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Bo Sinn se folla el culazo del jovencito guaperas Lev Ivankov sin condón con su enorme tranca sobre la cama del hospital | BROMO

Clinically Hard

Él era sólo un auxiliar que estaba haciendo las prácticas en el hospital. A Lev Ivankov le obligaban a atender a  Bo Sinn, un paciente que estaba to loco en la planta de psiquiatría, que le escupía la comida cuando se la daba, que no paraba de proferir insultos como si estuviera poseído, que entre tres o cuatro veces a día intentaba buscar la forma de cascarse la polla, a pesar de que tenía las manos atadas con correas de seguridad, por el bien de todos.

Cuando el tio intentaba masturbarse, Lev cerraba las cortinas en torno a la cama del paciente, no del todo, dejando una rendija lo suficientemente amplia como para sentarse en una silla frente a la cama y ver cómo por los espasmódicos movimientos de Bo intentando agarrarse el miembro, se le subía la bata y dejaba al descubierto la picha más grande que el joven hubiera visto jamás con sus ojos. Se mordía los labios mirando todo ese inmenso rabo colgando entre sus piernas, flácido, gordísimo, sostenido sobre sus enormes huevos, encapuchado, con todo el pellejo rozando las sábanas.

Miraba hacia la puerta, esperando que se hiciera tarde y se apagaran las luces, a que las enfermeras de guardia se fueran a la sala y no quedara nadie. Entonces se acercaba a la cama del paciente cuando dormitaba, le levantaba la bata por encima de las caderas y se la cascaba mientras observaba con todo lujo de detalles cada centímetro de ese largo y gordo miembro viril.

Al día siguiente, Bo encontró la forma de hacerse pajas y mucho más. Si el chaval creía que estaba dormido por las noches todo el rato, estaba muy equivocado. Sabía lo que hacía todos los días junto a su cama, sabía que a ese mozalbete le gustaban las trancas, así que el día que volvió a tirarle la comida, aprovechó a que la recogiera del suelo para empalmar y que al levantarse se la viera toda dura.

Los ojos como platos, la boca abierta. Nunca había visto algo tan exageradamente grande entre las piernas de un tio, claro que él sólo acostumbraba a ver los penes de sus compis del instituto antes y después de las actividades deportivas, pero ninguno la tenía así ni de lejos. Se podría decir que si él hubiera sido médico en lugar de auxiliar, habría podido anotar en el cuaderno del paciente que esa polla estaba clínicamente bien dura.

Miró al pollón, miró a Bo. El paciente levantó las manos en señal de paz prometiendo no hacerle nada e hizo un gesto para que se la meneara y se la chupara. Demasiado grande para una boca como la suya, demasiado grande para cualquier boca, pero no iba a desaprovechar la oportunidad. Iba a convertirse en las manos de ese tio, en su instrumento para darse placer.

Se la metió dentro de la boca. Jamás había tenido que abrirla tanto, ni cuando iba al dentista. El tio culeó desde abajo con esos movimientos espasmódicos que acostumbraba y le folló la boca llenándosela de rabo. A Lev pronto le supo a poco masturbar la polla con sus manos y sus labios. Quería sentirla caliente dentro del culo, que la primera polla que le metieran fuera así de grande.

Se subió a la cama del paciente, se bajó los calzoncillos por la parte trasera, le dio la espalda, le agarró la tranca y se la metió por el agujero. Él que pensaba perder la virginidad en una tarde de verano, después de unas inocentes pajillas con su mejor amigo. Las cosas nunca suceden como esperas. Ahí estaba, subido a la cama de un tio salido al que no conocía de nada, saltando sobre su gigantesca verga y disfrutándolo.

Necesitaba más. Necesitaba sentir sus fuertes y grandes manos asiéndole de las caderas, empotrándole por detrás. Para eso tenía que quitarle las correas. Antes le hizo prometer que si no hacía nada raro, le regalaría su culito todas las noches para desfogarse. Bo no profirió palabra alguna, pero asintió con la cabeza. Lev le quitó las correas, se puso frente a la cama dándole la espalda y encorvó la espalda.

Sintió toda la fuerza de su pito inundándole el ojal sin condón. El cabrón no paró de penetrarlo con esa polla desnuda tan larga, gruesa y tatuada. ¿Cuántos días llevaba el paciente ingresado sin poder tocársela? Medio mes por lo menos. Lev se estaba llevando toda esa rabia contenida y al tio le importaba un par de cojones que su culo fuera virgen o que estuviera super apretado. Se la metía a pollazos pensando sólo en el gusto que sentía.

Parece que se le había olvidado que un loco se lo estaba follando. Tuvo que volver a la realidad cuando notó algo extraño dentro del culo. Creyó que el tio le había preñado, pero no, el cabrón se estaba meando dentro de él. Cuando sacó la polla que taponaba su agujero, un chorrazo del color de la cerveza salió a presión de su virginal ojete. Y con el meado encima, Bo volvió a penetrarle a fondo.

Lev se tumbó bocarriba sobre la cama de sábanas verdes. Estaba caliente, olía a su cuerpo. Bo siguió follándoselo hasta que le vino el gustillo. Tras unos sonoros gemidos, le sacó la polla del culo y soltó toda la carga de varios días que llevaba acumulada en los huevos. El semen brotaba de su cipote como una fuente recién encendida.

Un chorrazo de lefa salió de su polla como si estuviera meando. Mojó las pelotas y el rabo de Lev, que descansaba desnudito frente a él. Recién corrido, volvió a inundarle el agujero con el rabo. Lev se agarró su propia pija con toda esa leche caliente encima. Ese cabrón le había dejado buen material para hacerse paja. El auxiliar se corrió encima, sintiendo cómo Bo le desgarraba el ano con su enorme polla. Tenía que ir acostumbrándose, porque eso era lo que iba a hacer cada noche durante los siguientes días.

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