Alejo Brown mete su gigantesco rabo sin condón en el apretado culito de Claudio Rodriguez | Fucker Mate

El Hetero Curioso

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Simplemente sucedió una noche. Alejo Brown había tenido infinidad de ocasiones en las que dejar que otro hombre le tocara el pene, que se lo mamara, que lo dejara introducirlo a pelo dentro del agujero del culo. Todo este tiempo no había sucumbido a ese placer por convicción, por mantener intacta su aura de machote hetero, cuando en realidad estaba deseando penetrar a uno y hacerle sentir el placer de su gigantesca verga, descomunal.

Quizá la vida le esttaba reservando para ese momento con Claudio Rodriguez. El chaval mostró mucho interés por él y no se separó durante todo el rato que estuvo en el hostal. Una copita de más y las ganas de practicar sexo, llevaron a Alejo a subirse al chico a la habitación. Se ducharon antes. Alejo salió antes, Claudio después. El chico se acercó y lo besó, entonces sintió la calidez de la mano de Claudio sobándole la polla.

Se preguntó si le gustarían grandes. Supuso que sí, porque a muchos tios les gustaban grandes, pero la suya sobrepasaba con mucho el tamaño medio. ¿Y si le asustaba el tamaño y e acababa la velada? No, Claudio se entusiasmó con semejante vergón, lo agarró por la base zarandeándolo para ver cómo se movía grácilmente ante sus ojos y luego le echó un par de cojones llevándose ese pollón gordísimo a la boca.

Parecía que apenas le iba a caber, pero entonces Claudio demostró su valía devorando el pollón, tragando a fondo, metiéndole el enorme cipote por la garganta, posando los labios sobre las pelotas, tragándosela enterita. Alejo miró hacia abajo y vio salir su polla completamente mojada de la boca del chaval. Aquello ya siginificó una gran diferencia con respecto a las tias, puesto que ninguna había tenido agallas para hacerle eso.

Una vez hecho, no había razones para no hacerlo de nuevo. Claudio se tragó la polla una y otra vez, a veces girándose y mirando a Alejo mientras lo hacía, para que lo viera bien. Estaba claro que a ese chaval le gustaban las cacharras grandes. La estaba disfrutando como un enano, deglutiéndola, saboreándola, aporreándola contra su cara, sintiendo lo dura que estaba, lo grande que era.

Lo invitó a ponerse a cuatro en la cama. Claudio tenía un culazo que apuntaba a ser muy apretadito. Alejo miró el tamaño de su verga y ese culito y, aunque su imaginación se dejó llevar pensando lo agradable que sería agujerear semejante pandero, fue realista y supo que tenía que currárselo para no hacerle daño. Saliva, mucha saliva, pensó dada su inexperiencia con los hombres. Se tiró un buen rato acicalando el ojete con la lengua, besuqueándolo, haciéndole virguerías de las suyas para que se abriera como una almeja.

Claudio se giró para chuparle la polla antes de que se la metiera. Con eso el chaval demostró su miedo a que le hiciera daño. Luego se giró y puso el culo para que se la metiera. Alejo fue con cuidado. Le metió sin condón el cipote y parte del rabo. Claudio se giró para mirarle, con la boca abierta, soltando un gemido cargado de dolor y placer. Alejo continuó metiendo rabo. No podía creer que un culito así se tragara una polla tan gigante como la suya. Era casi demencial.

Entró, vaya que si entró, Alejo no sabía cómo pero siempre terminaba por entrar. Que estuviera super apretadísima no impidió que se la enchufara hasta las pelotas. Ya lo sentía por el chaval, pero tenía ganas de follárselo como él sabía, sacando y metiendo su falo enterito, penetrando a muerte. Le dio la vuelta y se trincó ese culo a pelo al borde de la cama.

Para entonces el chico tragaba ya rabo por el ojete como un pozo sin fondo. Una maravilla. Lo empaló metiéndole unas buenas estocadas, haciéndole sentir la polla por todo su interior. Toma banderilla, y otra y otra. Alejo impulsaba su culo hacia adelante y se la metía entera, ignorando los grititos del chaval, que sentía cómo le violaban lo más sagrado.

Con esa polla dentro, sintiendo el placer donde nunca antes lo había sentido, Claudio se cascó una paja y se soltó la leche encima. Alejo no tuvo tiempo de salir, fue verle correrse y su leche también salió sola, preñando al chico por dentro. Se agachó para ver cómo latía su ojete, cómo se expandía y se cerraba soltando toda su lefa. Le gustó que el chaval se hubiera dejado hacer aquella cerdada. Le mandó a la ducha con una palmadita en el culo y durmió la mona más relajadito que nunca.

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