Jason pone a mamar rabo a Julio y se lo folla a pelo en la cama | Latin Leche

I Convinced Him

Decía que le dejase tranquilo, que estaba viendo la televisión, pero Julio sonrió cuando su colega Jason le agarró el paquete intentando convencerlo para grabar un vídeo morboso mientras se la chupaba. Sus palabras no se correspondían con sus actos, porque seguía diciendo que le dejase en paz mientras una mano repasaba cada centímetro de su cuerpo.

Esa misma manol volvió a su paquete y esta vez lo tenía más duro y grande que antes. Julio se incorporó, le sacó la chorra a su amigo de los calzones y se la empezó a chupar. Ya lo tenía en el bote. Tanto decir que no, haciéndose el interesante, para acabar comiendo rabo. Y cómo se lo estaba poniendo. Jason no paraba de mirar esa carita guapetona, pasando de tener la pija blandita a empalmar un pollón morenote, gordísimo y surcado de venas. Así de guapa se la estaba dejando.

Ocupando el sitio donde estaba sentado Julio, se sentó Jason para que hubiera más luz para grabar. Así se veía mejor la forma de su gloriosa e imponente polla, dentro de una boca que se conformaba con masajear una y otra vez con los labios la parte alta del rabo, conorado con un gran cipotón. Julio se la cogió con la mano y, mientras se la pajeaba fuerte con su cara de fondo, preguntó a Jason si tenía pensado follárselo. Obvio.

Acto seguido agachó un poco la cabeza y, siguiendo con la paja, le comió los huevos. Le metió allí mismo una follada sin condón, encima de su propia cama que olía a macho después de una noche movidita. Le dio por detrás, de lado y frente a frente, pero para correrse Jason volvió a ponerle a cuatro patas. De su polla empezó a brotar semen. Acercó el cipote justo en la parte alta de la raja del culo. A medida que le iba saliendo la leche, la acumulación de pegote fue resbalando entre sus nalgas, decorándole el ojete peludo.

Julio se dio la vuelta dispuesto a cascarse una paja. Mientras lo hacía, Jason miró su culazo lleno de su propia leche. Julio se la meneó con la zurda y dejó escapar un chorrete grumoso. Mantuvo los ojos cerrados mientras se corría, sintiendo todo el gusto de la paja. Al abrirlos, sonrió. Ahora sí era hora de dejarle tranquilo y sin duda mucho más relajado.

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