Dalton Briggs le come los huevazos, el culo y la polla a Pierce Paris y se corre en la parte de atrás del descapotable | Himeros TV

Fantasy Journey

Cuando dicen que lo importante de un viaje no es el destino sino el camino, no se equivocan. Fue en uno de ellos donde Dalton Briggs y Pierce Paris se dejaron llevar y descubrieron que eran algo más que amigos. Ahora, acurrucados y bien juntitos en la cama, recuerdan entre besos y arrumacos cómo fue ese momento que les llevó a desatar el deseo incontrolable que levaban dentro.

Fue a la salida del gym, cuando Pierce fue a coger el coche y no funcionaba el arranque. Llamó a su colega Dalton para ir a por él y entonces se desencadenó todo. Pierce llevaba el traje de luchador, que le remarcaba un buen paquete entre las piernas. Mientras conducía, Dalton no paraba de echarle miraditas e incluso le insinuaba lo grande que debía tenerla.

Con tanto piropo, lo que consiguió es que a Pierce se le empalmara. Este tampoco hizo intención de ocultar su dote. El pollón larguísimo y grueso se le dibujaba a la perfección por debajo del traje, sobresaliendo ya por su cintura izquierda, apuntando al conductor. Se miraron varias veces a los ojos y lo tuvieron claro. Uno necesitaba rebajar la polla y el otro tenía una necesidad imperiosa de saciar su curiosidad.

Hicieron una paradita en boxes cerca de la bahía, con el sol de la mañana penetrando entre la bruma y la niebla. Pierce se subió al cabecero del asiento. Dalton se metió entre sus piernas y destapó el traje por el lateral como si fuera un plátano. Ahí estaba todo para él ese pito majestuoso y bien gordo, calentando su mano. Sacó la lengua y pegó un lametón al frenillo.

A pesar del frío que hacía todavía, le calentó la polla con una buena mamada. La temperatura iba subiendo. Pierce fue bajándose el traje de lucha, quedándose desarmado. Dalton le tenía bien cogido por los huevos, calentándole las pelotas con una mano y chupando su verga con fuerza, apretándola y metiéndola hacia el interior de su boca con esos labios tan bonitos.

Esos labios suaves se convirtieron en una droga de la buena. Pierce se fue a la parte trasera del buga y mirando hacia el maletero se puso en cuclillas, apoyando los muslos en los reposacabezas. La enorme polla y los huevazos le colgaban de una forma exagerada, resaltando su color carne contra la oscuridad de los asientos. Dalton se agachó en el hueco de la parte de atrás, le comió la raja del culo, se pegó un festín con su gigantesca polla y jugueteó con sus colgantes huevazos, succionándolos, tirando de ellos y mirando cómo rebotaban sobre la superficie de cuero.

Juntos, en la parte de atrás, pasándose los brazos por detrás de la espalda, acabaron a pajas como buenos amigos. Dalton se masturbó con ganas su empitonada polla dejándose encima de los abdominales unos buenos lechazos. Sin querer, recordando ese primer encuentro, los dos han acabado de nuevo empalmados en la cama. Pierce se ha puesto encima de Dalton y está bajando por su cuerpo en dirección a su pene. Dalton sonríe.

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