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El uruguayo Will Schokolade se come los pollones de dos camioneros que le dejan el culo y la boca lefados | Latin Leche

Una de las hazañas de las que el cazador de latin leche se siente más orgulloso es la de descubrir a muchos chicos lo que se están perdiendo si no practican sexo con otros hombres. El guapísimo y atractivo uruguayo que regresa a su apartamento ha captado de puta madre el mensaje: entre hombres no hay reglas, no hay tabúes ni problemas y se puede dar más duro.

Desde que regresó a la capital, confiesa que no ha dejado de comerse pijas y hacer de todo entre chicos. Pues hoy le han preparado un festín especial de rabos heteros, porque a dos amigos conductores de camión del cámara casados y con hijos que hacían una paradita por Buenos Aires, les gusta que un maromo les coma la polla.

Sentadito en la silla, un hombretón a cada lado, uno con pantalones de chándal y el otro con vaqueros. Después de tantas horas de viaje tienen que tener la huevera bien sudada y deben estar calientes deseando follarse un agujero, el que sea. El uruguayo palpa los paquetes y se recrea antes de sacarles las pijas. Le mola sentir la dureza de los rabos duros bajo la tela.

Cremallera abajo y botón por una parte, a uno le deja sacándose la verga y goma abajo por otra, descubre un mega pollón gordo con un cipote tan irresistible que, nada más verlo rebotar, necesita metérselo dentro de la boca. Le mete una succión con los labios que flipas, hasta dejársela un tercio más grade y más dura de lo que salió por los pantalones, pero tiene otra esperando.

Con mucha pena la suelta y se fuma la otra pipa, algo más delgada, que le permite practicar todo lo que ha aprendido hasta ahora, entre otras cosas garganta profunda. Con la otra que es demasiado gorda no puede, aunque lo intenta y casi lo consigue, pero esta sí se la mete más allá de la campanilla. Chupa una y otra, cada vez con más ansias y cuando tiene una en la boca, la otra ya le está reclamando su parte.

Lo siguiente no entraba en el presupuesto, pero sale por iniciativa propia del uruguayo que, a sabiendas de que esos dos camioneros pollones deben llevar unos cuantos días a pan y agua, se pone como puede a cuatro patas sobre la silla para que uno le dé por el culo y el otro le dé de comer rabo por la boca.

El machote de los vaqueros es el primero en metérsela bien dura por el ano, toda a pelo sin condón. Le castiga a pollazos con una buena paliza de sus colgantes pelotas. Los dos andan sobrados de cojones y con buenos miembros, deben tener a sus respectivas mujeres contentas, qué cabronas, anda que no saben. Pero ahora son todo suyos, rendidos como animales a los encantos de su boca y su culo, deseando meterla por un agujero.

Empieza a hacer calor en el cuarto y sus cuerpos arden. El camionero de los vaqueros ahora le está dando pija para mamar. Se pajea delante de la cara del uruguayo y le suelta un buen lechal blanco que le deja bañadita de semen la lengua, los labios y el bigote. El deportista que está detrás dándole por culo se ha contagiado al ver salir la lefa de su compi y avisa de que se va a correr también.

Suerte que saca la manguera a tiempo, porque un segundo después de retirar el cipote, sale viajando muy lejos un espesito chorrazo de lefa. El uruguayo se pajea en la silla y se descarga los huevos, con el olor de rabos corridos de camionero colgando a cada lado de su cara. Si ya tenía vicio de pollas, para superar esto iba a necesitar un gang bang o un bukkake.

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