lanzó encima unos buenos lechazos, disparándose una y otra vez hasta el pecho, mojándose la chapita, con el cipote rezumando las sobras que le mojaron los pelos de la base de la polla.

No pudo contenerse. Alex se inclinó y le chupó el cipote corrido varias veces, saboreando la lefa, luego se puso de rodillas, se pajeó entre las piernas de Gage y unió su leche a la de él, ensuciándole la polla. Se la volvió a meter por el culo, temblando. Le besó. Le entristecía que su chico se fuera por unos meses y no tenerlo allí ahora que habían encontrado otro lazo que los unía más fuerte. Lejos de sentir celos por otros hombres que se lo follarían a partir de ahora, se alegró de que su chaval fuera carne de cañón para los tios. Con esa cara, ese cuerpo, ese culazo y esa polla, iba a hacer un buen servicio en el regimiento, donde muchos estarían necesitados de un agujero donde meterla. Y Gage era mucho más que un agujero.

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